26 de Julio de 2026

17º Ordinario

Santos Joaquín y Ana (s. I)

 

1 Reyes 3,5.7-12: «Pediste discernimiento»

Salmo 119: «¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!»

Romanos 8,28-30: «Nos predestinó a ser imagen de su Hijo»       

Mateo 13,44-52: «Vende todo lo que tiene y compra el campo»

 

El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo: lo descubre un hombre, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, vende todas sus posesiones para comprar aquel campo. 

45 El Reino de los cielos se parece a un comerciante de perlas finas: 

46 al descubrir una de gran valor, va, vende todas sus posesiones y la compra.

47 El Reino de los cielos se parece a una red echada al mar, que atrapa peces de toda especie. 

48 Cuando se llena, los pescadores la sacan a la orilla, y sentándose, reúnen los buenos en cestas y los que no valen los tiran. 

49 Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de los buenos 

50 y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el crujir de dientes. 

51 ¿Lo han entendido todo? Le responden que sí, 

52 y él les dijo: Pues bien, un letrado que se ha hecho discípulo del Reino de los cielos se parece al dueño de una casa que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas.

 

Comentario 

La Palabra de Dios de este domingo nos invita a convertirnos en buscadores de la sabiduría divina, rastreadores de su presencia en medio del mundo. Es una invitación a ser peregrinos, personas que andan por la vida con la esperanza de encontrarle un sentido. Es la misma invitación que nos hace Jesús en el sermón de la montaña, cuando nos dice: “Busquen primero el reinado de Dios y su justicia” (Mt 6,33). Jesús es el camino que nos lleva a encontrar esa sabiduría.

El salmo de hoy también nos anima en esta búsqueda: “Dichosos los que buscan la voluntad de Dios de todo corazón” (Sal 119,2). ¡Qué bendición es poder vivir con ese propósito! Por su parte, San Pablo nos recuerda en su carta a los Romanos que esta búsqueda tiene un objetivo claro: parecernos cada vez más al Hijo de Dios (Rom 8,29). Jesús es la sabiduría de Dios hecha carne, hecha vida. Sus palabras, su evangelio, son nuestro manual de vida. Sus enseñanzas nos guían hacia la vida eterna.

Esta sabiduría está escondida en la historia, como un tesoro oculto que vale la pena encontrar. Jesús, al hablar de venderlo todo para obtener ese tesoro, usa un lenguaje fuerte y claro para que entendamos lo valiosa que es la sabiduría de Dios. Nada en esta vida merece tanto la pena como buscar y encontrar ese tesoro.

Hoy en día hemos avanzado mucho en conocimientos científicos, y hasta hemos creado herramientas para generar más saber, como la inteligencia artificial. Pero todo eso debe estar acompañado de la sabiduría que nos da el evangelio, de lo contrario, los riesgos son grandes. Seremos verdaderamente felices si nuestras vidas se alimentan de esa sabiduría superior, de ese código de las Bienaventuranzas. Seremos felices si logramos vivir como Jesús nos enseñó, en comunión amorosa con el Resucitado, que nos introduce en la comunidad de vida de la Santísima Trinidad.

Por último, es bueno recordar la importancia de orar, como lo hacía Jesús por las noches, siempre buscando la voluntad de su Padre. La tarea que nos queda es rescatar los tesoros nuevos y viejos de nuestra tradición, como la vida de tantos santos y profetas, e incluso de nuestros familiares más cercanos, que vivieron sabiamente y hoy brillan para siempre. ¿Cómo vives tú esta búsqueda de la sabiduría? ¿Quiénes te inspiran en este camino?

 

Pensamiento del día.

“¿Qué serías capaz de hacer para alcanzar lo que anhela tu corazón? Y en esos deseos, ¿qué lugar ocupa el Reino de Dios?” (Rosario Schol, Colegio Fátima Montevideo, Uruguay).