5 de Abril del 2026
DOMINGO DE RESURRECCIÓN
Hechos 10,34a.37-43: «Hemos comido y bebido con Él»
Salmo 118: «Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo»
Colosenses 3,1-4: «Busquen los bienes de arriba»
Juan 20, 1-9 «Entró también el otro discípulo… vio y creyó»
1 El primer día de la semana, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena va al sepulcro y observa que la piedra está retirada del sepulcro.
2 Llega corriendo a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, el que era muy amigo de Jesús, y les dice: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.
3 Salió Pedro con el otro discípulo y se dirigieron al sepulcro.
4 Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corría más que Pedro y llegó primero al sepulcro.
5 Inclinándose vio las sábanas en el suelo, pero no entró.
6 Después llegó Simón Pedro, que le seguía y entró en el sepulcro. Observó las sábanas en el suelo
7 y el sudario que le había envuelto la cabeza no en el suelo con las sábanas, sino enrollado en lugar aparte.
8 Entonces entró el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
9 Todavía no habían entendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.
Comentario
Pedro nos presenta el anuncio central de nuestra fe: Jesús, quien pasó haciendo el bien y sanando a los oprimidos, fue crucificado, pero ha resucitado. Este mensaje, conocido como “kerygma”, es profético porque denuncia la injusticia de la muerte de Jesús y proclama la buena noticia de su resurrección. Jóvenes y adultos, estamos llamados a ser testigos de esta verdad, a denunciar las injusticias que aún hoy crucifican la vida, y a anunciar con valentía que el Resucitado nos invita a caminar con Él, construyendo un mundo nuevo, lleno de esperanza.
El llamado a “buscar los bienes de arriba” no significa desentendernos de lo que sucede en el presente ni esperar pasivamente lo que vendrá después de la muerte. Al contrario, es una invitación a transformar nuestro presente a la luz de la resurrección de Cristo. Los bienes de arriba no son cosas lejanas, sino valores que debemos vivir aquí y ahora: justicia, paz, amor y verdad. Al encarnar estos valores, construimos el Reino de Dios en la tierra, haciendo visible en nuestro mundo la vida nueva que hemos recibido en Cristo.
María Magdalena se destaca como la primera testigo del sepulcro vacío, lo que subraya su protagonismo y liderazgo en los primeros momentos del anuncio de la Resurrección. Su testimonio no solo moviliza a Pedro y al otro discípulo, sino que resalta la importancia del liderazgo profético y valiente de las mujeres en la Iglesia. Pedro, por su parte, representa un liderazgo más formal e institucional, característico de quienes tienen la responsabilidad de guiar a la comunidad con sabiduría y firmeza.
El otro discípulo simboliza el liderazgo desde el amor, la juventud y la pasión. Este liderazgo, inspirado por un amor profundo, es vital para la constante renovación de la Iglesia. Estos tres niveles de autoridad y discipulado —el testimonio profético de las mujeres, el liderazgo institucional y el fervor juvenil— coexisten y se complementan en la búsqueda y vivencia de Cristo Resucitado. Juntos, nos muestran que la Iglesia necesita de todos, cada uno con sus dones, para anunciar al mundo la vida nueva en Cristo.
¿Cómo podemos integrar el liderazgo profético, institucional y apasionado en nuestra vivencia de la resurrección, denunciando las injusticias de nuestro tiempo y anunciando la esperanza de una vida nueva en Cristo?
Pensamiento del día.
“A veces, caminamos sin darnos cuenta de que Jesús está a nuestro lado; pero en momentos sencillos, como al compartir el pan, nuestros ojos se abren” (Joven del Colegio Claretiano de Trujillo, Perú).