17 de Marzo del 2026

4ª Semana de Cuaresma 

San Patricio (461)

 

Ez 47,1-9.12: Vi que manaba agua del lado derecho del templo, y habrá vida

Sal 46: «El Señor de los ejércitos está con nosotros»

Jn 5,1-3.5-16: Al momento aquel hombre quedó sano

 

En aquel tiempo, celebraban los judíos una fiesta, y Jesús subió a Jerusalén. 

2 Hay en Jerusalén, junto a la puerta de los Rebaños, una piscina llamada en hebreo Betesda, que tiene cinco pórticos. 

3 Yacía en ellos una multitud de enfermos, ciegos, cojos y lisiados, que aguardaban a que se removiese el agua. 

5 Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. 

6 Jesús lo vio acostado y, sabiendo que llevaba así mucho tiempo, le dice: ¿Quieres sanarte? 

7 Le contestó el enfermo: Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua. Cuando yo voy, otro se ha metido antes. 

8 Le dice Jesús: Levántate, toma tu camilla y camina. 

9 Al instante aquel hombre quedó sano, tomó su camilla y empezó a caminar. Pero aquel día era sábado, 

10 por lo cual los judíos dijeron al que se había sanado: Hoy es sábado, no puedes transportar tu camilla. 

11 Les contestó: El que me sanó me dijo que tomara mi camilla y caminara. 

12 Le preguntaron: ¿Quién te dijo que la tomaras y caminaras? 

13 Pero el hombre sanado lo ignoraba, porque Jesús se había retirado de aquel lugar tan concurrido. 

14 Más tarde lo encuentra Jesús en el Templo y le dice: Mira que has sanado. No vuelvas a pecar, no te vaya a suceder algo peor. 

15 El hombre fue y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. 

16 Por ese motivo perseguían los judíos a Jesús, por hacer tales cosas en sábado.

 

Comentario 

La pregunta de Jesús al lisiado parece directa: “¿Quieres sanar?” Pero detrás de esta pregunta hay un mensaje profundo. La enfermedad no solo afecta al cuerpo, sino también al corazón y la mente. El enfermo puede sentirse aislado, dependiente y con poca autoestima, como lo refleja la respuesta del lisiado. Jesús no solo lo sana físicamente, sino que lo restaura en su dignidad. Esto nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con los enfermos, tanto en casa como en hospitales o centros de cuidado. ¿Los acompañamos o los dejamos solos con su dolor? Incluir a los enfermos en nuestras relaciones significa devolverles confianza y valor. También es un llamado a cuidar nuestra propia salud, física y emocional, porque solo estando bien podemos servir a los demás. ¿Qué podemos hacer hoy para apoyar a un enfermo cercano y mejorar nuestra salud?

 

Pensamiento del día.

“Confiar en el poder de Dios para sanarnos no solo físicamente, sino también espiritualmente, y recordar que la verdadera fe debe ir más allá de cumplir reglas” (Lucía Purizaca, Colegio Claretiano Lima, Perú).