15 de Febrero del 2026

6º Ordinario

San Claudio de Colombiere (1682)

 

Eclesiástico 15,15-20: No mandó pecar al hombre

Salmo 119: Dichoso el que camina en la voluntad del Señor 

1 Corintios 2,6-10: Dios predestinó la sabiduría para nuestra gloria  

Mateo 5,17-37: «Se dijo a los antiguos… Pero yo les digo»

 

Dijo Jesús a sus discípulos: No piensen que he venido a abolir la ley o los profetas. No vine para abolir, sino para cumplir. 

18 Les aseguro que mientras duren el cielo y la tierra, ni una letra, ni una coma de la ley dejará de realizarse. 

19 Por tanto quien quebrante el más mínimo de estos mandamientos y enseñe a otros a hacerlo será considerado el más pequeño en el reino de los cielos. Pero quien lo cumpla y lo enseñe será considerado grande en el reino de los cielos. 

20 Porque les digo que, si el modo de obrar de ustedes no supera al de los letrados y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos. 

21 Ustedes han oído que se dijo a los antiguos: No matarás; el homicida responderá ante el tribunal. 

22 Pues yo les digo que todo el que se enoje contra su hermano responderá ante el tribunal. Quien llame a su hermano imbécil responderá ante el Consejo. Quien lo llame renegado incurrirá en la pena del infierno de fuego. 

23 Si mientras llevas tu ofrenda al altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 

24 deja la ofrenda delante del altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y después vuelve a llevar tu ofrenda. 

25 Con quien tienes pleito busca rápidamente un acuerdo, mientras vas de camino con él. Si no, te entregará al juez, el juez al comisario y te meterán en la cárcel. 

26 Te aseguro que no saldrás hasta haber pagado el último centavo. 

27 Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio. 

28 Pues yo les digo que quien mira a una mujer deseándola ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. 

29 Si tu ojo derecho te lleva a pecar, sácatelo y tíralo lejos de ti. Más te vale perder una parte de tu cuerpo que ser arrojado entero al infierno. 

30 Y si tu mano derecha te lleva a pecar, córtatela y tírala lejos de ti. Más te vale perder una parte de tu cuerpo que terminar entero en el infierno. 

31 Se dijo: Quien repudie a su mujer que le dé acta de divorcio. 

32 Pero yo les digo que quien repudia a su mujer –salvo en caso de concubinato– la induce a adulterio, y quien se case con una divorciada comete adulterio. 

33 Ustedes, también, han oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y cumplirás tus juramentos al Señor. 

34 Pero yo les digo que no juren en absoluto: ni por el cielo, que es trono de Dios; 

35 ni por la tierra, que es tarima de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey; 

36 ni jures tampoco por tu cabeza, pues no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos. 

37 Que la palabra de ustedes sea sí, sí; no, no. Lo que se añada luego procede del Maligno.

 

Comentario 

El don de la libertad es uno de los que más nos hace semejantes a Dios. En un mundo que frecuentemente busca respuestas fáciles o soluciones externas, nuestra libertad puede resultarnos desconcertante. A veces, preferiríamos ser manipulados, evitando así la responsabilidad de nuestras decisiones. Sin embargo, es precisamente en esta libertad donde reside la grandeza de nuestra vocación: asumir lo que somos plenamente y, en ese camino, experimentar un encuentro auténtico con Dios y los demás.

El libro del Eclesiástico describe claramente esta realidad: el ser humano puede elegir entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte. Esta libertad es completa, pero conlleva una responsabilidad total. No podemos culpar a los demás, ni siquiera a Dios, por nuestras elecciones; somos responsables de las decisiones que tomamos. Esa responsabilidad surge del corazón, desde donde brotan nuestras verdaderas intenciones y deseos.

Jesús, en el Evangelio, retoma y eleva esta idea. No se limita a la observancia externa de la Ley, sino que llama a una transformación interior, a vivir desde un corazón reconciliado con Dios. Para Él, la verdadera libertad no consiste solo en poder elegir, sino en la capacidad de optar por el bien, de vivir conforme a la voluntad divina. Nos exhorta a superar el cumplimiento superficial de las normas, buscando la perfección en el amor, la pureza de corazón y la sinceridad en nuestras relaciones.

San Pablo, en su carta a los Corintios, añade una dimensión aún más profunda: la sabiduría de Dios, distinta de la sabiduría del mundo. Esta sabiduría revela el verdadero sentido de nuestra libertad y guía nuestras decisiones, iluminándolas con la luz del Espíritu. Nos permite percibir la realidad a través de la fe, descubriendo la presencia de Dios en cada acontecimiento y decisión. 

De este modo, nuestra libertad se convierte en el escenario donde se desarrolla nuestra relación con Dios y los demás. ¿Estamos usando este don para acercarnos a Él y a nuestros hermanos, o nos dejamos arrastrar por las falsas seguridades del mundo?

 

Pensamiento del día.

“Llevar el evangelio es llevar la fuerza de Dios para arrancar y arrasar el mal y la violencia; para destruir y demoler las barreras del egoísmo, la intolerancia y el odio; para edificar un mundo nuevo” (Papa Francisco a los jóvenes, 2013).