1a Semana Ordinario
San Félix de Nola (260)
San Devasahayam Pillai (1752)
1Sm 3,1-10.19-20: «Habla, Señor, que tu siervo te escucha»
Sal 40: «Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad»
Mc 1,29-39: Sanó a enfermos de diversas dolencias.
Al salir Jesús de la sinagoga con Santiago y Juan se dirigió a casa de Simón y Andrés.
30 La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo comunicaron inmediatamente.
31 Él se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.
32 Al atardecer, cuando se puso el sol, le llevaron toda clase de enfermos y endemoniados.
33 Toda la población se agolpaba a la puerta.
34 Él sanó a muchos enfermos de dolencias diversas y expulsó muchos demonios, pero a éstos no les permitía hablar, porque sabían quién era él.
35 Muy de madrugada se levantó, salió y se dirigió a un lugar despoblado, donde estuvo orando.
36 Simón y sus compañeros salieron tras él
37 y, cuando lo alcanzaron, le dijeron: Te están buscando todos.
38 Les respondió: Vámonos de aquí a los pueblos vecinos, para predicar también allí, pues a eso he venido.
39 Y fue predicando y expulsando demonios en las sinagogas por toda la Galilea.
Comentario
Marcos nos muestra a Jesús en la sinagoga, un lugar de oración y encuentro para la comunidad judía. Aunque su enseñanza impacta en la sinagoga, su acción ahora se traslada a un espacio más íntimo: la casa de Pedro. Este cambio de escenario marca una ruptura con la sinagoga y, más adelante, con el templo. La voz de Dios que Samuel escucha en el templo, según la primera lectura, ahora se manifiesta a través de Jesús, quien predica en las casas y calles, anunciando el Reino de Dios. Nos toca reflexionar: ¿Dónde escuchamos la voz de Dios hoy? ¿Solo dentro del templo, como Samuel, o también fuera, en el día a día? Dios siempre nos llama, se manifiesta y nos espera. La pregunta es si estamos dispuestos a dejarnos transformar por su palabra y acción, y a salir de nosotros mismos para encontrarnos con el vecino, el hermano, el pobre que también nos necesita.
Pensamiento del día.
“El corazón de cada joven debe por tanto ser considerado tierra sagrada, portador de semillas de vida divina, ante quien debemos descalzarnos para poder acercarnos y profundizar en el Misterio” (ChV 67).