19 de Marzo del 2026

4ª Semana de Cuaresma 

SAN JOSÉ, ESPOSO DE MARÍA

 

2Sm 7,4-5a.12-14a.16: El Señor Dios le dará el trono de David, su padre

Sal 89: «Su linaje será perpetuo»

Rom 4,13.16-18.22: Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza

Jn 5,17-30: También el Hijo da vida

 

En aquel tiempo, los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de Pascua. 

42 Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según costumbre. 

43 Al terminar ésta, mientras ellos se volvían, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. 

44 Pensando que iba en la caravana, hicieron un día de camino y se pusieron a buscarlo entre los parientes y los conocidos. 

45 Al no encontrarlo, regresaron a buscarlo a Jerusalén. 

46 Luego de tres días lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. 

47 Y todos los que lo oían estaban maravillados ante su inteligencia y sus respuestas. 

48 Al verlo, se quedaron desconcertados, y su madre le dijo: Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados. 

49 Él replicó: ¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo estar en los asuntos de mi Padre? 50Ellos no entendieron lo que les dijo. 

51 Regresó con ellos, fue a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. 

52 Jesús crecía en el saber, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres.

 

Comentario 

Hoy celebramos a san José, una figura muy querida en la tradición católica. El episodio del evangelio de Lucas es uno de los más conmovedores, ya que muestra la temprana conciencia de Jesús sobre su misión única: redimir a la humanidad en total obediencia a la voluntad de Dios Padre. Con el tiempo, algunos creyentes se preguntaron sobre el papel que los padres de Jesús jugaron en su formación como Mesías. La madre, María, fue vista con gran influencia gracias a los escritos de Lucas, pero el padre, José, quedó casi en silencio, como se refleja en los textos bíblicos. Ese silencio, no de resignación, sino de aceptación de la voluntad de Dios, es lo que más define a José, y por ello es la virtud que podemos admirar y encarnar en nuestra vida cristiana. Aun así, el silencio es clave para el desarrollo de cualquier persona, especialmente hoy, en medio del ruido que nos rodea. Aprendamos a valorar el silencio para conectar cuerpo y mente, orar, relajarnos y descansar. 

Pensamiento del día.

“Jesús nos enseña que no solo debemos centrarnos en nosotros mismos, sino también atender a los planes de Dios, a ejemplo de San José” (Diego Gonzales, Colegio Claretiano Lima, Perú).

18 de Marzo del 2026

4ª Semana de Cuaresma 

San Cirilo de Jerusalén (387)

 

Is 49,8-15: Te he constituido alianza del pueblo, para restaurar el país

Sal 145: «El Señor es clemente y misericordioso»

Jn 5,17-30: También el Hijo da vida

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo. 

18 Por eso los judíos tenían aún más deseos de matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que además llamaba Padre a Dios, igualándose a Él. 

19 Jesús tomó la palabra y les dijo: Les aseguro: El Hijo no hace nada por su cuenta si no se lo ve hacer al Padre. Lo que aquél hace lo hace igualmente el Hijo. 

20 Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace; y le mostrará obras más grandes aún para que ustedes queden maravillados. 

21 Como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, del mismo modo el Hijo da vida a los que él quiere. 

22 El Padre no juzga a nadie sino que encomienda al Hijo la tarea de juzgar, 

23 para que todos honren al Hijo como honran al Padre. Quien no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió. 

24 Les aseguro que quien oye mi palabra y cree en aquel que me ha enviado tiene vida eterna y no es sometido a juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida. 

25 Les aseguro que se acerca la hora, ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán.

26 Así como el Padre posee vida en sí, del mismo modo hace que el Hijo posea vida en sí; 

27 y, puesto que es el Hijo del Hombre, le ha confiado el poder de juzgar. 

28 No se extrañen de esto: llega la hora en que todos los que están en el sepulcro oirán su voz: 

29 los que hicieron el bien resucitarán para vivir, los que hicieron el mal resucitarán para ser juzgados. 

30 Yo no puedo hacer nada por mi cuenta; juzgo por lo que oigo, y mi sentencia es justa, porque no pretendo hacer mi voluntad sino la voluntad del que me envió..

