17 de Mayo del 2026
Ascensión del Señor
Hechos 1,1-11: Se elevó a la vista de ellos
Salmo 47: Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas
Efesios 1,17-23: Lo sentó a su derecha en el cielo
Mateo 28,16-20: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra»
Los once discípulos fueron a Galilea, al monte que les había indicado Jesús.
17 Al verlo, se postraron, pero algunos dudaron.
18 Jesús se acercó y les habló: Me han concedido plena autoridad en cielo y tierra.
19 Vayan y hagan discípulos entre todos los pueblos, bautícenlos consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,
20 y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.
Comentario
La Ascensión marca el momento en que Jesús es elevado al cielo, señalando una nueva etapa en su misión. Antes de partir, instruye a los apóstoles a permanecer en Jerusalén hasta recibir el Espíritu Santo, quien les dará la fuerza para ser sus testigos “en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra”. Este mandato reafirma nuestra esencia misionera, impulsándonos a salir de nuestras zonas de confort y llevar la Buena Noticia más allá de sus fronteras. Cuando los discípulos se quedan mirando al cielo, los ángeles les invitan a bajar la mirada y comprender que el dinamismo de la encarnación y la resurrección les llama a enfrentar la realidad vivida con Jesús, superando una fe meramente espiritualista.
En la carta a los Efesios, se describe a Cristo sentado a la derecha del Padre, por encima de toda autoridad y poder. Esta imagen podría entenderse como una exaltación triunfalista, pero, desde la perspectiva de la kenosis (el vaciamiento de sí mismo que Jesús abrazó en su encarnación y pasión), comprendemos que su “poder” no es dominación, sino servicio y amor sacrificial. Jesús no ejerce poder para someter, sino para liberar y transformar desde la entrega total. Su exaltación es fruto de su abajamiento, mostrando que la verdadera autoridad divina se manifiesta en la humildad y el servicio. Así, la Iglesia, como cuerpo de Cristo, está llamada a vivir su misión desde el amor desinteresado y la solidaridad con los más vulnerables.
El Evangelio de Mateo nos lleva a Galilea, el lugar donde Jesús comenzó su ministerio. Es aquí, en las periferias, donde Jesús da el mandato misionero, recordándonos que la misión de la Iglesia inicia en los márgenes, entre las realidades más alejadas y vulnerables. Con plena autoridad, envía a sus discípulos a hacer nuevos seguidores en todas las naciones, bautizándolos y enseñándoles a cumplir sus mandamientos. La Ascensión no es una despedida, sino el comienzo de una nueva etapa, en la que la comunidad cristiana asume su misión con mayor responsabilidad. Es tiempo de madurez, en el que, guiados por el Espíritu, continuamos la obra de Cristo, confiando en su promesa: “Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo”.
Pensamiento del día.
“Al ser enviados por Jesús, nos convertimos en sus instrumentos para sanar, liberar y restaurar a quienes nos rodean” (Joven del Colegio Claretiano de Trujillo, Perú).