10 de Enero del 2026

Después de Epifanía   

Santa Ana de los Ángeles Monteagudo (1686)

 

1Jn 5,14-21: Dios nos escucha en lo que le pedimos

Sal 149: El Señor ama a su pueblo   

Jn 3,22-30: El amigo del esposo se alegra con la voz del esposo

Jesús fue con sus discípulos a Judea; allí se quedó con ellos y se puso a bautizar. 

23 También Juan bautizaba, en Ainón, cerca de Salín, donde había agua abundante. La gente acudía y se bautizaba. 

24 Todavía no habían metido a Juan en la cárcel. 

25 Surgió una discusión de los discípulos de Juan con un judío a propósito de las purificaciones. 

26 Buscaron a Juan y le dijeron: Maestro, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, del que diste testimonio, está bautizando, y todo el mundo acude a él. 

27 Respondió Juan: No puede un hombre recibir nada si no se lo concede del cielo. 

28 Ustedes son testigos de que dije: Yo no soy el Mesías, sino que me han enviado por delante de él. 

29 Quien se lleva a la novia es el novio. El amigo del novio que está escuchando se alegra de oír la voz del novio. Por eso mi gozo es perfecto. 

30 Él debe crecer y yo disminuir.

 

Comentario 

Este pasaje nos muestra la humildad y alegría de Juan el Bautista al reconocer a Jesús como el verdadero Mesías. A pesar de que algunos tratan de sembrar rivalidad, Juan aclara su misión: ser “el amigo del novio” que celebra la llegada del esposo. En una sociedad que valora la competencia y el protagonismo, Juan nos enseña que la grandeza está en saber ocupar nuestro lugar. Él entiende que su propósito es preparar el camino y, luego, hacerse a un lado para que Cristo brille. Su frase “Él debe crecer y yo disminuir” nos invita a preguntarnos si estamos dispuestos a poner a Jesús en el centro de nuestras vidas. Así como Juan encuentra alegría en su papel, también nosotros podemos descubrir una alegría profunda al dejar que Jesús sea el protagonista en nuestras decisiones y acciones diarias. Nos invita a reflexionar si alguna vez hemos sentido celos de otros por sus talentos o carismas. Recordemos que todo lo bueno viene de una misma fuente: del cielo. 

Pensamiento del día.

“Ustedes pueden aportarle a la Iglesia la belleza de la juventud cuando estimulan la capacidad de alegrarse con lo que comienza, de darse sin recompensa, de renovarse y de partir de nuevo para nuevas conquistas” (ChV 37).