3 de Agosto de 2026

18a Semana Ordinario

San Pedro de Anagni (1105)

 

Jer 28,1-17: «Ananías, el Señor te ha enviado»

Sal 119: «Instrúyeme, Señor, en tus leyes»»       

Mt 14,22-36: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?»

 

Mandó Jesús a los discípulos embarcarse y pasar antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. 

23 Después de despedirla, subió él solo a la montaña a orar. Al anochecer, todavía estaba allí, solo. 

24 La barca se encontraba a buena distancia de la costa, sacudida por las olas, porque tenía viento contrario. 

25 Ya muy entrada la noche Jesús se acercó a ellos caminando sobre el lago. 

26 Al verlo caminar sobre el lago, los discípulos comenzaron a temblar y dijeron: ¡Es un fantasma! Y gritaban de miedo. 

27 Pero Jesús les dijo: ¡Ánimo! Soy yo, no teman. 

28 Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame ir por el agua hasta ti. 

29 Ven, le dijo Jesús. Pedro saltó de la barca y comenzó a caminar por el agua acercándose a Jesús; 

30 pero, al sentir el fuerte viento, tuvo miedo; entonces empezó a hundirse y gritó: ¡Señor, sálvame! 

31 Al momento Jesús extendió la mano, lo sostuvo y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? 

32 Cuando subieron a la barca, el viento amainó. 

33 Los de la barca se postraron ante él diciendo: Ciertamente eres Hijo de Dios. 

34 Terminaron la travesía y atracaron en Genesaret. 

35 Los hombres del lugar lo supieron y difundieron la noticia por toda la región. Le llevaron todos los enfermos 

36 y le rogaban que les permitiese nada más rozar el borde de su manto, y los que lo tocaban quedaban sanos.

 

Comentario 

El evangelio de hoy continúa con el relato del martirio de Juan Bautista y el aviso que los discípulos dieron a Jesús para que se ocultara. A pesar de esto, la gente lo encontró, y Jesús, lleno de compasión, realizó el gran signo del Reino: la multiplicación de los panes. Luego, se retira solo a la montaña para orar, mientras envía a sus discípulos a navegar. La barca, símbolo de la Iglesia, es sacudida por las olas. Jesús, como un nuevo Moisés, se acerca caminando sobre el agua. Los discípulos, llenos de miedo, lo confunden con un fantasma, olvidando el milagro anterior. Pedro, líder del grupo, le pide caminar sobre las aguas, pero su fe vacila y empieza a hundirse. Necesita a Jesús para salvarse. Al final, se da una confesión de fe en Jesús como Hijo de Dios. Terminan su travesía encontrándose con el pueblo enfermo, y Jesús los sana, mostrando la misión de la Iglesia: sanar y acompañar a los náufragos del mundo. Oremos para que la Iglesia arriesgue y navegue donde la gente sufre.

Pensamiento del día.

“Aunque dudemos del Señor, Él igualmente nos ayudará” (Valentina Huaiquilaf, Inst. Claret Temuco, Chile).