26 de Abril del 2026
4º de Pascua
Rafael Arnaiz (1936)
Hechos 2, 14a.36-41: Dios lo ha constituido Señor y Mesías
Salmo 23: «El Señor es mi pastor, nada me falta»
1 Pedro 2,20b-25: «Han vuelto al pastor de sus vidas»
Juan 10,1-10: «Yo soy la puerta de las ovejas»
Les aseguro: el que no entra por la puerta al corral de las ovejas, sino saltando por otra parte, es un ladrón y asaltante.
2 El que entra por la puerta es el pastor del rebaño.
3 El cuidador le abre, las ovejas oyen su voz, él llama a las suyas por su nombre y las saca.
4 Cuando ha sacado a todas las suyas, camina delante de ellas y ellas le siguen; porque reconocen su voz.
5 A un extraño no lo siguen, sino que escapan de él, porque no reconocen la voz de los extraños.
6 Ésta es la parábola que Jesús les propuso, pero ellos no entendieron a qué se refería.
7 Entonces, les habló otra vez: Les aseguro que yo soy la puerta del rebaño.
8 Todos los que vinieron antes de mí eran ladrones y asaltantes; pero las ovejas no los escucharon.
9 Yo soy la puerta: quien entra por mí se salvará; podrá entrar y salir y encontrar pastos.
10 El ladrón no viene más que a robar, matar y destrozar. Yo vine para que tengan vida, y la tengan en abundancia.
Comentario
Según el relato de los Hechos, la gracia de la resurrección, vivida por los discípulos, se transformó en misión: anunciar a Jesús crucificado, quien es también el Resucitado, el Cristo de la fe. Este Jesús histórico, proclamado como Señor y Mesías, nos invita a una vida de paz y reconciliación. Aceptar este mensaje es comprometerse a luchar contra el mal y la injusticia en el mundo. La resurrección no solo nos libera, sino que también nos envía a una misión transformadora, llamándonos a la conversión, al bautismo y a recibir el don del Espíritu Santo para vivir en fidelidad esta nueva vida.
La carta de Pedro nos recuerda que seguir a Jesús implica una fidelidad radical al Reino de Dios, lo que a veces trae consigo sufrimiento, incomprensión, persecución e incluso la muerte. Aunque no buscamos el sufrimiento, lo aceptamos como resultado de nuestra coherencia con los valores del Evangelio. Jesús, quien padeció sin recurrir a la violencia, nos muestra cómo vivir en la voluntad de Dios aun en medio de la adversidad. Sus cicatrices nos sanan y nos dan fuerza para seguir adelante. Al regresar al Pastor de nuestras vidas, asumimos un compromiso con la justicia y la paz, aunque eso implique sacrificios.
Jesús, al denunciar a los falsos pastores, también nos enfrenta a realidades que desafían hoy a la Iglesia y la sociedad: el clericalismo, el machismo, el patriarcado, los abusos sexuales y de poder, así como los abusos económicos. Estas son formas modernas de los "ladrones y asaltantes" que no entran por la puerta, sino que buscan aprovecharse del rebaño, causando daño y destrucción. En contraste, el pastoreo que Jesús propone es cercano y cuidadoso, donde las ovejas son conocidas y amadas. Nos invita a rechazar cualquier forma de liderazgo que perpetúe el abuso o la explotación. En lugar de un liderazgo que somete, Jesús nos llama a uno que dignifica y construye relaciones basadas en la empatía, la justicia y el respeto.
En un tiempo en el que estos escándalos han herido profundamente a la Iglesia y minado la confianza del pueblo, es esencial asumir la responsabilidad de transformar nuestro liderazgo y pastoreo, para que proteja y nutra verdaderamente a cada persona.
¿Cómo podemos, siguiendo el ejemplo de Jesús, erradicar todas las formas de abuso en nuestras comunidades y crear un liderazgo que promueva la vida en abundancia?
Pensamiento del día.
“Jesús, como el camino hacia la vida plena, nos invita a escuchar su voz y a seguirlo, alejándonos de las falsas promesas que sólo buscan robarnos la paz y la alegría” (Joven del Colegio Claretiano de Trujillo, Perú).