27 de Marzo del 2026
5ª Semana de Cuaresma
San Juan de Egipto (394)
Jer 20,10-13: El Señor está conmigo, como fuerte soldado
Sal 18: «En el peligro invoqué al Señor y me escuchó»
Jn 10,31-42: Intentaron detenerlo, pero se escapó
En aquel tiempo los judíos tomaron piedras para apedrear a Jesús.
32 Él les dijo: Por encargo del Padre les hice ver muchas obras buenas: ¿por cuál de ellas me apedrean?
33 Le contestaron los judíos: Por ninguna obra buena te apedreamos sino por la blasfemia, porque siendo hombre te haces Dios.
34 Jesús les contestó: ¿No está escrito en la ley de ustedes: Yo les digo: son dioses?
35 Si la ley llama dioses a aquellos a quienes se dirigió la Palabra de Dios, y la Escritura no puede fallar,
36 ¿cómo dicen: Tú blasfemas al que el Padre consagró y envió al mundo, porque dijo que es Hijo de Dios?
37 Si no hago las obras de mi Padre, no me crean.
38 Pero si las hago, crean en las obras aunque no me crean a mí; así reconocerán y sabrán que el Padre está en mí y yo en el Padre.
39 Entonces intentaron arrestarlo de nuevo, pero él se les escapó de las manos.
40 Pasó de nuevo a la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba en otro tiempo, y se quedó allí.
41 Acudieron muchos a él y decían: Aunque Juan no hizo señal alguna, todo lo que dijo de éste era verdad.
42 Y allí, muchos creyeron en él.
Comentario
Jesús argumenta con la Escritura que es Hijo de Dios. Es el poder de la palabra de Dios lo que convierte en hijos de Dios a quienes la reciben. Sin embargo, sus adversarios lo acusan de blasfemia, pues consideran imposible que un hombre se haga Dios. Jesús responde a estas acusaciones señalando las “buenas” obras que ha realizado. Solo alguien en comunión con Dios podría hacer tales señales. Pero la autoridad religiosa de su tiempo no acepta novedades ni cambios, ya que está más preocupada por preservar su propia existencia que por la vida futura. Como cristianos, creemos que en el bautismo somos hechos hijos de Dios, pero esto ocurre por medio de una palabra que se pronuncia y se recibe, y por las obras que derivan de ello. Es la “Palabra” de Dios la que guía la vida y acción del creyente. Si alguien observase nuestras actitudes, ¿podría decir que vivimos como hijos e hijas de Dios? ¿Por qué?
Pensamiento del día.
“Jesús nos desafía a cuestionarnos si estamos realmente dispuestos a reconocer y aceptar la verdad de Cristo, incluso cuando contrasta con nuestras creencias preconcebidas” (María Fernanda Anaya, Colegio Claretiano Lima, Perú).