3 de Octubre de 2026

26a Semana Ordinario

San Francisco de Borja (1572)

 

Job 42,1-3.5-6.12-17: Ahora entiendo, por eso me retracto

Sal 119: «Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo»»     

Lc 10,17-24: Te alabo Padre, Señor de cielo y tierra

 

En aquel tiempo volvieron los setenta y dos discípulos muy contentos y dijeron: Señor, en tu nombre hasta los demonios se nos sometían. 

18 Les contestó: Estaba viendo a Satanás caer como un rayo del cielo. 

19 Miren, les he dado poder para pisotear serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada los dañará. 

20 Con todo, no se alegren de que los espíritus se les sometan, sino de que sus nombres están escritos en el cielo. 

21 En aquella ocasión, con el júbilo del Espíritu Santo, dijo: ¡Te alabo, Padre, Señor de cielo y tierra, porque, ocultando estas cosas a los sabios y entendidos, se las diste a conocer a la gente sencilla! Sí, Padre, ésa ha sido tu elección. 

22 Todo me lo ha encomendado mi Padre: nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre, y quién es el Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo decida revelárselo. 

23 Volviéndose aparte a los discípulos, les dijo: ¡Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven! 

24 Les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; escuchar lo que ustedes escuchan, y no lo escucharon.

 

Comentario 

Los discípulos regresan llenos de alegría porque han sido testigos de la fuerza del Evangelio. Jesús celebra con ellos, pero les recuerda que la alegría verdadera no es por el poder que tienen, sino por la salvación que experimentan desde ya sus vidas. En este texto, Jesús nos enseña que la verdadera alegría no está en el éxito, el reconocimiento o el poder, sino en sabernos amados por Dios y ser parte de su proyecto liberador. Esto nos invita a no caer en el orgullo o la autosuficiencia cuando logramos algo bueno, sino a mantener un corazón humilde y agradecido. Además, Jesús alaba al Padre porque revela su verdad a los pequeños, a los humildes, y no a los sabios de este mundo. Este es un llamado a dejarnos transformar por una espiritualidad sencilla, cercana a los pobres, abierta al Reino de Dios.   

Pensamiento del día.

“La verdadera alegría cristiana no está en lo que logramos para Dios con nuestro esfuerzo, sino en sabernos amados y sostenidos por Dios”(Joven de la Pastoral Juvenil de Centroamérica).