4 de Octubre de 2026

27a Semana Ordinario

San Francisco de Asís (1226)

 

Isaías 5,1-7: La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel

Salmo 80: La viña del Señor es la casa de Israel

Filipenses 4,6-9: «Pon esto por obra, y el Dios de la paz estará con ustedes»»     

Mateo 21,33-43: Arrendará la viña a otros labradores

 

En aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo: Escuchen otra parábola: Un hacendado plantó una viña, la rodeó con una tapia, cavó un lagar y construyó una torre; después la arrendó a unos viñadores y se fue. 

34 Cuando llegó el tiempo de la cosecha, mandó a sus sirvientes para recoger de los viñadores el fruto que le correspondía. 

35 Pero los viñadores agarraron a los sirvientes y a uno lo golpearon, a otro lo mataron, y al tercero lo apedrearon. 

36 Envió otros sirvientes, más numerosos que los primeros, y los trataron de igual modo. 

37 Finalmente les envió a su hijo, pensando que respetarían a su hijo. 

38 Pero los viñadores, al ver al hijo, comentaron: Es el heredero. Lo matamos y nos quedamos con la herencia. 

39 Agarrándolo, lo echaron fuera de la viña y lo mataron. 

40 Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿cómo tratará a aquellos viñadores? 

41 Le respondieron: Acabará con aquellos malvados y arrendará la viña a otros viñadores que le entreguen su fruto a su debido tiempo. 

42 Jesús les dijo: ¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular; es el Señor quien lo ha hecho y nos parece un milagro? 

43 Por eso les digo que a ustedes les quitarán el reino de Dios y se lo darán a un pueblo que produzca sus frutos.

 

Comentario 

El evangelio de este domingo nos presenta la parábola de los viñadores, una historia que refleja el rechazo constante al mensaje de Dios. Jesús relata cómo el dueño de una viña, símbolo del amor y cuidado de Dios por su pueblo, envía a sus siervos y finalmente a su propio hijo para recoger los frutos, pero todos son rechazados o asesinados. La viña es Israel, y los viñadores representan a los líderes religiosos que no supieron cuidar lo que Dios les confió. Al final, Jesús advierte que el Reino será dado a un pueblo que produzca frutos.

Esta parábola es una invitación para todos los cristianos: somos los nuevos viñadores. Dios nos ha confiado su viña, que es la familia, la comunidad y el mundo, para que demos frutos de justicia, paz y amor. ¿Cómo estamos respondiendo? En lugar de rechazar al Hijo, estamos llamados a reconocerlo como el fundamento de nuestra vida.

El texto de Isaías refuerza esta idea al mostrar cómo Dios esperaba uvas buenas de su viña, pero recibió frutos amargos. La reflexión es clara: nuestra vida debe dar frutos que correspondan al cuidado amoroso de Dios. Por su parte, Pablo en Filipenses nos invita a vivir en paz, confiando en el Señor y practicando todo lo que es verdadero, noble y justo.

Hoy, como viñadores del Reino, renovemos nuestro compromiso con Dios. Que nuestras obras hablen de nuestra fe, y que nuestra vida sea un reflejo de su amor. Pidamos al Señor que nos dé un corazón generoso y atento, capaz de producir frutos que aprendamos a compartir y no a acaparar.

Señor, tú nos has confiado tu viña con amor y paciencia. Perdona nuestras omisiones y falta de compromiso. Danos un corazón nuevo, dispuesto a producir frutos de justicia y amor. Haz que nuestras palabras y acciones reflejen tu presencia en el mundo. Que nunca rechacemos tu llamado, sino que vivamos con fidelidad, dando testimonio de tu Reino. Amén.

   

Pensamiento del día.

“Dios confía en nosotros para el cuidado de la Madre Tierra, nuestra Casa Común, pero nos recuerda que solo daremos frutos si somos personas justas y compasivas” (Joven de la Pastoral Juvenil de Centroamérica).