30 de Abril del 2026
4ª Semana de Pascua
San José Benito Cottolengo (1842)
San Pio V (1572)
Hch 13,13-25: Un salvador para Israel
Sal 89: «Cantaré eternamente las misericordias del Señor»
Jn 13,16-20: «Quien reciba al que envié, me recibe a mí»
Cuando Jesús acabó de lavar los pies a sus discípulos, les dijo: Les aseguro que el sirviente no es más que su señor, ni el enviado más que el que lo envía.
17 Serán felices si, sabiendo estas cosas, las cumplen.
18 No hablo de todos ustedes, porque sé a quiénes he elegido. Pero se ha de cumplir aquello de la Escritura: El que compartía mi pan se levantó contra mí.
19 Se lo digo ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, crean que Yo soy.
20 Les aseguro: quien reciba al que yo envíe me recibe a mí, y quien me recibe a mí recibe al que me envió.
Comentario
Jesús nos enseña que la verdadera felicidad no es algo que se busca en soledad, sino una experiencia compartida con los demás. Nos muestra que seremos realmente felices cuando, sabiendo lo que es bueno, lo pongamos en práctica, pensando no solo en nosotros, sino en cómo nuestras acciones pueden impactar positivamente a quienes nos rodean. Esto no significa olvidarnos de nosotros mismos, sino que al construir relaciones significativas y actuar con amor y respeto, también estamos construyendo nuestra identidad y propósito. Quien ha formado una identidad cristiana vive una felicidad con un contenido real, que no depende de posesiones o éxitos temporales. Es una invitación a crear vínculos auténticos, donde cada acción de cuidado y servicio a los demás nos fortalece y nos acerca a la felicidad que anhelamos. Descubrimos que, al dar lo mejor de nosotros mismos, recibimos mucho más de lo que imaginamos. ¿Crees que esta propuesta de felicidad puede ser atractiva para las nuevas generaciones?
Pensamiento del día.
“Al servir a los demás, abrazamos la misma misión que Jesús” (Joven del Colegio Claretiano de Trujillo, Perú).