5 de Marzo del 2026

2ª Semana de Cuaresma 

San José Oriol (1702) 

 

Jer 17,5-10: Maldito quien confía en el hombre; bendito quien confía en el Señor

Sal 1: «Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor»

Lc 16,19-31: Recibiste bienes, y Lázaro males: por eso encuentra él aquí consuelo

 

En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos: Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino y todos los días hacía espléndidos banquetes. 

20 Echado a la puerta del rico había un pobre cubierto de llagas llamado Lázaro, 

21 que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamerle sus heridas. 

22 Murió el pobre y los ángeles lo llevaron junto a Abrahán. Murió también el rico y lo sepultaron. 

23 Estando en el lugar de los muertos, en medio de tormentos, alzó la vista y divisó a Abrahán y a Lázaro a su lado. 

24 Lo llamó y le dijo: Padre Abrahán, ten piedad de mí y envía a Lázaro, para que moje la punta del dedo en agua y me refresque la lengua; pues me torturan estas llamas. 

25 Respondió Abrahán: Hijo, recuerda que en vida recibiste bienes y Lázaro por su parte desgracias. Ahora él es consolado y tú atormentado. 

26 Además, entre ustedes y nosotros se abre un inmenso abismo; de modo que, aunque se quiera, no se puede atravesar desde aquí hasta ustedes ni pasar desde allí hasta nosotros. 

27Insistió el rico: Entonces, por favor, envíalo a casa de mi padre, 

28 donde tengo cinco hermanos; que les advierta no sea que también ellos vengan a parar a este lugar de tormentos. 

29Le dice Abrahán: Tienen a Moisés y los profetas: que los escuchen. 

30Respondió: No, padre Abrahán; si un muerto los visita, se arrepentirán. 

31Le dijo: Si no escuchan a Moisés ni a los profetas, aunque un muerto resucite, no le harán caso.

 

Comentario 

La parábola nos pone frente a un diálogo en el más allá: el rico, en tormentos, pide ayuda, mientras Lázaro descansa junto a Abrahán. El mensaje es claro: la compasión se aprende viviendo las Escrituras, que nos llaman a acercarnos al pobre. Lázaro no es un extraño, es nuestro hermano, y su realidad debería “empobrecernos” el corazón, haciéndonos solidarios. Sin Lázaro, la familia de seis hermanos queda incompleta. La compasión, más que un sentimiento, es un valor esencial de la fe cristiana que nos protege de la indiferencia. ¿A quién mostramos compasión hoy? ¿Estamos dispuestos a aliviar la necesidad de quienes nos rodean? La verdadera fe nos lleva siempre a cuidar del otro, impulsados por el amor y la misericordia. 

Pensamiento del día.

“Dios es justo y compasivo con sus hijos. Necesitamos reflejar su amor para con las personas más necesitadas. Y no olvidar que todos somos iguales” (Ariana Jara, Colegio Claretiano Lima, Perú).