1 de Abril del 2026
Miércoles de Semana Santa
San Hugo (1132)
Is 50,4-9a: «Ofrecí la espalda»
Sal 69: «Señor, que tu bondad me escuche en el día de tu favor»
Mt 26,14-25: «¿Dónde quieres que te preparemos la Pascua?»
En aquel tiempo uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, se dirigió a los sumos sacerdotes
15 y les propuso: ¿Qué me dan si lo entrego a ustedes? Ellos se pusieron de acuerdo en treinta monedas de plata.
16 Desde aquel momento buscaba una ocasión para entregarlo.
17 El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?
18 Él les contestó: Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: El maestro dice: mi hora está próxima; en tu casa celebraré la Pascua con mis discípulos.
19 Los discípulos prepararon la cena de Pascua siguiendo las instrucciones de Jesús.
20 Al atardecer se puso a la mesa con los Doce.
21 Mientras comían, les dijo: Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar.
22 Muy tristes, empezaron a preguntarle uno por uno: ¿Soy yo, Señor?
23 Él contestó: El que se ha servido de la misma fuente que yo, ése me entregará.
24 El Hijo del Hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del Hombre será entregado! Más le valdría a ese hombre no haber nacido.
25 Le dijo Judas, el traidor: ¿Soy yo, maestro? Le respondió Jesús: Tú lo has dicho.
Comentario
En este día, la Iglesia recuerda los eventos de la redención, poniendo el foco en la figura del Siervo de Yahvé, que experimenta el sufrimiento, pero también la fidelidad de Dios. Al mismo tiempo, se trae a la memoria la traición de Judas, revelada por Jesús durante la cena pascual. Esta traición marcó el inicio de la partida de Jesús, lo que fue una pérdida dolorosa para sus discípulos. Sin embargo, con el tiempo entendieron que habían ganado un intercesor junto a Dios, lo que les trajo consuelo. Esta semana nos invita a reflexionar sobre nuestro propio sufrimiento y frustración, no solo por las enfermedades o limitaciones que enfrentamos, sino también por el dolor causado por el rechazo o la indiferencia de personas cercanas, amigos o familiares. La vulnerabilidad es parte de la vida cristiana. ¿Guardamos algún resentimiento contra alguien que amamos? Este es un buen momento para preguntarnos qué estamos haciendo para sanar esas heridas y encontrar paz interior. ¿Cómo podemos liberar nuestro corazón de esos rencores?
Pensamiento del día.
“La fidelidad primera, te la debes a ti misma, como persona e hija de Dios; luego, has de atender a la fidelidad a tu vocación y al compromiso que tienes hacia los demás” ((Una joven anónima de Centroamérica).