12 de Julio de 2026

14a Semana Ordinario

Santa Azalia Ma. Guérin (1877)
San Luis Martin (1894)

 

Isaías 55,10-11: La lluvia hace germinar la tierra

Salmo 65: La semilla cayó en tierra buena y dio fruto

Romanos 8,18-23: La Creación está aguardando la manifestación de los hijos de Dios»

Mateo 13,1-23: El sembrador salió a sembrar…

 

Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. 

2 Se reunió junto a él una gran multitud, así que él subió a una barca y se sentó, mientras la multitud estaba de pie en la orilla. 

3 Les explicó muchas cosas con parábolas: Salió un sembrador a sembrar. 

4 Al sembrar, unas semillas cayeron junto al camino, vinieron las aves y se las comieron. 

5 Otras cayeron en terreno pedregoso con poca tierra. Al faltarles profundidad brotaron enseguida; 

6pero, al salir el sol se marchitaron, y como no tenían raíces se secaron. 

7 Otras cayeron entre espinos: crecieron los espinos y las ahogaron. 

8 Otras cayeron en tierra fértil y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. 

9 El que tenga oídos que escuche. 

10 Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: ¿Por qué les hablas contando parábolas? 

11 Él les respondió: Porque a ustedes se les ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos, pero a ellos no se les concede. 

12 Al que tiene le darán y le sobrará; al que no tiene le quitarán aun lo que tiene. 

13 Por eso les hablo contando parábolas: porque miran y no ven, escuchan y no oyen ni comprenden. 

14 Se cumple en ellos aquella profecía de Isaías: Por más que escuchen, no comprenderán, por más que miren, no verán. 

15 Se ha endurecido el corazón de este pueblo; se han vuelto duros de oído, se han tapado los ojos. Que sus ojos no vean ni sus oídos oigan, ni su corazón entienda, ni se conviertan para que yo los sane. 

16 Dichosos en cambio los ojos de ustedes porque ven y sus oídos porque oyen. 

17 Les aseguro que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron, y escuchar lo que ustedes escuchan, y no lo escucharon. 

18 Escuchen entonces la explicación de la Parábola del Sembrador. 

19 Si uno escucha la palabra del Reino y no la entiende, viene el Maligno y le arrebata lo sembrado en su corazón; ése es como lo sembrado junto al camino. 

20 Lo sembrado en terreno pedregoso es el que escucha la Palabra y la recibe enseguida con gozo, 

21 pero no tiene raíz y es inconstante. Llega la tribulación o persecución por causa de la Palabra e inmediatamente falla. 

22 Lo sembrado entre espinas es el que escucha la Palabra pero las preocupaciones mundanas y la seducción de la riqueza la ahogan y no da fruto. 

23 Lo sembrado en tierra fértil es el que escucha la Palabra y la entiende. Ése da fruto: cien o sesenta o treinta.

 

Comentario 

¡Qué hermosa comparación nos ofrece el profeta Isaías sobre el fruto que se genera al predicar la Palabra! Sin embargo, surge la pregunta: ¿qué debemos hacer para que esa Palabra no vuelva a Dios vacía, sino llena de frutos de vida para todos? Para empezar, debemos reflexionar sobre lo que significa predicar “proféticamente”. En el Antiguo Testamento, el profeta tiene una doble misión: anunciar y denunciar. Anunciar lo que es de Dios, potenciando todo lo que construye vida en nuestra sociedad, y denunciar aquello que atenta contra la vida y el Proyecto del Reino de Dios. Por eso, encontramos discursos muy duros, especialmente contra las clases política, empresarial y religiosa de Israel, que históricamente han manipulado el mensaje de Dios a su favor, algo que sigue ocurriendo hoy en todo el mundo.

Este es un criterio clave para discernir si estamos predicando de forma profética o simplemente “replicando” lo que otros han dicho, sin obtener los frutos máximos de vida, justicia y fraternidad. La Palabra trabaja misteriosamente, y va moviendo corazones a la conversión, según se abren a ella. Pero si nuestra predicación no “pone el dedo en la llaga”, tanto a nivel personal como social, es probable que no saquemos el mayor provecho. Como se dice, “todo empieza en casa”, pero los cristianos debemos llevar ese mensaje a todos los ámbitos. ¡Qué hermoso reto!

La gloria que se nos revelará, y a la que estamos llamados a vivir, es una experiencia del “ya, pero todavía no”, como dicen algunos teólogos. Es decir, ya podemos vivirla en cuanto todo lo que somos y hacemos promueve una realización humana profunda, en comunión con la propuesta de Dios. Pero la experiencia completa llega al final del camino. Pedro Casaldáliga, obispo de Brasil, decía: “Al final de mis días, cuando me evalúen en el amor, yo frente a Dios abriré mi corazón lleno de nombres”. En ese “ya, pero todavía no”, es importante ir sumando nombres (personas) a nuestro corazón, personas que hemos amado y seguimos amando, luchando con y por ellas. Es una experiencia poderosa que nos impulsa a dar lo mejor de nosotros en la construcción de un mundo más acorde con los sueños de Dios.

 

 

Pensamiento del día.

“Sigan superando la apatía y ofreciendo una respuesta cristiana a las inquietudes sociales y políticas que se van planteando en diversas partes del mundo” (ChV 174).