10 de Marzo del 2026
3ª Semana de Cuaresma
Santa María Eugenia de Jesús (1898)
Dn 3,25.34-43: Acepta nuestro corazón contrito
Sal 24: «Señor, recuerda tu misericordia»
Mt 18,21-35: Perdona a tu hermano y el Padre te perdonará
En aquel tiempo se acercó Pedro a Jesús y le preguntó: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarle? ¿Hasta siete veces?
22 Le contestó Jesús: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
23 Por eso, el Reino de los cielos se parece a un rey que decidió ajustar cuentas con sus sirvientes.
24 Ni bien comenzó, le presentaron uno que le adeudaba diez mil monedas de oro.
25 Como no tenía con qué pagar, mandó el rey que vendieran a su mujer, sus hijos y todas sus posesiones para pagar la deuda.
26 El sirviente se arrodilló ante él suplicándole: ¡Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré!
27 Compadecido de aquel sirviente, el rey lo dejó ir y le perdonó la deuda.
28 Al salir, aquel sirviente tropezó con un compañero que le debía cien monedas. Lo agarró del cuello y mientras lo ahogaba le decía: ¡Págame lo que me debes!
29 Cayendo a sus pies, el compañero le suplicaba: ¡Ten paciencia conmigo y te lo pagaré!
30 Pero el otro se negó y lo hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda.
31 Al ver lo sucedido, los otros sirvientes se sintieron muy mal y fueron a contarle al rey todo lo sucedido.
32 Entonces el rey lo llamó y le dijo: ¡Sirviente malvado, toda aquella deuda te la perdoné porque me lo suplicaste!
33 ¿No tenías tú que tener compasión de tu compañero como yo la tuve de ti?
34 E indignado, el rey lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
35 Así los tratará mi Padre del cielo si no perdonan de corazón a sus hermanos.
Comentario
Las relaciones humanas siempre llevan el riesgo de ofender o decepcionar. Entre más cercana es la relación, mayor es la posibilidad de herir o ser herido. Solo quienes amamos tienen el poder de lastimarnos, y solemos herir más a quienes nos consideran importantes. En este contexto, el Evangelio nos habla del perdón, no como algo impuesto por leyes, sino como una necesidad en las relaciones personales. Pedro, quien negó a Jesús tres veces, fue perdonado “setenta veces siete”, es decir, de forma infinita y sincera. Perdonar y pedir perdón nos humaniza, nos hace aceptar que somos amados y que amamos. Hoy, el Evangelio nos invita a reflexionar: ¿A quién necesitamos perdonar de corazón? ¿Reconocemos a quienes nos han amado y a quienes hemos lastimado?
Pensamiento del día.
“Así como el perdón de Dios es eterno y perfecto, debemos reflejar su amor con sinceridad y fervor” (Sofia Cabrera, Colegio Claretiano Lima, Perú).