7 de Noviembre de 2026

31a Semana Ordinario

San Vicente Grossi (1917)

 

Flp 4,10-19: «Todo lo puedo en aquel que me conforta»

Sal 112: «Dichoso quien teme al Señor»

Lc 16,9-15: ¿Quién les confiará lo que vale?

 

Enseñó Jesús: Yo les digo que con el dinero sucio se ganen amigos, de modo que, cuando se acabe, ellos los reciban en la morada eterna. 

10 El que es fiel en lo poco, es fiel en lo mucho; el que es deshonesto en lo poco, es deshonesto en lo mucho. 

11 Si con el dinero sucio no han sido de confianza, ¿quién les confiará el legítimo? 

12 Si con lo ajeno no han sido de confianza, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes? 

13 Un empleado no puede estar al servicio de dos señores porque odiará a uno y amará al otro o apreciará a uno y despreciará al otro. No pueden estar al servicio de Dios y del dinero. 

14 Los fariseos, que eran muy amigos del dinero, oían todo esto y se burlaban de él. 

15 Él les dijo: Ustedes pasan por justos ante los hombres, pero Dios los conoce por dentro. Porque lo que los hombres tienen por grande Dios lo aborrece.

 

Comentario 

En el evangelio de hoy, Jesús conversa con sus discípulos sobre el dinero y el servicio. En el Antiguo Testamento, la riqueza era vista como una bendición de Dios (Prov 22,4). Pero Jesús nos presenta otra perspectiva: “No se puede servir a Dios y al dinero”. ¿Por qué? Porque el apego a las riquezas nos aleja de Dios. Cuando el dinero ocupa el centro de nuestra vida, dejamos a Dios en un segundo plano. Jesús critica esta actitud en los fariseos, quienes amaban el dinero. Según Él, un corazón aferrado a lo material le quita el lugar que solo Dios merece. La riqueza no es mala en sí misma, pero nuestro corazón no puede estar anclado en ella. Debemos usarla con sabiduría, sin dejar que desplace nuestra confianza en Dios. Y nosotros, ¿qué lugar ocupa Dios en nuestro corazón frente a lo material? 

Pensamiento del día.

“Nos debemos preguntar: ¿A quién adoramos y en quién ponemos nuestra confianza? Solo en Dios encontraremos verdadera plenitud” (Katerine Gauna, joven misionera, Lambaré, Paraguay).