Antes de Epifanía
Dulce Nombre de Jesús
1Jn 2,29–3,6: Los que permanecen en Dios, no pecan
Sal 98: «Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios»
Jn 1,29-34: «He aquí al Cordero de Dios»
Juan Bautista vio acercarse a Jesús y dijo: Ahí está el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
30 De él yo dije: Detrás de mí viene un hombre que es más importante que yo, porque existía antes que yo.
31 Yo no lo conocía, pero vine a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel.
32 Juan dio este testimonio: Contemplé al Espíritu, que bajaba del cielo como una paloma y se posaba sobre él.
33 Yo no lo conocía; pero el que me envió a bautizar me había dicho: Aquel sobre el que veas bajar y posarse el Espíritu es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.
34 Yo lo he visto y atestiguo que él es el Hijo de Dios.
Comentario
En la lectura de hoy, Juan el Bautista presenta a Jesús como el Cordero y el Hijo de Dios. Comparte su visión del momento en que bautizó a Jesús: vio al Espíritu bajar como una paloma y quedarse sobre Él, confirmando así su identidad divina. Jesús experimentó esa presencia del Espíritu al inicio de su misión pública, lo que reafirmó su vínculo único con el Padre. Tanto Juan como los primeros discípulos de Jesús vivieron profundas experiencias místicas que fundamentaron su misión. Nos invita a preguntarnos: ¿hemos experimentado alguna vez una unión espiritual con Dios? Nuestro testimonio se fortalece cuando surge de nuestra propia vivencia espiritual o experiencia misionera.
Pensamiento del día.
“El Evangelio dice que su bautismo fue motivo de la alegría y del beneplácito del Padre: Tú eres mi Hijo amado” (ChV 25).