16 de Marzo del 2026

4ª Semana de Cuaresma 

San José Gabriel del Rosario Brochero (1914)

 

Is 65,17-21: Ya no se oirán gemidos ni llantos

Sal 30: «Te ensalzaré, Señor, porque me has librado»

Jn 4,43-54: «Anda, tu hijo está sano»

 

En aquel tiempo, pasados dos días, Jesús se trasladó de Samaría a Galilea. 

44 Jesús mismo había declarado que un profeta no recibe honores en su patria. 

45 Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien porque habían visto todo lo que hizo en Jerusalén durante las fiestas; ya que también ellos habían estado allá. 

46 Fue de nuevo a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaún. 

47 Al oír que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a visitarlo y le suplicaba que bajase a sanar a su hijo moribundo. 

48 Jesús le dijo: Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen. 

49 Le dice el funcionario real: Señor, baja antes de que muera mi muchacho. 

50 Jesús le dice: Regresa tranquilo, que tu hijo sigue vivo. El hombre creyó lo que le decía Jesús y se puso en camino. 

51 Iba ya bajando, cuando sus sirvientes le salieron al encuentro para anunciarle que su muchacho estaba sano. 

52 Les preguntó a qué hora se había puesto bien, y le dijeron que el día anterior a la una se le había pasado la fiebre. 

53 Comprobó el padre que era la hora en que Jesús le había dicho que su hijo seguía vivo. Y creyó en él con toda su familia. 

54 Ésta fue la segunda señal que hizo Jesús cuando se trasladó de Judea a Galilea

 

Comentario 

El valor de un profeta está en su credibilidad. A un profeta se le respeta prestando atención a lo que dice y actuando conforme a ello. En el evangelio de Juan, Jesús aparece más como un judío que como un galileo; es un forastero que gana la fe de los peregrinos galileos que fueron al templo, y también la del funcionario de Cafarnaúm, quien no había visto los milagros en Jerusalén, donde los judíos rechazaron a Jesús. Este funcionario es de los pocos que «creen sin haber visto» y obtiene la sanidad de su hijo. ¿Tenía otras opciones? Quizás. Pero decidió confiar en ese profeta desconocido y no insistió en que lo acompañara para sanar a su hijo. Aprendemos de este oficial a poner nuestras preocupaciones en manos del Señor y mantener una actitud positiva, incluso cuando la angustia nos invade. El Señor actúa a nuestro favor, aunque no siempre lo entendamos. ¿En quién ponemos nuestra confianza?

 

 

Pensamiento del día.

“Podemos reconocer la fortaleza de confiar en nuestra fe, entendiendo que el acto de creer es el primer paso para transformar una realidad a veces agobiante” (Israel Gutiérrez, Colegio Claretiano Lima, Perú).