24 de Junio de 2026
12a Semana Ordinario
Natividad de Juan el Bautista
Is 49,1-6: «Te hago luz de las naciones»
Sal 139: «Te doy gracias porque me has escogido portentosamente»
Hch 13,22-26: Juan preparaba el camino al Señor predicando la conversión»
Lc 1,57-66.80: «Se va a llamar Juan»
En aquel tiempo, cuando a Isabel se le cumplió el tiempo del parto, dio a luz un hijo.
58 Los vecinos y parientes, al enterarse de que el Señor la había tratado con tanta misericordia, se alegraron con ella.
59 Al octavo día fueron a circuncidarlo y querían llamarlo como su padre, Zacarías.
60 Pero la madre intervino: No; se tiene que llamar Juan.
61 Le decían que nadie en la parentela llevaba ese nombre.
62 Preguntaron por señas al padre qué nombre quería darle.
63 Pidió una pizarra y escribió: Su nombre es Juan. Todos se asombraron.
64 En ese instante se le soltó la boca y la lengua y se puso a hablar bendiciendo a Dios.
65 Todos los vecinos quedaron asombrados; lo sucedido se contó por toda la serranía de Judea
66 y los que lo oían reflexionaban diciéndose: ¿Qué va a ser este niño? Porque la mano del Señor lo acompañaba.
80 El niño crecía, se fortalecía espiritualmente y vivió en el desierto hasta el día en que se presentó a Israel.
Comentario
“Tú eres mi siervo”. Estas palabras, viniendo de Dios, transforman la vida de quien las escucha y las asume. Saber que estamos respaldados por Él es la base para construir el Reino. Pero el complemento “…de quien estoy orgulloso” lo hace aún más especial: entender que nuestra entrega puede alegrar el corazón de Dios da un sentido único a nuestra misión. Ser “luz de las naciones” no es tarea exclusiva de grandes figuras; cada creyente está llamado a irradiar esa luz. San Juan Bautista respondió a ese llamado desde su nacimiento, preparando el camino para Jesús, quien nos mostró cómo vivir como hijos de Dios. Hoy, esa misión sigue vigente. ¿Estamos dispuestos a ser siervos fieles y llevar la luz de Dios al mundo con orgullo y entrega?
Pensamiento del día.
“La vida de ustedes no es un mientras tanto. Ustedes son el ahora de Dios, que los quiere fecundos” (ChV 178).