15 de Marzo del 2026
4ª Semana de Cuaresma
Santa Luisa de Marillac (1660)
San Artémides Zatti (1951)
1 Samuel 16,1b.6-7.10-13a: David es ungido rey de Israel
Salmo 23: El Señor es mi pastor, nada me falta
Efesios 5,8-14: Levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz
Juan 9,1-41: Fue, se lavó, y volvió con vista
En aquel tiempo, al pasar Jesús vio un hombre ciego de nacimiento.
2 Los discípulos le preguntaron: Maestro, ¿quién pecó para que naciera ciego? ¿Él o sus padres?
3 Jesús contestó: Ni él pecó ni sus padres; ha sucedido así para que se muestre en él la obra de Dios.
4 Mientras es de día, tienen que trabajar en las obras del que me envió. Llegará la noche, cuando nadie puede trabajar.
5 Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.
6 Dicho esto, escupió en el suelo, hizo barro con la saliva, se lo puso en los ojos
7 y le dijo: Ve a lavarte a la piscina de Siloé –que significa enviado–. Fue, se lavó y al regresar ya veía.
8 Los vecinos y los que antes lo habían visto pidiendo limosna comentaban: ¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?
9 Unos decían: Es él. Otros decían: No es, sino que se le parece. Él respondía: Soy yo.
10 Así que le preguntaron: ¿Cómo [pues] se te abrieron los ojos?
11 Contestó: Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo que fuera a lavarme a la fuente de Siloé. Fui, me lavé y recobré la vista.
12 Le preguntaron: ¿Dónde está él? Responde: No sé.
13 Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego.
14 –era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos–.
15 Los fariseos le preguntaron otra vez cómo había recobrado la vista. Les respondió: Me aplicó barro a los ojos, me lavé, y ahora veo.
16 Algunos fariseos le dijeron: Ese hombre no viene de parte de Dios, porque no observa el sábado. Otros decían: ¿Cómo puede un pecador hacer tales milagros? Y estaban divididos.
17 Preguntaron de nuevo al ciego: Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos? Contestó: Que es profeta.
18 Los judíos no terminaban de creer que había sido ciego y había recobrado la vista; así que llamaron a los padres del que había recobrado la vista
19 y les preguntaron: ¿Es éste su hijo, el que ustedes dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?
20 Contestaron sus padres: Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego;
21 pero cómo es que ahora ve, no lo sabemos; quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él, que es mayor de edad y puede dar razón de sí
22 –sus padres dijeron esto por temor a los judíos; porque los judíos ya habían decidido que quien lo confesara como Mesías sería expulsado de la sinagoga.
23 Por eso dijeron los padres que tenía edad y que le preguntaran a él–.
24 Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: Da gloria a Dios. A nosotros nos consta que aquél es un pecador.
25 Les contestó: Si es pecador, no lo sé; de una cosa estoy seguro, que yo era ciego y ahora veo.
26 Le preguntaron de nuevo: ¿Cómo te abrió los ojos?
27 Les contestó: Ya lo he dicho y no me creyeron; ¿para qué quieren oírlo de nuevo? ¿No será que también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?
28 Lo insultaron diciendo: ¡Tú serás discípulo de ese hombre nosotros somos discípulos de Moisés!
29 Sabemos que Dios le habló a Moisés; en cuanto a ése, no sabemos de dónde viene.
30 Les respondió: Eso es lo extraño, que ustedes no saben de dónde viene y a mí me abrió los ojos.
31 Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino que escucha al que es piadoso y cumple su voluntad.
32 Jamás se oyó contar que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento.
33 Si ese hombre no viniera de parte de Dios, no podría hacer nada.
34 Le contestaron: Tú naciste lleno de pecado, ¿y quieres darnos lecciones? Y lo expulsaron.
35Oyó Jesús que lo habían expulsado y, cuando lo encontró, le dijo: ¿Crees en el Hijo del Hombre?
36 Contestó: ¿Quién es, Señor, para que crea en él?
37 Jesús le dijo: Lo has visto: es el que está hablando contigo.
38 Respondió: Creo, Señor. Y se postró ante él.
39 Jesús dijo: He venido a este mundo para un juicio, para que los ciegos vean y los que vean queden ciegos.
40 Algunos fariseos que se encontraban con él preguntaron: Y nosotros, ¿estamos ciegos?
41 Les respondió Jesús: Si estuvieran ciegos, no tendrían pecado; pero, como dicen que ven, su pecado permanece.
Comentario
¿Qué había en el corazón de David? La Biblia no lo revela de manera directa, ya que, al principio, David parece ser como el resto de los hijos de Jesé: el más joven, el menor, sin grandes méritos aparentes. Pero Dios mira más allá de lo que se ve. La diferencia de David no está en su apariencia ni en su lugar en la familia, sino en su corazón. La elección de Dios rompe con lo que la gente consideraría lógico. ¿Quién elegiría al más pequeño y sin experiencia para ser líder de una nación? Este relato no nos dice que escojamos líderes sin cualidades visibles, sino que reconozcamos que, con el favor de Dios, incluso los menos esperados pueden hacer grandes cosas.
La vida de David nos enseña que tenía un corazón dispuesto a reconocer sus errores y someterse a la voluntad de Dios, incluso cuando era rey. Este aspecto es clave, porque en esa época los reyes solían verse como intocables, elegidos por los dioses para gobernar sin límites. Pero en Israel se entendía que hasta el rey debía estar sujeto a la ley de Dios. Si no lo hacía, perdía el favor divino y ponía en riesgo a todo su pueblo. A pesar de sus fallos, David mantenía esta conciencia, se dejaba corregir por Dios, y eso lo hacía grande a sus ojos.
Por otro lado, la carta a los Efesios nos recuerda algo fundamental: “discernir lo que agrada al Señor”. A Dios le agrada la luz, lo que da vida duradera. Este discernimiento nos lleva a decidir desde el bien, no desde el egoísmo o intereses oscuros. El evangelio nos presenta una opción clara: el bien o el mal, la luz o las tinieblas. Y cada elección tiene consecuencias.
Como cristianos, habiendo optado por la luz en nuestro bautismo, estamos llamados a confirmar esa opción cada día, en nuestras palabras, pensamientos y acciones. Ser discípulo de Cristo es llevar esa luz a los demás, pero de una forma que no queme ni confunda. Ser personas de luz significa transformar con humildad y sin arrogancia. Seamos, pues, portadores de luz.
Pensamiento del día.
“Jesús nos llama a ir, lavarnos y regresar con una nueva visión, dejando atrás nuestros prejuicios y abriéndonos a la luz transformadora de Dios en nuestras vidas” (Gianella Meléndez, Colegio Claretiano Lima, Perú).