25 de Mayo del 2026

8a Semana Ordinario

Santa María Magdalena de Pazzi (1607)

San Gregorio VII (1085)

 

1Pe 1,3-9: No han visto a Jesucristo, y lo aman

Sal 111: «El Señor recuerda siempre su alianza»           

Mc 10,17-27: «Vende lo que tienes y sígueme»

 

En aquel tiempo, cuando Jesús se puso en camino, llegó uno corriendo, se arrodilló ante él y le preguntó: Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar vida eterna? 

18 Jesús le respondió: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno fuera de Dios. 

19 Conoces los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no jurarás en falso, no defraudarás; honra a tu padre y a tu madre. 

20 Él le contestó: Maestro, todo eso lo he cumplido desde la adolescencia. 

21 Jesús lo miró con cariño y le dijo: Una cosa te falta: ve, vende cuanto tienes y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; después sígueme. 

22 Ante estas palabras, se llenó de pena y se marchó triste; porque era muy rico. 

23 Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: Difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas. 

24 Los discípulos se asombraron de lo que decía. Pero Jesús insistió: ¡Qué difícil es entrar en el reino de Dios! 

25 Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el reino de Dios. 

26 Ellos, llenos de asombro y temor, se decían: Entonces, ¿quién puede salvarse? 

27 Jesús los quedó mirando y les dijo: Para los hombres es imposible, pero no para Dios; porque para Dios todo es posible.

 

Comentario 

La cuestión en este Evangelio no se trata solo de las riquezas. Jesús no está en contra de quienes obtienen su riqueza de manera honesta, pero sí se opone cuando proviene de la injusticia y la opresión. El verdadero tema es el corazón. El joven que se acerca a Jesús cumple con sus deberes religiosos, pero le falta una cosa: hacer de Dios el Absoluto de su vida y vivir sus relaciones desde ahí. A menudo, cumplimos con nuestras prácticas religiosas pensando que eso garantiza la salvación, pero no logramos poner a Dios en el centro absoluto de nuestra existencia. Esto afecta nuestra relación con el dinero, el poder, y las posesiones, así como nuestras relaciones interpersonales, que no siempre están marcadas por el amor, la fraternidad, la justicia y la paz. ¿Dónde está atado mi corazón que no me permite hacer de Dios el Absoluto y, así, vivir en plenitud?

 

Pensamiento del día.

“No encierren su vida en una caja fuerte, pensando que es mejor no hacer ningún esfuerzo porque no ha llegado aún el momento de gastarla” (Papa Francisco a los jóvenes, 2022).