19 de Julio de 2026
16a Ordinario
Santas Justa y Rufina (287)
San Arsenio (450)
Sabiduría 12,13.16-19: «En el pecado, das lugar al arrepentimiento»
Salmo 86: «Tú, Señor, eres bueno y clemente»
Romanos 8,26-27: El Espíritu intercede con gemidos inefable»
Mateo 13,24-43: «Déjenlos crecer juntos hasta la siega»
Les contó otra parábola: El reino de los cielos es como un hombre que sembró semilla buena en su campo.
25 Pero, mientras la gente dormía, vino su enemigo y sembró cizaña en medio del trigo, y se fue.
26 Cuando el tallo brotó y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña.
27 Fueron entonces los sirvientes y le dijeron al dueño: Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿De dónde le viene la cizaña?
28 Les contestó: Un enemigo lo ha hecho. Le dijeron los sirvientes: ¿Quieres que vayamos a arrancarla?
29 Les contestó: No; porque, al arrancarla, van a sacar con ella el trigo.
30 Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha. Cuando llegue el momento, diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña, y en atados échenla al fuego; luego recojan el trigo y guárdenlo en mi granero.
31 Les contó otra parábola: El reino de los cielos se parece a una semilla de mostaza que un hombre toma y siembra en su campo.
32 Es más pequeña que las demás semillas; pero, cuando crece, es más alta que otras hortalizas; se hace un árbol, vienen los pájaros y anidan en sus ramas.
33 Les contó otra parábola: El reino de los cielos se parece a la levadura: una mujer la toma, la mezcla con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta.
34 Todo esto se lo expuso Jesús a la multitud con parábolas; y sin parábolas no les expuso nada.
35 Así se cumplió lo que anunció el profeta: Voy a abrir la boca pronunciando parábolas, profiriendo cosas ocultas desde la creación del mundo.
36 Después, despidiendo a la multitud, entró en casa. Se le acercaron los discípulos y le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña.
37 Él les contestó: El que sembró la semilla buena es el Hijo del Hombre;
38 el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los súbditos del Maligno;
39 el enemigo que la siembra es el Diablo; la cosecha es el fin del mundo; los cosechadores son los ángeles.
40 Como se junta la cizaña y se echa al fuego, así sucederá al fin del mundo:
41 El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles que recogerán de su Reino todos los escándalos y los malhechores;
42 y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el crujir de dientes.
43 Entonces, en el reino de su Padre, los justos brillarán como el sol. El que tenga oídos que escuche.
Comentario
Las lecturas de este domingo nos llenan de alegría con la noticia de que Dios ha sembrado en el mundo bondad, compasión, indulgencia y moderación. Nos recuerdan que, aunque vivimos en un mundo lleno de belleza, también existen el dolor y la injusticia debido a la libertad que Dios otorgó a la humanidad. La maldad no proviene de Dios, sino de aquellos que eligen sembrar sufrimiento. Sin embargo, Pablo nos anima en su carta a los romanos, asegurándonos que el Espíritu de Dios está siempre activo en medio de este conflicto. El Espíritu nos sostiene y acompaña en las dificultades que enfrentamos al ser fieles al proyecto de Dios.
En la parábola de Jesús, se nos revela que el terreno donde actúa Dios es la historia humana. Toda la humanidad está sembrada con la Palabra de vida, que aunque pequeña e insignificante como una semilla de mostaza, está llena de vida y potencial. Esa semilla crece hasta convertirse en un árbol grande, capaz de dar refugio a todas las personas del mundo. En el fondo, Jesús nos dice que Él mismo es esa semilla, y también lo somos nosotros, sus seguidores. Nuestra misión es hacer crecer esta semilla del Reino de Dios en el mundo.
Jesús nos da una identidad única: nos llama "ciudadanos del Reino" (Mt 13,38). Este es el título más precioso que podemos recibir. Nuestra tarea es construir, animar y celebrar el Reino de Dios, ese sueño, esa causa que es la agenda de Dios en el mundo. Sin embargo, la parábola también nos advierte que hay sembradores del "anti-reino", sembradores de cizaña. A menudo, la tentación es querer arrancar la cizaña de manera violenta, pero Jesús nos recuerda que, al hacerlo, podemos dañar también el trigo. Dios es compasivo y paciente, esperando que la cizaña pueda convertirse en trigo.
Dios es quien al final purificará la cosecha, cuidando con cariño la buena semilla. El salmo de este domingo refleja esta causa de Dios, quien siembra vida y se interesa por nosotros, pidiéndole que nos enseñe su camino. ¿Te reconoces como ciudadano o ciudadana del Reino? ¿Tus palabras, acciones y decisiones reflejan los valores del Reino de Dios?
Pensamiento del día.
“Recuerda: En el reino de su Padre, los justos brillarán como el sol. Y tú puedes confiar en esta promesa” (Sofía Fourment, Colegio Fátima Montevideo, Uruguay).