8 de Febrero del 2026

5º Ordinario

San Jerónimo Emiliani (1513)

 

Isaías 58,7-10: Romperá tu luz como la aurora 

Salmo 112: El justo brilla en las tinieblas como una luz 

1 Corintios 2,1-5: «Les anuncié el misterio de Cristo crucificado»

Mateo 5,13-16: «Ustedes son la luz del mundo»

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Ustedes son la sal de la tierra: si la sal se vuelve sosa, ¿con qué se le devolverá su sabor? Sólo sirve para tirarla y que la pise la gente. 

14 Ustedes son la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad construida sobre un monte. 

15 No se enciende una lámpara para meterla en un cajón, sino que se pone en el candelero para que alumbre a todos en la casa. 

16 Brille igualmente la luz de ustedes ante los hombres, de modo que cuando ellos vean sus buenas obras, glorifiquen al Padre de ustedes que está en el cielo.

 

Comentario 

La propuesta del profeta Isaías sigue siendo oportuna y vigente: si queremos seguir al Señor y que su luz se haga presente en nuestras vidas, el camino es claro: “Comparte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que ves desnudo y no te desentiendas de tu hermano”. Estas acciones constituyen el primer momento, que lleva al segundo momento: “surgirá tu luz en las tinieblas, y tu oscuridad se volverá mediodía”. 

Estos dos momentos están vinculados. Para quienes no comprenden o no aceptan el primero, será difícil que la luz del Señor resplandezca en ellos. El profeta es claro: la justicia y el amor al prójimo son los pasos iniciales para que la luz divina nos ilumine.

En la segunda lectura, Pablo declara el contenido esencial de su predicación: Cristo crucificado. A partir de este mensaje, el apóstol se dirige a los corintios mostrándose débil, reconociendo que toda fuerza proviene de Dios. Es una enseñanza crucial para la Iglesia de hoy. Necesitamos una Iglesia que, como Pablo, reconozca su debilidad y sea consciente del kerygma (mensaje de salvación) que lleva en su corazón: Cristo crucificado. Mientras sigamos mostrándonos arrogantes, prepotentes y autoritarios, especialmente con los más débiles, la luz del Señor no brillará en medio de nosotros. Estaremos lejos de ser la Iglesia de Jesucristo crucificado.

El evangelio de Mateo retoma la imagen de la luz y añade la de la sal. Jesús nos llama a ser “sal y luz del mundo”. La luz, retomando lo que plantea Isaías, es una imperativa para los discípulos: debemos ser luz, no solo para nosotros, sino para los demás. Al ponernos frente a la luz de Cristo, quedamos iluminados, pero también expuestos. Todos los rincones de nuestra vida serán inundados por esa luz, purificándonos. Por eso, el evangelio advierte contra esconderla: la luz debe estar en alto para cumplir su función.

La imagen de la sal refuerza la de la luz. Ambas son complementarias: la sal preserva, da sabor, y la luz ilumina. Jesús nos exhorta a ser “sal” y “luz”, como dos lentes a través de los cuales contemplamos al Cristo crucificado. Como discípulos y mensajeros de este Cristo, estamos llamados a poner manos a la obra en la construcción del Reino.

 

Pensamiento del día.

“Tú eres mi esperanza Señor, mi confianza está en ti desde joven… me instruiste desde joven y anuncié hasta hoy tus maravillas” (ChV 17).

7 de Febrero del 2026

4a Semana Ordinario

Santa Juliana de Florencia (s. IV)

 

1Re 3,4-13: Da a tu siervo un corazón dócil

Sal 119: «Enséñame, Señor, tus leyes» 

Mc 6,30-34: Estaban como ovejas sin pastor

Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. 

31 Él les dice: Vengan ustedes solos, a un paraje despoblado, a descansar un rato. Porque los que iban y venían eran tantos, que no les quedaba tiempo ni para comer. 

32 Así que se fueron solos en barca a un paraje despoblado. 

33 Pero muchos los vieron marcharse y se dieron cuenta. De todos los poblados fueron corriendo a pie hasta allá y se les adelantaron. 

34 Al desembarcar, vio una gran multitud y sintió lástima, porque eran como ovejas sin pastor. Y se puso a enseñarles muchas cosas.

