13 de Septiembre de 2026

24a Semana Ordinario

San Juan Crisóstomo (407)

 

Eclesiástico 27,33–28,7: «Perdona la ofensa de tu prójimo para que se perdonen las tuyas»

Salmo 103: «El Señor es compasivo y misericordioso»

Romanos 14,7-9: «En la vida y en la muerte somos del Señor»»       

Mateo 18,21-35: «Perdona hasta setenta veces siete»

 

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarle? ¿Hasta siete veces? 

22 Le contestó Jesús: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. 

23 Por eso, el reino de los cielos se parece a un rey que decidió ajustar cuentas con sus sirvientes. 

24 Ni bien comenzó, le presentaron uno que le adeudaba diez mil monedas de oro. 

25 Como no tenía con qué pagar, mandó el rey que vendieran a su mujer, sus hijos y todas sus posesiones para pagar la deuda. 

26 El sirviente se arrodilló ante él suplicándole: ¡Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré! 

27 Compadecido de aquel sirviente, el rey lo dejó ir y le perdonó la deuda. 

28 Al salir, aquel sirviente tropezó con un compañero que le debía cien monedas. Lo agarró del cuello y mientras lo ahogaba le decía: ¡Págame lo que me debes! 

29 Cayendo a sus pies, el compañero le suplicaba: ¡Ten paciencia conmigo y te lo pagaré! 

30 Pero el otro se negó y lo hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda. 

31 Al ver lo sucedido, los otros sirvientes se sintieron muy mal y fueron a contarle al rey todo lo sucedido. 

32 Entonces el rey lo llamó y le dijo: ¡Sirviente malvado: toda aquella deuda te la perdoné porque me lo suplicaste! 

33 ¿No tenías tú que tener compasión de tu compañero como yo la tuve de ti? 

34 E indignado, el rey lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

35Así los tratará mi Padre del cielo si no perdonan de corazón a sus hermanos.

 

Comentario 

En un mundo donde la guerra y las microviolencias siguen presentes en la sociedad, la pregunta de Pedro a Jesús sigue siendo relevante: ¿cuántas veces debemos perdonar? Las lecturas de hoy nos enseñan el valor del perdón como una pieza clave de la vida comunitaria y como base para construir una sociedad distinta.

La primera lectura muestra que el perdón es un ejercicio de reciprocidad. Así lo rezamos en el Padrenuestro: “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos”. Esto implica que, si queremos un vínculo real y sincero con Dios, debemos pasar por el perdón y el amor hacia los demás.

El salmo, por su parte, nos muestra a Dios como el modelo perfecto de perdón. Su manera de tratar al ser humano y a toda la creación es un reflejo de su ternura y compasión. Dios ama y cuida nuestra fragilidad, y esto es motivo constante de gratitud.

En la carta a los Romanos, se nos recuerda que estamos hechos para vivir en comunidad y que el propósito de esa vida en común es unirnos a Dios, entregándonos con generosidad a los demás. Estos elementos —reciprocidad, fragilidad y unión a Dios— son esenciales para entender el perdón y la reconciliación. Sin ellos, no alcanzamos el sentido profundo del evangelio de hoy, donde Jesús nos enseña que el perdón es un proceso continuo (hasta setenta veces siete). Este perdón comienza en nuestro interior, aceptando nuestras propias debilidades y extendiendo esa experiencia de reconciliación a los demás.

En la parábola que nos presenta Mateo, Jesús nos muestra un cambio radical: del “ojo por ojo” a “ama a tus enemigos”. El perdón y la reconciliación son el camino de Dios, y este camino no lo comprendió el sirviente de la parábola porque seguía aferrado a una lógica de venganza, en lugar de acoger la misericordia.

El perdón nos abre una nueva manera de relacionarnos y de construir una sociedad más justa y amorosa. ¿Perdonamos a los demás como Dios nos perdona? ¿Somos misericordiosos con quienes cometen errores?

 

Pensamiento del día.

“Es importante perdonar al otro y a nosotros mismos, recordando los momentos en los que fuimos perdonados” (Matías Leandro Santoro, Colegio Claret, Bahía Blanca, Argentina).