27 de Septiembre de 2026

26a Semana Ordinario

San Vicente de Paúl (1660)

 

Ezequiel 18,15-28: Cuando el malvado se convierte, salva su vida

Salmo 25: «Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna»

Filipenses 2,1-11: «Tengan entre ustedes los sentimientos propios de Jesús»»     

Mateo 21,28-32: Recapacitó y fue

 

En aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: A ver, ¿qué les parece? Un hombre tenía dos hijos. Se dirigió al primero y le dijo: Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña. 

29 El hijo le respondió: No quiero; pero luego se arrepintió y fue. 

30 Acercándose al segundo le dijo lo mismo. Éste respondió: Ya voy, señor; pero no fue. 

31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Le dijeron: El primero. Y Jesús les contestó: Les aseguro que los recaudadores de impuestos y las prostitutas entrarán antes que ustedes en el reino de Dios. 

32 Porque vino Juan, enseñando el camino de la justicia, y no le creyeron, mientras que los recaudadores de impuestos y las prostitutas le creyeron. Y ustedes, aun después de verlo, no se han arrepentido ni le han creído.

 

 

Comentario 

La liturgia de la Palabra nos invita a reflexionar sobre nuestra respuesta a la llamada de Dios, la conversión y la humildad.

En el evangelio, Jesús presenta la parábola de los dos hijos y hace la pregunta sobre quién hizo la voluntad del padre y la respuesta es obvia: aquel que, a pesar de su negativa inicial, se arrepintió y fue. Este texto nos invita a reflexionar sobre nuestra respuesta a Dios. A veces podemos ser como el primer hijo: decimos que seguiremos a Dios, pero nuestras acciones no coinciden con nuestras palabras. El llamado es a una conversión auténtica, que se muestra no solo en propósitos, sino en hechos.

Este llamado a la conversión también se refleja en el profeta Ezequiel, quien nos recuerda sobre la responsabilidad de nuestro compromiso ante Dios. Cada uno de nosotros tiene la libertad de elegir, y nuestras decisiones tienen consecuencias. Pero nos recuerda que, aunque fallemos, si nos arrepentimos, Dios nos perdona y nos da una nueva oportunidad. La conversión no es solo un cambio de comportamiento, sino un cambio de corazón, una vuelta sincera al querer de Dios.

San Pablo nos exhorta a vivir en unidad y con humildad, siguiendo el ejemplo de Cristo. Jesús, aunque era Dios, se abajó, se despojó de su grandeza y se entregó por nosotros. Esta actitud de humildad y servicio es la que debe marcar nuestra vida cristiana. San Pablo nos invita a tener “el mismo sentir” de Cristo, lo que significa poner a los demás por encima de uno mismo, buscando siempre la Comunión y el bienestar de todos.

En resumen, el evangelio nos exhorta a la coherencia, entre lo que decimos y practicamos, para no ser como el hijo que promete y no cumple, sino a imitar el arrepentimiento y la conversión del primer hijo. Recordándonos que siempre hay oportunidad para cambiar, y que el camino de lo humildad nos traerá más satisfacciones. 

 

Pensamiento del día.

“No siempre recibimos lo que damos, pero lo que entregamos refleja quiénes somos de verdad” (Luis Iván, Colegio Claret, Rep. Dominicana).