27 de Enero del 2026
3a Semana Ordinario
Santa Ángela Mérici (1540)
2Sm 6,12b-15.17-19: Iban llevando el Arca del Señor entre vítores
Sal 24: «¿Quién es ese Rey de la Gloria? Es el Señor en persona»
Mc 3,31-35: «El que cumple la voluntad de Dios es mi hermano, hermana y mi madre»
En aquel tiempo, llegaron su madre y sus hermanos de Jesús, se detuvieron fuera y lo mandaron llamar.
32 La gente estaba sentada en torno a él y le dijeron: Mira, tu madre y tus hermanos y hermanas están fuera y te buscan.
33 Él les respondió: ¿Quién es mi madre y mis hermanos?
34 Y mirando a los que estaban sentados en círculo alrededor de él, dijo: Miren, éstos son mi madre y mis hermanos.
35 Porque el que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.
Comentario
En este relato, vemos a Jesús enseñando en público, rodeado por una multitud. En ese momento, su familia llega, preocupada por Él, pues se dice que está fuera de sí por la forma en que enseña y lo que dice. Es interesante cómo Jesús, al mirar a su alrededor, pregunta: “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?”. En la tradición judía, la familia era una institución fuerte, basada en lazos de sangre. Pero Jesús aprovecha esta ocasión para ampliar el concepto de familia. Ya no es solo una cuestión de sangre, sino de Espíritu. A partir de Jesús, nace una familia más amplia y fuerte, unida por el cumplimiento de la voluntad de Dios. Así, todos somos hijos de un mismo Padre. Para conocer la voluntad de Dios sobre nuestras vidas, necesitamos discernimiento y oración, dos prácticas que debemos desarrollar a lo largo del camino. Esta es la familia espiritual que Jesús propone: una comunidad unida no por la sangre, sino por el deseo de hacer la voluntad del Padre en todo momento.
Pensamiento del día.
“No podemos guardar la esperanza cristiana sólo para nosotros mismos, como un bonito sentimiento, porque está destinada a todos” (Papa Francisco a los jóvenes, 2023).