10 de Abril del 2026
En Octava de Pascua
Santos mártires de San Juan de Dios (1936)
Hch 4,1-12: Ningún otro puede salvar
Sal 118: «La piedra desechada es ahora la piedra angular»
Jn 21,1-14: Jesús les repartió pan y pescado
En aquel tiempo, Jesús se apareció de nuevo a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Se apareció así:
2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos.
3 Les dijo Simón Pedro: Voy a pescar. Le responden: Nosotros también vamos. Salieron, y subieron a la barca; pero aquella noche no pescaron nada.
4 Al amanecer Jesús estaba en la playa; pero los discípulos no reconocieron que era Jesús.
5 Les dijo Jesús: Muchachos, ¿tienen algo de comer? Ellos contestaron: No.
6 Les dijo: Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán. Tiraron la red y era tanta la abundancia de peces que no podían arrastrarla.
7 El discípulo amado de Jesús dice a Pedro: Es el Señor. Al oír Pedro que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua.
8 Los demás discípulos se acercaron en el bote, arrastrando la red con los peces, porque no estaban lejos de la orilla, apenas unos cien metros.
9 Cuando saltaron a tierra, vieron unas brasas preparadas y encima pescado y pan.
10 Les dijo Jesús: Traigan algo de lo que acaban de pescar.
11 Pedro subió a la barca y arrastró hasta la playa la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aunque eran tantos, la red no se rompió.
12 Les dijo Jesús: Vengan a comer. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían que era el Señor.
13 Jesús se acercó, tomó pan y se lo repartió e hizo lo mismo con el pescado.
14 Ésta fue la tercera aparición de Jesús, ya resucitado, a sus discípulos.
Comentario
La vida sigue. Los trágicos eventos del asesinato de Jesús y las noticias desconcertantes sobre su aparición no eliminan las preocupaciones diarias. Por eso, este relato de la tercera aparición de Jesús resucitado en las labores cotidianas de sus discípulos es tan significativo. Estas apariciones no ocurren en los espacios sagrados de la religión oficial, como el templo, sino en lugares comunes: los caminos, el hogar, la orilla del lago, donde los pescadores buscan su sustento. El cristianismo primitivo rescata la espiritualidad de los orígenes, donde Dios no se encierra en un templo ni se manipula. Él actúa libremente y se manifiesta donde quiere. Para reconocerlo en la vida diaria, el amor es indispensable; sin amor no podemos decir “es el Señor”. ¿Reconoces a Jesús en tu día a día? ¿Le amas?
Pensamiento del día.
“En momentos de incertidumbre, Jesús se presenta ofreciéndonos su presencia y guiándonos a la plenitud, aun cuando al principio no lo reconozcamos” (Joven del Colegio Claretiano de Trujillo, Perú).