31 de Enero del 2026

3a Semana Ordinario 

Santa Marcela Romana (410)

San Juan Bosco (1888

 

2Sm 12,1-7a.10-17: «He pecado contra el Señor»

Sal 51: «Oh Dios, crea en mí un corazón puro»    

Mc 4,35-41: «¿Aún no tienen fe?»

Aquel día al atardecer Jesús dijo a sus discípulos: Pasemos a la otra orilla. 

36 Ellos despidieron a la gente y lo recogieron en la barca tal como estaba; otras barcas lo acompañaban. 

37 Se levantó un viento huracanado, las olas rompían contra la barca, que se estaba llenando de agua. 

38 Él dormía en la popa sobre un cojín. Lo despiertan y le dicen: Maestro, ¿no te importa que naufraguemos? 

39 Él se levantó, increpó al viento y ordenó al mar: ¡Calla, enmudece! El viento cesó y sobrevino una calma perfecta. 

40 Y les dijo: ¿Por qué son tan cobardes? ¿Aún no tienen fe? 

41 Llenos de temor se decían: ¿Quién es éste, que hasta el viento y el lago le obedecen?

Comentario 

La escena de los discípulos en la barca, enfrentando vientos y olas mientras Jesús duerme, es una imagen que refleja la realidad actual. Hoy, la Iglesia también se ve sacudida, tanto desde dentro como desde fuera. Pero, a diferencia de la escena, Jesús no duerme; Él está resucitado y presente entre nosotros. Entonces, ¿por qué sentimos miedo y desconfianza? ¿Será que hemos puesto nuestra fe en nuestras propias fuerzas en lugar de en Él? La barca con los discípulos representa a la Iglesia, que navega por mares agitados. No podemos llegar a la otra orilla sin la presencia del Señor. Es hora de “despertar” a Jesús, que parece dormido en medio de la Iglesia, de reducir el protagonismo de la institución y de quienes la representan, y permitir que Jesús se levante y fortalezca nuestra fe. Solo así podremos seguir navegando con esperanza y confianza, sabiendo que llegaremos al puerto seguro del Reino de Dios, guiados por el Señor que está en medio de nosotros.  

Pensamiento del día.

“Intenta quedarte un momento en silencio dejándote amar por Él. Intenta acallar todas las voces y gritos interiores y quédate un instante en sus brazos de amor” (ChV 115).