13 de Febrero del 2026

5º Ordinario Ordinario

San Jordán de Sajonia (1237)

 

1Re 11,29-32; 12,19: Se independizó Israel de la casa de David

Sal 81: «Yo soy el Señor Dios tuyo. Escucha mi voz» 

Mc 7,31-37: Hace oír a los sordos y hablar a los mudos

 

En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó de nuevo por Sidón y se dirigió al lago de Galilea atravesando la región de la Decápolis. 

32 Le llevaron un hombre sordo y tartamudo y le suplicaban que impusiera las manos sobre él. 

33 Lo tomó, lo apartó de la gente y, a solas, le metió los dedos en los oídos; después le tocó la lengua con saliva; 

34 levantó la vista al cielo, suspiró y le dijo: Effatá, que significa: ábrete. 

35 Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó el impedimento de la lengua y hablaba normalmente. 

36 Les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más insistía, más lo pregonaban. 

37 Llenos de asombro comentaban: Todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

 

Comentario 

Después de encontrarse con la sirofenicia, Jesús regresa a Galilea, un lugar clave en su misión. Allí se le acerca un hombre sordo y mudo, pero no es él quien pide ser sanado, sino las personas que lo acompañan. Este gesto nos invita a pensar: ¿cuántas veces pedimos a Dios por los demás? Generalmente, nuestras peticiones son para nosotros mismos, pero aquí vemos una comunidad solidaria que se preocupa por su hermano. Jesús no solo cura al hombre, sino que nos enseña que la fe también se vive en comunidad, ayudándonos unos a otros. Hoy podemos reflexionar: ¿He pedido a Dios por alguien más? ¿Cuándo fue la última vez que fui solidario? Recordemos que la fe y la oración compartidas tienen una fuerza especial. Demos gracias a Dios por los gestos de solidaridad que hemos recibido o ofrecido

 

Pensamiento del día.

“A donde nos envía Jesús no hay fronteras, no hay límites: nos envía a todos… hasta las periferias existenciales” (Papa Francisco a los jóvenes, 2013).