 

Comentario 

El evangelio de hoy nos muestra a los discípulos regresando a Jesús tras haber cumplido con su misión. El maestro quiere escucharlos a solas y los invita a retirarse, pero la multitud los sigue, buscando a Jesús, quien finalmente multiplica el pan y lo comparte. Es importante destacar los tres verbos que marcan la acción de Jesús: ver, sentir y enseñar. La mirada de Jesús es profunda, desde el corazón. Identifica a los pobres y marginados, los reconoce, y ellos se sienten reconocidos. Luego, siente misericordia por ellos, un sentimiento que nace de un corazón lleno del amor de Dios. Finalmente, les enseña. Estas tres cualidades deben estar presentes en todo pastor: ver y reconocer a su gente, especialmente a los más frágiles y vulnerables; sentir amor misericordioso; e instruir con sabiduría. Si un pastor carece de estas habilidades mínimas, no puede pastorear. Pidamos al buen Dios que haga de nosotros buenos pastores y que nuestra Iglesia esté llena de pastores con estas cualidades.

Pensamiento del día.

“El Evangelio nos pide ser audaces…, sin presunción y sin hacer proselitismo, dando testimonio del amor del Señor y tendiendo la mano a todos los jóvenes del mundo” (ChV 235). 

6 de Febrero del 2026

4a Semana Ordinario

San Alfonso María Fusco (1910)

San Pablo Miki y compañeros (1597)

 

Eclo 47,2-11: De todo corazón amó David a su Creador

Sal 18: Bendito sea mi Dios y Salvador 

Mc 6,14-29: Muerte de Juan el Bautista

El rey Herodes se enteró, porque la fama de Jesús se divulgaba, y pensaba que Juan el Bautista había resucitado de entre los muertos y por eso tenía poderes milagrosos. 

15 Pero otros decían que era Elías y otros que era un profeta como los clásicos. 

16 Herodes lo oyó y dijo: Juan, a quien yo hice decapitar, ha resucitado. 

17 Herodes había mandado arrestar a Juan y lo había encarcelado, por instigación de Herodías, esposa de su hermano Felipe, con la que se había casado. 

18 Juan le decía a Herodes que no le era lícito tener a la mujer de su hermano. 

19 Herodías le tenía rencor y quería darle muerte; pero no podía, 

20 porque Herodes respetaba a Juan; sabiendo que era hombre honrado y santo, lo protegía; hacía muchas cosas aconsejado por él y lo escuchaba con agrado. 

21 Llegó la oportunidad cuando, para su cumpleaños, Herodes ofreció un banquete a sus dignatarios, sus comandantes y a la gente principal de Galilea. 

22 Entró la hija de Herodías, bailó y gustó a Herodes y a los convidados. El rey dijo a la muchacha: Pídeme lo que quieras, que te lo daré. 

23 Y juró: Aunque me pidas la mitad de mi reino, te lo daré. 

24 Ella salió y preguntó a su madre: ¿Qué le pido? Le respondió: La cabeza de Juan el Bautista. 

25 Entró enseguida, se acercó al rey y le pidió: Quiero que me des inmediatamente, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista. 

26 El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y por los convidados, no quiso contrariarla

27 Y despachó inmediatamente a un Verdugo con orden de traer la cabeza de Juan. El verdugo fue y lo decapitó en la prisión, 

28 trajo en una bandeja la cabeza y se la entregó a la muchacha; ella se la entregó a su madre. 

29 Sus discípulos, al enterarse, fueron a recoger el cadáver y lo pusieron en un sepulcro.

 

Comentario 

El martirio de Juan Bautista resalta el costo de proclamar la verdad. En el evangelio de hoy, Herodes cree que Jesús es Juan resucitado, mostrando la inquietud del poder frente a quienes denuncian el pecado. Aunque Herodes respetaba a Juan, no dudó en silenciarlo por presión y conveniencia. Juan murió por defender la justicia, y Jesús asumió esa misma valentía, enseñando que la verdad no se negocia. Hoy, la corrupción y la mentira siguen queriendo callar a quienes luchan por el bien común. Como discípulos, estamos llamados a vivir con la misma fuerza profética de Juan y Jesús, proclamando con valentía el Reino de Dios. ¿Nos atrevemos a defender la verdad frente a las injusticias de nuestro tiempo?

