20 de Agosto de 2026

20a Semana Ordinario

San Bernardo (1153)

 

Ez 36,23-28: Les daré un corazón nuevo

Sal 51: «Derramaré sobre ustedes un agua que los purificará»»       

Mt 22,1-14: A todos los que encuentren, invítenlos a la boda

 

Jesús tomó de nuevo la palabra y les habló en parábolas: 

2 El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. 

3 Envió a sus sirvientes para llamar a los invitados a la boda, pero éstos no quisieron ir. 

4 Entonces envió a otros sirvientes encargándoles que dijeran a los invitados: Tengo el banquete preparado, mis mejores animales ya han sido degollados y todo está a punto; vengan a la boda. 

5 Pero ellos se desentendieron: uno se fue a su campo, el otro a su negocio; 

6 otros agarraron a los sirvientes, los maltrataron y los mataron. 

7 El rey se indignó y, enviando sus tropas, acabó con aquellos asesinos e incendió su ciudad. 

8 Después dijo a sus sirvientes: El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no se lo merecían. 

9 Vayan a los cruces de caminos y a cuantos encuentren invítenlos a la boda. 

10 Salieron los sirvientes a los caminos y reunieron a cuantos encontraron, malos y buenos. El salón se llenó de convidados. 

11 Cuando el rey entró para ver a los invitados, observó a uno que no llevaba traje apropiado. 

12 Le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado sin traje apropiado? Él enmudeció. 

13 Entonces el rey mandó a los guardias: Átenlo de pies y manos y échenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el crujir de dientes. 

14 Porque son muchos los invitados, pero pocos los elegidos.

 

 

Comentario 

La parábola del Banquete de bodas nos muestra a un Dios que quiere celebrar con la humanidad. Es un Rey que invita a todos, especialmente a los pobres y marginados, a compartir su mesa. Envía a su propio Hijo para preparar una fiesta llena de vida. Pero muchos rechazan la invitación, eligiendo sus negocios y egoísmos. Aun así, Dios sigue llamando, buscando en los rincones más inesperados. Jesús hizo lo mismo: invitó a Magdalenas, Zaqueos, ciegos y cojos a esta fiesta. Lo único que pide es vestirnos con la justicia del Reino, ese traje blanco que simboliza nuestra dignidad de bautizados. ¿Estás listo para aceptar la invitación? La mesa está servida, y el banquete de Dios es para todos.

Pensamiento del día.

“No basta con aceptar la invitación al Reino, sino que implica abrir el corazón y vivir de acuerdo con los valores de Dios, reflejando en nuestros actos lo que realmente creemos” (Maximiliano Valenzuela, Inst. Claret Temuco, Chile).