9 de Agosto de 2026

19º Ordinario

Santa Candida María de Jesús (1912)
Santa Teresa Benedicta de la Cruz (1492))

 

1 Reyes 19,9a.11-13a: «Ponte de pie en el monte ante el Señor»

Salmo 85: «Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación»

Romanos 9,1-5: «Quisiera ser un proscrito por el bien de mis hermanos»»       

Mateo 14,22-33: «Mándame ir hacia ti andando sobre el agua»

 

Después que sació a la gente, Jesús mandó a los discípulos embarcarse y pasar antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. 

23 Después de despedirla, subió él solo a la montaña a orar. Al anochecer, todavía estaba allí, solo. 

24 La barca se encontraba a buena distancia de la costa, sacudida por las olas, porque tenía viento contrario. 

25 Ya muy entrada la noche Jesús se acercó a ellos caminando sobre el lago. 

26 Al verlo caminar sobre el lago, los discípulos comenzaron a temblar y dijeron: ¡Es un fantasma! Y gritaban de miedo. 

27 Pero Jesús les dijo: ¡Ánimo! Soy yo, no teman. 

28 Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame ir por el agua hasta ti. 

29 Ven, le dijo. Pedro saltó de la barca y comenzó a caminar por el agua acercándose a Jesús; 

30 pero, al sentir el fuerte viento, tuvo miedo; entonces empezó a hundirse y gritó: ¡Señor, sálvame! 

31 Al momento Jesús extendió la mano, lo sostuvo y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? 

32 Cuando subieron a la barca, el viento amainó. 

33 Los de la barca se postraron ante él diciendo: Ciertamente eres Hijo de Dios.

 

Comentario 

Después del milagro de la comida multitudinaria, Jesús se retiró solo a la montaña para dar gracias a Dios por este gesto de ternura divina que no solo sació el hambre de la gente, sino que también inspiró la visión de un mundo basado en el compartir. En la montaña, Jesús oró para suplicar a Dios, su Padre, en favor de los discípulos, quienes estaban siendo enviados a nuevas misiones evangelizadoras. Su tarea era repetir el acto de compartir con otros pueblos que, al igual que aquellos, estaban hambrientos tanto de comida como de fraternidad.

Jesús envía a los discípulos a navegar en una barca entre aguas caudalosas, que simbolizan los desafíos y peligros que enfrentamos en la vida. Les da una orden que también se dirige a nosotros: caminar sobre aguas turbulentas con fe, no con miedo. La orden es clara: “¡VEN, camina!” No debemos dudar como Pedro, sino aferrarnos a Jesús. Jesús nos invita a caminar como el profeta Elías, quien se enfrentó a la idolatría y encontró a Dios en el monte, el mismo lugar donde Moisés lo encontró. Elías luchó contra las idolatrías que perjudicaban a la comunidad.

De manera similar, Pablo, al ver que Jesús era un desconocido para su propio pueblo, estaba dispuesto a navegar por las turbulentas aguas de esta experiencia dolorosa, incluso convirtiéndose en proscrito, con tal de que su pueblo reconociera a Jesús como el Mesías. Esta disposición a enfrentar dificultades por la causa del Reino es un ejemplo para nosotros.

Estamos llamados, al igual que Elías, Pablo y los discípulos, a caminar sobre las aguas agitadas de los acontecimientos actuales del mundo. Esta invitación implica una vida de oración y confianza en Jesús, al igual que Pedro: “Señor, si eres Tú, mándame ir a ti”. Al final de nuestro itinerario de fe, debemos repetir con los discípulos: “Ciertamente eres el Hijo de Dios”. 

La pregunta para nosotros es: ¿A cuáles otras orillas y temáticas existenciales y sociales de nuestra historia actual nos está llamando Jesús? ¿Estamos dispuestos a asumir estos desafíos en el nombre del Señor Jesús?

 

Pensamiento del día.

“Estamos llamados a confiar en Dios a pesar las tormentas y dificultades de la vida” (Rocío Sagredo, Inst. Claret Temuco, Chile).