20 de Septiembre de 2026
25a Semana Ordinario
Santos Andrés Kim Taegon, Pablo Chong y comp. (1846) San Gaetano Catanoso (1963)
Isaías 55,6-9: «Mis planes no son sus planes»
Salmo 145: «Cerca está el Señor de los que lo invocan»
Filipenses 1,20c-24.27a: «Para mí la vida es Cristo»»
Mateo 20,1-16: «¿Vas a tenerme envidia porque soy bueno?»
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El reino de los cielos se parece a un hacendado que salió de mañana a contratar trabajadores para su viña.
2 Cerró trato con ellos en un denario al día y los envió a su viña.
3 Volvió a salir a media mañana, vio en la plaza a otros que no tenían trabajo
4 y les dijo: Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo debido.
5 Ellos se fueron. Volvió a salir a mediodía y a media tarde e hizo lo mismo.
6 Al caer de la tarde salió, encontró otros que no tenían trabajo y les dijo: ¿Qué hacen aquí ociosos, todo el día sin trabajar?
7 Le contestan: Nadie nos ha contratado. Y él les dice: Vayan también ustedes a mi viña.
8 Al anochecer, el dueño de la viña dijo al capataz: Reúne a los trabajadores y págales su jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.
9 Pasaron los del atardecer y recibieron su jornal.
10 Cuando llegaron los primeros, esperaban recibir más; pero también ellos recibieron la misma paga.
11 Al recibirlo, se quejaron contra el hacendado:
12 Estos últimos han trabajado una hora y les has pagado igual que a nosotros, que hemos soportado la fatiga y el calor del día.
13 Él contestó a uno de ellos: Amigo, no estoy siendo injusto; ¿no habíamos cerrado trato en un denario?
14 Entonces toma lo tuyo y vete. Que yo quiero dar al último lo mismo que a ti.
15 ¿O no puedo yo disponer de mis bienes como me parezca? ¿Por qué tomas a mal que yo sea generoso?
16 Así los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos.
Comentario
La Palabra de este domingo nos invita a contemplar la sorprendente lógica de Dios, que desborda nuestras categorías humanas de justicia y mérito. El profeta Isaías nos recuerda que los caminos de Dios no son nuestros caminos y que sus pensamientos son infinitamente más altos que los nuestros. Una invitación a dejar nuestros cálculos humanos y a confiar en la misericordia infinita de Dios, que no discrimina ni mide a nadie por sus méritos.
San Pablo comparte su conflicto interno: nos enseña que la vida cristiana implica entregarse al servicio de los demás, aun cuando sus deseos personales lo lleven en otra dirección. Vivir en Cristo es estar al servicio de su Reino aquí y ahora, siendo testigos de su amor en cada una de nuestras opciones. El desafío está en la coherencia y en el cuidado de la vida.
En el Evangelio, Jesús presenta la parábola de los trabajadores de la viña, una historia que desafía nuestra idea de justicia. Los últimos reciben el mismo salario que los primeros. ¿Por qué? Porque el Reino de Dios no se rige por el mérito, sino por la gracia. Esta parábola nos invita a reconocer que todo lo que tenemos es un don, y que la generosidad de Dios no disminuye por el hecho de que otros también la reciban.
En nuestra vida cotidiana, estas lecturas nos desafían a mirar a los demás con los ojos de Dios, libres de envidias y juicios. Nuestras comunidades han de convertirse en espacios de justicia, donde toda persona sea tratada con dignidad, amor y respeto; que todos sus miembros tengan la oportunidad de trabajar en la viña del Señor, más allá de si lo merece o no. En un mundo donde el individualismo y la competitividad marcan las relaciones, este mensaje nos exhorta a cultivar relaciones solidarias, donde prevalezca el anhelo de compartir y el respeto por la diversidad de dones y realidades.
Permitamos que la gracia de Dios transforme nuestro corazón para vivir en la lógica del Reino. No dejemos que la envidia, el egoísmo y la competitividad ganen terreno e nuestra vida, y abracemos una vida que refleje la generosidad de Dios. Seamos constructores de justicia, acogiendo a todos como hermanos y hermanas en la gran viña de Dios, donde nadie queda excluido y todos somos amados sin medida.
Pensamiento del día.
“Dios nos abre sus puertas sin importar nuestro tiempo de llegada a Él” (Milagros Picardi, Colegio Claret, Bahía Blanca, Argentina).