16 de Agosto de 2026

20º Ordinario

San Esteban de Hungría (1038)

 

Isaías 56,1.6-7: «A los extranjeros los traeré a mi monte santo»

Salmo 67: «Oh Dios, que todos los pueblos te alaben»

Romanos 11,13-15.29-32: Los dones y la llamada de Dios son irrevocables para Israel»       

Mateo 15,21-28: «Mujer, ¡qué grande es tu fe!»

 

En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón. 

22 Una mujer cananea de la zona salió gritando: ¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí! Mi hija es atormentada por un demonio. 

23 Él no respondió una palabra. Se acercaron los discípulos y le suplicaron: Señor, atiéndela, para que no siga gritando detrás de nosotros. 

24 Él contestó: ¡He sido enviado solamente a las ovejas perdidas de la Casa de Israel! 

25 Pero ella se acercó y se postró ante él diciendo: ¡Señor, ayúdame! 

26 Él respondió: No está bien quitar el pan a los hijos para echárselo a los perritos. 

27 Ella replicó: Es verdad, Señor; pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus dueños. 

28 Entonces Jesús le contestó: Mujer, ¡qué fe tan grande tienes! Que se cumplan tus deseos. Y en aquel momento, su hija quedó sana.

 

 

Comentario 

La Palabra de Dios de este domingo nos invita a celebrar la Eucaristía y a vivirla con un propósito claro: rezar por una de las grandes causas de la humanidad, la convivencia pacífica entre las diferentes religiones. Sabemos que la situación actual no es la mejor. Como dice el papa Francisco, estamos viviendo una “tercera guerra mundial a pedazos”, y lamentablemente, las religiones tienen parte de la culpa en esta tragedia. Sin embargo, solo a través del diálogo entre las religiones podemos alcanzar la paz. 

El profeta Isaías nos ofrece una guía importante: para lograr la paz, debemos defender el derecho y la justicia. Pablo, por su parte, recuerda que el pueblo de Israel tenía la misión de ser fiel a la alianza con Dios, y esa fidelidad es clave para que todas las naciones recuperen la paz que tanto anhelamos. 

Curiosamente, es una mujer cananea, alguien de una religión pagana, quien nos muestra el verdadero camino hacia el diálogo entre religiones. Esta mujer, fiel a sus creencias, acude a Jesús porque entiende que lo primero es defender la vida plena, la salud y el bienestar de quienes sufren. Su ejemplo nos invita a acudir a Jesús, buscando en Él la respuesta a esta necesidad urgente de la humanidad: la paz entre las religiones. 

Jesús, al encontrarse con esta mujer, no solo reconoce su fe, sino que la admira, mostrando que es posible vivir la fe en diálogo con otras religiones. Él nos demuestra que su proyecto, el Reino de Dios, es el camino más seguro hacia la paz y la convivencia entre las distintas creencias. 

El salmo que rezamos en la Eucaristía nos llama a que todos los pueblos alaben al único Dios, que salten de alegría las naciones, y que todas respeten a Dios, haciendo más humana la vida de sus hijos e hijas. Es una invitación directa a orar por esta causa tan importante: la convivencia entre las religiones. Jesús nos muestra que este es el camino a seguir. Y tú, ¿cómo vives la convivencia con otras religiones o iglesias en tu barrio, comunidad, o incluso dentro de tu familia?

 

Pensamiento del día.

“Todos somos dignos de la misericordia de Dios” (Rocío Merino, Inst. Claret Temuco, Chile).