 

Comentario 

A Jesús lo acusan de dos faltas graves según las leyes judías: trabajar en sábado e igualarse a Dios. Aunque formuladas de manera distinta, ambas acusaciones están conectadas. Había suficientes motivos para procesar y condenar a este forastero, ya que incluso Dios descansa en el Séptimo día. Sin embargo, Jesús se defiende con argumentos que estaban en boga entre los pensadores de la diáspora, influidos por filosofías que buscaban la unidad y armonía en la naturaleza. Ellos razonaban que la divinidad no puede dejar de sostener la creación, pues todo volvería al caos. Basado en esto, Jesús afirma que solo hace lo que Dios hace, actuando como un verdadero hijo. A partir de esta idea, la confesión cristiana elevará su fe hacia las dos prerrogativas divinas: la vida y el juicio. Los cristianos fomentan la conciencia de ser hijos de Dios, imitando lo que ven en Él, como está en el Padrenuestro. ¿Nos aferramos más a las reglas sociales y religiosas que a la ética del Evangelio? 

Pensamiento del día.

“Jesús, Palabra del Padre, nos desafía a vivir con autenticidad, reconociendo que cada acción y decisión que tomamos impacta nuestra vida y la de los demás” (Fernanda Luza, Colegio Claretiano Lima, Perú).

17 de Marzo del 2026

4ª Semana de Cuaresma 

San Patricio (461)

 

Ez 47,1-9.12: Vi que manaba agua del lado derecho del templo, y habrá vida

Sal 46: «El Señor de los ejércitos está con nosotros»

Jn 5,1-3.5-16: Al momento aquel hombre quedó sano

 

En aquel tiempo, celebraban los judíos una fiesta, y Jesús subió a Jerusalén. 

2 Hay en Jerusalén, junto a la puerta de los Rebaños, una piscina llamada en hebreo Betesda, que tiene cinco pórticos. 

3 Yacía en ellos una multitud de enfermos, ciegos, cojos y lisiados, que aguardaban a que se removiese el agua. 

5 Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. 

6 Jesús lo vio acostado y, sabiendo que llevaba así mucho tiempo, le dice: ¿Quieres sanarte? 

7 Le contestó el enfermo: Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua. Cuando yo voy, otro se ha metido antes. 

8 Le dice Jesús: Levántate, toma tu camilla y camina. 

9 Al instante aquel hombre quedó sano, tomó su camilla y empezó a caminar. Pero aquel día era sábado, 

10 por lo cual los judíos dijeron al que se había sanado: Hoy es sábado, no puedes transportar tu camilla. 

11 Les contestó: El que me sanó me dijo que tomara mi camilla y caminara. 

12 Le preguntaron: ¿Quién te dijo que la tomaras y caminaras? 

13 Pero el hombre sanado lo ignoraba, porque Jesús se había retirado de aquel lugar tan concurrido. 

14 Más tarde lo encuentra Jesús en el Templo y le dice: Mira que has sanado. No vuelvas a pecar, no te vaya a suceder algo peor. 

15 El hombre fue y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. 

16 Por ese motivo perseguían los judíos a Jesús, por hacer tales cosas en sábado.

 

Comentario 

La pregunta de Jesús al lisiado parece directa: “¿Quieres sanar?” Pero detrás de esta pregunta hay un mensaje profundo. La enfermedad no solo afecta al cuerpo, sino también al corazón y la mente. El enfermo puede sentirse aislado, dependiente y con poca autoestima, como lo refleja la respuesta del lisiado. Jesús no solo lo sana físicamente, sino que lo restaura en su dignidad. Esto nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con los enfermos, tanto en casa como en hospitales o centros de cuidado. ¿Los acompañamos o los dejamos solos con su dolor? Incluir a los enfermos en nuestras relaciones significa devolverles confianza y valor. También es un llamado a cuidar nuestra propia salud, física y emocional, porque solo estando bien podemos servir a los demás. ¿Qué podemos hacer hoy para apoyar a un enfermo cercano y mejorar nuestra salud?

 

Pensamiento del día.

“Confiar en el poder de Dios para sanarnos no solo físicamente, sino también espiritualmente, y recordar que la verdadera fe debe ir más allá de cumplir reglas” (Lucía Purizaca, Colegio Claretiano Lima, Perú).

