1 de Noviembre de 2026

31a Semana Ordinario

Todos los Santos

 

Ap 7,2-4.9-14: «Vi una muchedumbre inmensa»

Sal 24: «Éstos son los que buscan al Señor»

1Jn 3,1-3: Veremos a Dios tal cual es»

Mt 5,1-12a: «Estén alegres; su recompensa será grande»

 

En aquel tiempo, al ver a la multitud, Jesús subió al monte. Se sentó y se le acercaron los discípulos. 

2 Tomó la palabra y comenzó a enseñarles del siguiente modo: 

3 «Felices los pobres de corazón, porque el reino de los cielos les pertenece. 

4 Felices los afligidos, porque serán consolados. 

5 Felices los desposeídos, porque heredarán la tierra. 

6 Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. 

7Felices los misericordiosos, porque serán tratados con misericordia. 

8 Felices los limpios de corazón, porque verán a Dios. 

9 Felices los que trabajan por la paz, porque se llamarán hijos de Dios. 

10 Felices los perseguidos por causa del bien, porque el reino de los cielos les pertenece. 

11 Felices ustedes cuando los injurien y los persigan y los calumnien falsamente de todo por mi causa. 

12a Alégrense y pónganse contentos porque el premio que les espera en el cielo es abundante».

 

Comentario 

Para los primeros cristianos, celebrar a todos los santos era una forma de recordar y mantener presentes a los cristianos fallecidos, a quienes llamaban “santos”. En la Edad Media, se hizo una separación entre los cristianos ejemplares y los demás difuntos. Esto reflejaba la mentalidad de la época, que hablaba de tres realidades en la Iglesia: la triunfante, formada por los santos; la purgante, los cristianos en proceso de purificación; y la militante, los que aún peregrinan en este mundo.

El libro del Apocalipsis, en la primera lectura de hoy, nos invita a reflexionar sobre los salvados, redimidos por la sangre de Cristo. El texto describe “una muchedumbre inmensa, que nadie podía contar, de toda raza, pueblo y lengua”. Es una visión que destaca la universalidad de la salvación.

La segunda lectura pone el énfasis en el amor de Dios, que nos llama sus hijos a través de Jesucristo. Habla de un presente y un futuro: lo que somos ahora y lo que llegaremos a ser. Mientras tanto, nos invita a mantener nuestra esperanza en Cristo.

El Evangelio presenta las bienaventuranzas como el criterio final que define al cristiano. Jesús propone un camino radical: optar por los pobres, los afligidos, los que buscan justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz y los perseguidos por el bien. Para los primeros cristianos, estas personas eran prioridad en sus acciones pastorales.

Hoy, como Iglesia militante, debemos preguntarnos si vivimos estas opciones. ¿Qué lugar ocupan en nuestras pastorales quienes encarnan estas realidades? ¿Estamos siendo fieles al mensaje de Jesús?

Al final, Dios nos juzgará por cuánto hemos amado. Ahora es el momento de purificar nuestras intenciones y gestos de amor, para que nuestro amor refleje el de Jesús. Él vivió una opción radical y auténtica, siendo un signo perfecto del amor del Padre.

 

Pensamiento del día.

“Las bienaventuranzas nos enseñan que la felicidad no se encuentra en lo que el mundo valora, sino en la humildad, la misericordia y el corazón puro” (Inst. Corazón de María de Chascomús, Argentina).