30 de Enero del 2026

3a Semana Ordinario 

Santa Jacinta de Mariscotti (1640) 

 

2Sm 11,1-4a.5-10a.13-17: Te has burlado de mí casándote con la mujer de Urías.

Sal 51: «Misericordia, Señor, que hemos pecado»    

Mc 4,26-34: ¿Con qué compararemos el reino de Dios?

Enseñó Jesús: El reinado de Dios es como un hombre que sembró un campo: 

27 de noche se acuesta, de día se levanta, y la semilla germina y crece sin que él sepa cómo. 

28 La tierra por sí misma produce fruto: primero el tallo, después la espiga, después grana el trigo en la espiga. 

29 En cuanto el grano madura, mete la hoz, porque ha llegado la cosecha. 

30 Decía también: ¿Con qué compararemos el reinado de Dios? ¿Con qué parábola lo explicaremos? 

31 Con una semilla de mostaza: cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de las semillas; 

32 después de sembrada crece y se hace más alta que las demás hortalizas, y echa ramas tan grandes que las aves pueden anidar a su sombra. 

33 Con muchas parábolas semejantes les exponía el mensaje adaptándolo a la capacidad de sus oyentes. 

34 Sin parábolas no les exponía nada; pero en privado, a sus discípulos les explicaba todo.

Comentario 

El evangelio de hoy nos invita a reflexionar sobre el Reino de Dios, ese Reino que pedimos venga a nosotros cada vez que rezamos el Padre Nuestro. Jesús nos presenta dos parábolas. La primera compara el Reino con una semilla que el agricultor siembra. La primera parte del proceso depende del sembrador, pero la germinación es autónoma, igual que el Reino de Dios, que no depende solo de quien lo proclama, sino de Dios mismo. Es Dios quien dinamiza su Reino, y nos llama a ser sus colaboradores en su construcción. La cosecha, una imagen sencilla y hermosa, nos ayuda a entender lo que ocurrirá cuando el Reino se instaure plenamente. La alegría del agricultor y su familia en la cosecha es inmensa, acompañada de un profundo agradecimiento a Dios, quien provee el pan y asegura la vida. Así, el Reino de Dios es alegría, gratitud, vida plena, justicia y alimento para todos. Es la presencia misma de Dios en medio de la comunidad, un motivo de celebración y esperanza para todos nosotros.  

Pensamiento del día.

“En su Palabra encontramos muchas expresiones de su amor. Es como si Él hubiera buscado distintas maneras de manifestarlo para ver si con alguna de esas palabras podía llegar a tu corazón” (ChV 114).