1 de Julio de 202
13a Semana Ordinario
San Atilano Cruz (1928)
Am 5,14-15.21-24: Fluya la justicia como arroyo perenne
Sal 50: «Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios»
Mt 8,28-34: «¿Viniste antes de tiempo a atormentarnos?»
Al llegar a la otra orilla y entrar en territorio de Gadara, fueron al encuentro de Jesús dos endemoniados salidos de los sepulcros; eran tan violentos que nadie se atrevía a pasar por aquel camino. De pronto se pusieron a gritar: ¡Hijo de Dios!, ¿qué tienes con nosotros? ¿Has venido antes de tiempo a atormentarnos? A cierta distancia había una gran piara de cerdos pastando. Los demonios le suplicaron: Si nos expulsas, envíanos a la piara de cerdos. Él les dijo: Vayan. Ellos salieron y se metieron en los cerdos. La piara en masa se lanzó por un acantilado al lago y se ahogó en el agua. Los pastores huyeron, llegaron a la población y contaron lo que había sucedido con los endemoniados. Toda la población salió al encuentro de Jesús y, al verlo, le suplicaban que se fuera de su territorio.
Comentario
¿En qué consiste buscar el bien y no el mal según Amós? Básicamente, en “restablecer el tribunal de justicia”. Como buen profeta, Amós pone el énfasis en la justicia social, la fraternidad y la solidaridad, construyendo un mundo según el sueño de Dios. ¡Y qué directo es su mensaje! Las liturgias y fiestas sagradas de poco sirven si el pueblo muere de hambre por la corrupción y los mezquinos intereses de los poderosos, tanto en su tiempo como en el nuestro. La clave está en entender que la justicia social es tan importante como la moral personal y la vida espiritual. El Evangelio nos muestra un poder que supera cualquier demonio que quiera destruir a las personas o a la sociedad. La capacidad de amar de Jesús y su habilidad para desenmascarar el mal es parte de su ser profético, y también del nuestro, como lo fue para los verdaderos profetas. Este poder expulsa el mal para abrir paso a lo urgente: la paz, el amor, el servicio y la solidaridad.
Pensamiento del día.
“A veces el dolor de algunos jóvenes es muy lacerante; es un dolor que no se puede expresar con palabras; es un dolor que nos abofetea” (ChV 77).