16 de Marzo del 2026

4ª Semana de Cuaresma 

San José Gabriel del Rosario Brochero (1914)

 

Is 65,17-21: Ya no se oirán gemidos ni llantos

Sal 30: «Te ensalzaré, Señor, porque me has librado»

Jn 4,43-54: «Anda, tu hijo está sano»

 

En aquel tiempo, pasados dos días, Jesús se trasladó de Samaría a Galilea. 

44 Jesús mismo había declarado que un profeta no recibe honores en su patria. 

45 Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien porque habían visto todo lo que hizo en Jerusalén durante las fiestas; ya que también ellos habían estado allá. 

46 Fue de nuevo a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaún. 

47 Al oír que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a visitarlo y le suplicaba que bajase a sanar a su hijo moribundo. 

48 Jesús le dijo: Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen. 

49 Le dice el funcionario real: Señor, baja antes de que muera mi muchacho. 

50 Jesús le dice: Regresa tranquilo, que tu hijo sigue vivo. El hombre creyó lo que le decía Jesús y se puso en camino. 

51 Iba ya bajando, cuando sus sirvientes le salieron al encuentro para anunciarle que su muchacho estaba sano. 

52 Les preguntó a qué hora se había puesto bien, y le dijeron que el día anterior a la una se le había pasado la fiebre. 

53 Comprobó el padre que era la hora en que Jesús le había dicho que su hijo seguía vivo. Y creyó en él con toda su familia. 

54 Ésta fue la segunda señal que hizo Jesús cuando se trasladó de Judea a Galilea

 

Comentario 

El valor de un profeta está en su credibilidad. A un profeta se le respeta prestando atención a lo que dice y actuando conforme a ello. En el evangelio de Juan, Jesús aparece más como un judío que como un galileo; es un forastero que gana la fe de los peregrinos galileos que fueron al templo, y también la del funcionario de Cafarnaúm, quien no había visto los milagros en Jerusalén, donde los judíos rechazaron a Jesús. Este funcionario es de los pocos que «creen sin haber visto» y obtiene la sanidad de su hijo. ¿Tenía otras opciones? Quizás. Pero decidió confiar en ese profeta desconocido y no insistió en que lo acompañara para sanar a su hijo. Aprendemos de este oficial a poner nuestras preocupaciones en manos del Señor y mantener una actitud positiva, incluso cuando la angustia nos invade. El Señor actúa a nuestro favor, aunque no siempre lo entendamos. ¿En quién ponemos nuestra confianza?

 

 

Pensamiento del día.

“Podemos reconocer la fortaleza de confiar en nuestra fe, entendiendo que el acto de creer es el primer paso para transformar una realidad a veces agobiante” (Israel Gutiérrez, Colegio Claretiano Lima, Perú).

15 de Marzo del 2026

4ª Semana de Cuaresma 

Santa Luisa de Marillac (1660)

San Artémides Zatti (1951)

 

1 Samuel 16,1b.6-7.10-13a: David es ungido rey de Israel

Salmo 23: El Señor es mi pastor, nada me falta

Efesios 5,8-14: Levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz

Juan 9,1-41: Fue, se lavó, y volvió con vista

 

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio un hombre ciego de nacimiento. 

2 Los discípulos le preguntaron: Maestro, ¿quién pecó para que naciera ciego? ¿Él o sus padres? 

3 Jesús contestó: Ni él pecó ni sus padres; ha sucedido así para que se muestre en él la obra de Dios. 

4 Mientras es de día, tienen que trabajar en las obras del que me envió. Llegará la noche, cuando nadie puede trabajar. 

5 Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo. 

6 Dicho esto, escupió en el suelo, hizo barro con la saliva, se lo puso en los ojos 

7 y le dijo: Ve a lavarte a la piscina de Siloé –que significa enviado–. Fue, se lavó y al regresar ya veía. 

8 Los vecinos y los que antes lo habían visto pidiendo limosna comentaban: ¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna? 

