31 de Julio de 2026

17a Semana Ordinario
San Ignacio de Loyola (1556)

 

Jer 26,1-9: El pueblo se juntó en el Templo

Sal 69: «Que me escuche tu gran bondad, Señor»»       

Mt 13,54-58: «¿No es el hijo del carpintero?»

 

En aquel tiempo se dirigió Jesús a su ciudad y se puso a enseñarles en su sinagoga. Ellos preguntaban asombrados: ¿De dónde saca éste su saber y sus milagros? 

55 ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? 

56 Sus hermanas, ¿no viven entre nosotros? ¿De dónde saca todo eso? 

57 Y esto era para ellos un obstáculo. Jesús les dijo: A un profeta sólo lo desprecian en su patria y en su casa. 

58 Y por su incredulidad, no hizo allí muchos milagros.

 

Comentario 

Las preguntas que los vecinos de Nazaret se hacían sobre Jesús son las mismas que seguimos haciendo a lo largo de la historia: ¿De dónde saca tanta sabiduría y poder para hacer milagros? ¿No nació en un lugar humilde? ¿Puede algo extraordinario salir de Nazaret? ¿No fue condenado a muerte? Las respuestas a estas preguntas nos plantean dos caminos: o nos escandalizamos o creemos en Él, acogiendo sus palabras en nuestro corazón. Para muchos, su muerte en la cruz es un escándalo, como señala San Pablo (1 Cor 1,23), pero para quienes creemos, es motivo de gozo. A lo largo de nuestras vidas, seguimos buscando su rostro y aceptando, en lo más profundo de nuestro ser, su propuesta del Reino. En Jesús, lo divino y lo humano se unen, tal como sucede en la Eucaristía, donde el pan y el vino hacen presente al Resucitado. Nos corresponde dar testimonio de este misterio maravilloso, reconociendo que Dios está presente en lo cotidiano, invitándonos a proclamar su amor con nuestras palabras y acciones.

 

Pensamiento del día.

“Nunca debemos menospreciar a alguien por su estrato social o de dónde viene. El valor de una persona no depende de su origen, sino de su dignidad como ser humano” (Antonia Castillo, Inst. Claret Temuco, Chile).