7 de Agosto de 2026
18a Semana Ordinario
San Sixto (258)
San Cayetano (1547)
Nah 2,1.3; 3,1-3.6-7: ¡Ay de la ciudad sangrienta!
Interleccional Deut 32: «Yo doy la muerte y la vida»»
Mt 16,24-28: ¿Qué precio pagará un hombre por su vida?
En aquel tiempo Jesús dijo a los discípulos: El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga.
25 El que quiera salvar su vida la perderá; pero quien pierda la vida por mi causa la conservará.
26 ¿De qué le vale al hombre ganar todo el mundo si pierde su vida?, ¿qué precio pagará por su vida?
27 El Hijo del Hombre ha de venir con la gloria de su Padre y acompañado de sus ángeles. Entonces pagará a cada uno según su conducta.
28 Les aseguro: Hay algunos de los que están aquí que no morirán antes de ver al Hijo del Hombre venir en su Reino.
Comentario
Todos nosotros, lectores de los evangelios, hemos escuchado la invitación de Jesús a seguirle. Jesús no estableció una oficina ni un lugar fijo para reclutar seguidores. Cualquier momento y lugar era propicio: en la orilla del mar, en una barca, caminando, en una sinagoga o durante una comida multitudinaria. La escuela de Jesús es la vida misma, porque es la vida de todos la que debe recibir la buena noticia del evangelio. Seguir a Jesús implica tomar su cruz, es decir, estar dispuestos a vivir las causas que lo llevaron a la cruz. No se trata solo de las cruces cotidianas, como enfermedades o dificultades, sino de las que vienen por ser fieles al Reino. Para ello, debemos renunciar a nosotros mismos, como lo hizo Jesús, que, siendo de condición divina, no se aferró a su estatus, sino que se entregó hasta la muerte en cruz (Flp 2,6-8). Vivamos con alegría nuestra identidad de discípulos, entregando la vida con amor. ¿Te sientes feliz siendo discípulo-misionero para que nuestros pueblos tengan vida?
Pensamiento del día.
“Seguir a Jesús implica renunciar por amor, recordando siempre que lo eterno tiene un valor incomparable frente a las ganancias pasajeras” (Alexandra Soto, Inst. Claret Temuco, Chile).