11 de Octubre de 2026
28a Semana Ordinario
Santa Ma. Soledad Torres (1887) San Juan XXIII (1963)
Isaías 25,6-10a: El Señor enjugará las lágrimas de todos los rostros
Salmo 23: «Habitaré en la casa del Señor por años sin término»
Filipenses 4,12-14.19-20: «Todo lo puedo en aquel que me conforta»»
Mateo 22,1-14: «A todos los que encuentren, invítenlos a la boda»
Jesús tomó de nuevo la palabra y les habló usando parábolas.
2 El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo.
3 Envió a sus sirvientes para llamar a los invitados a la boda, pero éstos no quisieron ir.
4 Entonces envió a otros sirvientes encargándoles que dijeran a los invitados: Tengo el banquete preparado, mis mejores animales ya han sido degollados y todo está a punto; vengan a la boda.
5 Pero ellos se desentendieron: uno se fue a su campo, el otro a su negocio;
6 otros agarraron a los sirvientes, los maltrataron y los mataron.
7 El rey se indignó y, enviando sus tropas, acabó con aquellos asesinos e incendió su ciudad.
8 Después dijo a sus sirvientes: El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no se lo merecían.
9 Vayan a los cruces de caminos y a cuantos encuentren invítenlos a la boda.
10 Salieron los sirvientes a los caminos y reunieron a cuantos encontraron, malos y buenos. El salón se llenó de convidados.
11 Cuando el rey entró para ver a los invitados, observó a uno que no llevaba traje apropiado.
12 Le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado sin traje apropiado? Él enmudeció.
13 Entonces el rey mandó a los guardias: Átenlo de pies y manos y échenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el crujir de dientes.
14 Porque son muchos los invitados, pero pocos los elegidos.
Comentario
El evangelio de este domingo nos presenta la parábola del banquete de bodas, una de las imágenes más bellas del Reino de Dios. Jesús compara el Reino con un rey que organiza una gran fiesta e invita a todos. Sin embargo, los primeros invitados rechazan la invitación, preocupados por sus asuntos, y algunos incluso maltratan a los mensajeros. En respuesta, el rey extiende la invitación a los marginados y a quienes están en los caminos, mostrando que la salvación no está reservada a unos pocos, sino que es una oferta universal.
Dios nos invita a participar en su Reino, pero es nuestra responsabilidad responder con una vida acorde a esa llamada. La presencia del hombre sin el vestido de bodas simboliza a quienes aceptan la invitación, pero sin transformar su corazón ni asumir los valores del evangelio. El banquete requiere preparación, disposición y compromiso.
Isaías nos muestra un banquete preparado por Dios para todos los pueblos, un banquete de plenitud donde se enjugarán las lágrimas y se eliminará el sufrimiento. Este texto nos recuerda que la invitación de Dios es para todos, especialmente para los que han sufrido. Filipenses complementa el mensaje destacando la providencia de Dios: Él cuida de nosotros y nos sostiene en abundancia o necesidad.
En nuestra realidad, esta parábola nos invita a reflexionar sobre nuestras prioridades. ¿Estamos abiertos a participar en el banquete de la vida, o estamos distraídos por nuestras preocupaciones? Dios sigue enviándonos su invitación a través de su Palabra, los sacramentos y las necesidades de nuestros hermanos. Aceptar esta invitación implica vivir con gratitud, fe y compromiso.
Hoy es el día para aceptar la invitación al banquete del Reino. Respondamos con un corazón dispuesto, revestidos del amor y la justicia que agradan a Dios. Vivamos en fidelidad a nuestra fe, sabiendo que el Señor nos sostiene en todo momento.
Señor, gracias por invitarnos a tu mesa, a compartir tu vida y tu amor. Danos un corazón humilde y generoso, dispuesto a responder a tu llamado con obras de justicia y misericordia. Que siempre busquemos vivir como hijos tuyos, anunciando con alegría tu Reino. Amén.
Pensamiento del día.
“El Reino de Dios tiene las puertas abiertas para todos, pero solo los valientes se animan a entrar de verdad” (Abril Dadea, Escuela P. Claret, Rosario, Argentina).