1 de Marzo del 2026

2º de Cuaresma 

Santos Mártires de Sebaste (320)

 

Génesis 12,1-4a: Vocación de Abrahán, padre del pueblo de Dios

Salmo 33: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti

2 Timoteo 1,8b-10: Dios nos llama y nos ilumina

Mateo 17,1-9: Su rostro resplandecía como el sol

 

Seis días más tarde llamó Jesús a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña elevada. 

2 Delante de ellos se transfiguró: su rostro resplandeció como el sol y su ropa se volvió blanca como la luz. 

3 De pronto se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. 

4 Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: Señor, ¡qué bien se está aquí! Si te parece, armaré tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. 

5 Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa les hizo sombra y de la nube salió una voz que decía: Éste es mi Hijo querido, mi predilecto. Escúchenlo. 

6 Al oírlo, los discípulos cayeron boca abajo temblando de mucho miedo. 

7 Jesús se acercó, los tocó y les dijo: ¡Levántense, no tengan miedo! 

8 Cuando levantaron la vista, sólo vieron a Jesús. 

9 Mientras bajaban de la montaña, Jesús les ordenó: No cuenten a nadie lo que han visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.

 

Comentario 

Abraham dejó su tierra, confiado en una promesa grande: obtener una tierra y tener una descendencia que se convertiría en un gran pueblo, y así ser una bendición para toda la humanidad. Este relato no solo trata sobre los compromisos con Abraham, sino que también muestra la identidad del pueblo judío mientras reconstruía su identidad después del exilio. El sueño de Dios no era solo para Abraham, sino para todos sus seguidores, a quienes les ofrece un lugar propio, un futuro prometedor y respeto de todos. Pero, como en la historia de Abraham, también nosotros debemos tener el valor de aventurarnos en lo desconocido, guiados por una fe firme. ¿Cuáles son los sueños de Dios para nosotros hoy? ¿Qué nos detiene de vivir como verdaderos hijos de Dios?

En la segunda carta a Timoteo, que algunos creen que fue escrita más tarde que las cartas originales de Pablo, se nos hace un nuevo llamado a vivir en santidad. En una sociedad llena de incertidumbres, la primera tarea es dar confianza. Se nos dice que Dios ya nos ha elegido para vivir de manera santa. Esta santidad viene de Dios, quien envió a Cristo para nuestra salvación. Aquellos que reconocen a Cristo deben dar testimonio de esto y enfrentar cualquier dificultad, incluso la cárcel y la muerte, como hizo Pablo.

El evangelio nos recuerda esta llamada a la santidad a través de la transfiguración de Jesús. La presencia de Moisés y Elías representa “la ley y los profetas”, es decir, las Escrituras judías. En el monte, Jesús muestra su gloria a tres de sus discípulos. Esta gloria confirma la voz que nos dice que debemos escuchar lo que el Hijo amado comunica y refleja el respeto natural ante lo divino. Este relato también indica que los discípulos deben mantener silencio hasta que ocurran los eventos de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Seguir a Jesús nos pide que reflexionemos sobre su gloria y pensemos profundamente en lo que Dios revela en la Biblia. Es importante meditar en oración para entender lo que dice sobre Cristo y sobre nosotros. Sin un estudio atento y oración, la palabra no nos transformará. ¿Cómo queremos ser cambiados esta Cuaresma?

 

Pensamiento del día.

“Sin importar, donde estemos o a donde vayamos, Dios siempre va a estar con nosotros” (Ariana Arrieta, Colegio Claretiano Lima, Perú).