Pensamiento del día.

“Son muchos los jóvenes que, por constricción o falta de alternativas, viven perpetrando delitos y violencias: niños soldados, bandas armadas y criminales, tráfico de droga, terrorismo, etc.” (ChV 72). 

5 de Febrero del 2026

4a Semana Ordinario

San José Ma de Yermo y Parres (1904)

 

1Re 2,1-4.10-12: Yo emprendo el viaje de todos. ¡Ánimo, Salomón, sé un hombre! 

Interleccional 1Cró 29: «Tú eres Señor del universo» 

Mc 6,7-13: Los envió de dos en dos

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. 

8 Les encargó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja; 

9 que calzaran sandalias pero que no llevaran dos túnicas. 

10 Les decía: Cuando entren en una casa, quédense allí hasta que se marchen. 

11 Si en un lugar no los reciben ni los escuchan, salgan de allí y sacudan el polvo de los pies como protesta contra ellos. 

12 Se fueron y predicaban que se arrepintieran; 

13 expulsaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban.

 

Comentario 

Jesús envía a los doce apóstoles de dos en dos, dándoles instrucciones claras, especialmente sobre el contenido de su predicación. Atendamos a tres aspectos de su Buena Noticia que pueden motivar nuestra vida y compromiso cristiano:

1. El arrepentimiento, que lleva al perdón y a la reconciliación, es el primer punto de su mensaje. Este es el fundamento de todo lo demás, subrayando la importancia de la conversión.  

2. La expulsión de demonios, algo que Jesús hacía a menudo. Seguro que identificaremos muchas heridas internas que, en la mayoría de ocasiones, perduran abiertas con el paso de los años.  

3. La unción de los enfermos, una práctica que la Iglesia ha cuidado con gran sensibilidad a lo largo de los siglos. La misericordia hacia los enfermos y desvalidos está en el corazón de Dios.

Estas tres acciones, juntas, manifiestan la presencia transformadora de Dios en medio de su pueblo.

Pensamiento del día.

“El valor del testimonio no significa que se deba callar la palabra” (ChV 176).

 

4 de Febrero del 2026

4a Semana Ordinario

San Andrés Corsini (1373)

 

2Sm 24,2.9-17 Perdona la culpa de tu siervo, porque he hecho una locura

Sal 32: «Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado» 

Mc 6,1-6: A un profeta lo desprecian sólo en su patria

Saliendo de allí, Jesús se dirigió a su ciudad, acompañado de sus discípulos. 

2 Un sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud que lo escuchaba comentaba asombrada: ¿De dónde saca éste todo eso? ¿Qué clase de sabiduría se le ha dado, que tamaños milagros realiza con sus manos? 

3 ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago y José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas? Y esto era para ellos un obstáculo. 

4 Jesús les decía: A un profeta lo desprecian sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa. 

5 Y no podía hacer allí ningún milagro, salvo unos pocos enfermos a quienes impuso las manos y curó. 

6 Y se asombraba de su incredulidad. Después recorría las aldeas vecinas enseñando.

 

Comentario 

El evangelio de hoy nos muestra a Jesús en su ciudad, Nazaret, enseñando en la sinagoga un sábado. Sus vecinos y conocidos se admiran de sus enseñanzas, pero rápidamente comienzan a cuestionar su legitimidad, pues saben de dónde viene y quién es su familia. Este conocimiento, que debería jugar a su favor, termina siendo un obstáculo. La reacción de su gente impide que Jesús realice muchos milagros, como señala el evangelio. Esta escena nos invita a reflexionar sobre nuestra vivencia de comunidad eclesial. Muchas veces no aceptamos el liderazgo y el servicio de aquellos hermanos en la fe que conocemos bien, y esta actitud es un impedimento para construir una Iglesia más laica, más sinodal y menos clerical. La expresión “nadie es profeta en su tierra” merece ser reevaluada desde nuestra experiencia comunitaria. Todos hemos sido llamados a una vocación de servicio al pueblo de Dios, a nuestra propia comunidad. Es en ese servicio donde nuestra verdadera misión cobra sentido. 

Pensamiento del día.

“Nadie podrá quitarnos la dignidad que nos otorga este amor infinito e inquebrantable. Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar” (CV 119).

 


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