21 de Junio de 2026

12º Ordinario

San Luis Gonzaga (1591)

 

Jeremías 20,10-13: Libró la vida del pobre de manos de los impíos

Salmo 69: “Que me escuche tu gran bondad, Señor”

Romanos 5,12-15: El don no se puede comprar con la caída»          

Mateo 10:26-33: «No tengan miedo a los que matan el cuerpo»

 

En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: No tengan miedo a los hombres porque no hay nada encubierto que no se descubra, ni escondido que no se divulgue. 

27 Lo que les digo de noche díganlo en pleno día; lo que escuchen al oído grítenlo desde los techos. 

28 No teman a los que matan el cuerpo y no pueden matar el alma; teman más bien al que puede arrojar cuerpo y alma en el infierno. 

29 ¿No se venden dos gorriones por pocas monedas? Sin embargo, ni uno de ellos cae a tierra sin permiso del Padre de ustedes. 

30 En cuanto, a ustedes, hasta los pelos de su cabeza están contados. 

31 Por tanto, no les tengan miedo, que ustedes valen más que muchos gorriones. 

32 Al que me reconozca ante la gente yo lo reconoceré ante mi Padre del cielo. 

33 Pero al que me niegue ante la gente, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo. 

 

Comentario 

El injusto, por más que crea que está logrando algo con sus acciones, en realidad solo alarga la agonía de decisiones que terminan mal. El profeta Jeremías vivió en carne propia el rechazo y la persecución de su pueblo, especialmente de los líderes políticos, sociales, empresariales y religiosos. Todo por ser un defensor del Reino, que busca una vida justa, fraterna y solidaria para todos. Desde joven, luchó para que su gente volviera a Dios y se dejara guiar por su Espíritu, buscando ser más justos. Aunque sufrió mucho, también experimentó la alegría de ver cómo Dios respondía. A veces, el silencio de Dios nos duele, especialmente en nuestra juventud, pero la respuesta siempre llega, aunque tarde. Por eso, las palabras “«no tengan miedo a los hombres, porque no hay nada encubierto que no se descubra, ni escondido que no se divulgue…»” siguen siendo tan actuales.

Debemos tener cuidado y discernir bien que las causas que defendemos hoy, especialmente los jóvenes, realmente sean causas del Reino: vida, amor, justicia… Y no solo una moda social pasajera. Nuestras fuerzas deben venir del Espíritu, que toca el corazón y nos impulsa a unirnos y luchar por lo que da vida, vida en abundancia.

En medio de esta lucha, el Evangelio nos recuerda algo esencial: “En cuanto a ustedes, hasta los pelos de su cabeza están contados”. Es una llamada a confiar en la Providencia Divina, que nos asegura que, aunque enfrentemos persecuciones, Dios nos dará todo lo necesario para construir su Reino.

Finalmente, no debemos olvidar que contamos con la gracia de Aquel que creyó en nosotros cuando estábamos más frágiles y propensos al pecado, como lo dice la Segunda Lectura. Dios apuesta por nosotros, y está seguro de que podemos generar su Reino desde nuestras debilidades y fortalezas.

 

Pensamiento del día.

“Amar es preocuparse por el otro, cuidarlo, ofrecer el propio tiempo y los propios dones a quien lo necesita, arriesgarse para hacer de la vida un regalo que genera ulterior vida” (Papa Francisco a los jóvenes, 2024).