9 de Junio de 2026
10a Semana Ordinario
San Efrén (373)
1Re 17,7-16: El cántaro de harina no se vació, como lo había dicho el Señor
Sal 4: «Haz brillar sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro»
Mt 5,13-16: Ustedes son sal de la tierra y luz del mundo
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Ustedes son la sal de la tierra: si la sal se vuelve sosa, ¿con qué se le devolverá su sabor? Sólo sirve para tirarla y que la pise la gente.
14 Ustedes son la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad construida sobre un monte.
15 No se enciende una lámpara para meterla en un cajón, sino que se pone en el candelero para que alumbre a todos en la casa.
16 Brille igualmente la luz de ustedes ante los hombres, de modo que cuando ellos vean sus buenas obras, glorifiquen al Padre de ustedes que está en el cielo.
Comentario
Jesús compara a sus discípulos con la sal y la luz, dos elementos esenciales para la vida. La sal, en tiempos de Jesús, protegía contra la corrupción, realzaba el sabor y, mezclada con miel, se usaba para curar. De igual manera, Jesús pide a sus seguidores ser un testimonio vivo del amor de Dios, protegiendo la vida del mal y trayendo esperanza y sanación a los demás. No basta con resistir al mal, sino también con mejorar y transformar la vida de quienes nos rodean. La luz, por su parte, ilumina y guía en la oscuridad. Jesús llama a sus discípulos a ser esa luz que, con los valores del Evangelio, muestra el camino hacia una vida plena. Ser sal y luz implica un compromiso activo con el mundo y con quienes nos rodean, para que nuestras vidas reflejen el amor y la justicia de Dios. ¿Estamos siendo verdaderamente sal y luz en nuestra vida diaria?
Pensamiento del día.
“No dejes que te roben la esperanza y la alegría, que te narcoticen para utilizarte como esclavo de sus intereses. Atrévete a ser más, porque tu ser importa más que cualquier cosa” (ChV 107).