9 Unos decían: Es él. Otros decían: No es, sino que se le parece. Él respondía: Soy yo. 

10 Así que le preguntaron: ¿Cómo [pues] se te abrieron los ojos? 

11 Contestó: Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo que fuera a lavarme a la fuente de Siloé. Fui, me lavé y recobré la vista. 

12 Le preguntaron: ¿Dónde está él? Responde: No sé. 

13 Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. 

14 –era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos–. 

15 Los fariseos le preguntaron otra vez cómo había recobrado la vista. Les respondió: Me aplicó barro a los ojos, me lavé, y ahora veo. 

16 Algunos fariseos le dijeron: Ese hombre no viene de parte de Dios, porque no observa el sábado. Otros decían: ¿Cómo puede un pecador hacer tales milagros? Y estaban divididos. 

17 Preguntaron de nuevo al ciego: Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos? Contestó: Que es profeta. 

18 Los judíos no terminaban de creer que había sido ciego y había recobrado la vista; así que llamaron a los padres del que había recobrado la vista 

19 y les preguntaron: ¿Es éste su hijo, el que ustedes dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve? 

20 Contestaron sus padres: Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; 

21 pero cómo es que ahora ve, no lo sabemos; quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él, que es mayor de edad y puede dar razón de sí 

22 –sus padres dijeron esto por temor a los judíos; porque los judíos ya habían decidido que quien lo confesara como Mesías sería expulsado de la sinagoga. 

23 Por eso dijeron los padres que tenía edad y que le preguntaran a él–. 

24 Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: Da gloria a Dios. A nosotros nos consta que aquél es un pecador. 

25 Les contestó: Si es pecador, no lo sé; de una cosa estoy seguro, que yo era ciego y ahora veo. 

26 Le preguntaron de nuevo: ¿Cómo te abrió los ojos? 

27 Les contestó: Ya lo he dicho y no me creyeron; ¿para qué quieren oírlo de nuevo? ¿No será que también ustedes quieren hacerse discípulos suyos? 

28 Lo insultaron diciendo: ¡Tú serás discípulo de ese hombre nosotros somos discípulos de Moisés! 

29 Sabemos que Dios le habló a Moisés; en cuanto a ése, no sabemos de dónde viene. 

30 Les respondió: Eso es lo extraño, que ustedes no saben de dónde viene y a mí me abrió los ojos. 

31 Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino que escucha al que es piadoso y cumple su voluntad. 

32 Jamás se oyó contar que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. 

33 Si ese hombre no viniera de parte de Dios, no podría hacer nada. 

34 Le contestaron: Tú naciste lleno de pecado, ¿y quieres darnos lecciones? Y lo expulsaron. 

35Oyó Jesús que lo habían expulsado y, cuando lo encontró, le dijo: ¿Crees en el Hijo del Hombre? 

36 Contestó: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? 

37 Jesús le dijo: Lo has visto: es el que está hablando contigo. 

38 Respondió: Creo, Señor. Y se postró ante él. 

39 Jesús dijo: He venido a este mundo para un juicio, para que los ciegos vean y los que vean queden ciegos. 

40 Algunos fariseos que se encontraban con él preguntaron: Y nosotros, ¿estamos ciegos? 

41 Les respondió Jesús: Si estuvieran ciegos, no tendrían pecado; pero, como dicen que ven, su pecado permanece.

 

Comentario 

¿Qué había en el corazón de David? La Biblia no lo revela de manera directa, ya que, al principio, David parece ser como el resto de los hijos de Jesé: el más joven, el menor, sin grandes méritos aparentes. Pero Dios mira más allá de lo que se ve. La diferencia de David no está en su apariencia ni en su lugar en la familia, sino en su corazón. La elección de Dios rompe con lo que la gente consideraría lógico. ¿Quién elegiría al más pequeño y sin experiencia para ser líder de una nación? Este relato no nos dice que escojamos líderes sin cualidades visibles, sino que reconozcamos que, con el favor de Dios, incluso los menos esperados pueden hacer grandes cosas.

La vida de David nos enseña que tenía un corazón dispuesto a reconocer sus errores y someterse a la voluntad de Dios, incluso cuando era rey. Este aspecto es clave, porque en esa época los reyes solían verse como intocables, elegidos por los dioses para gobernar sin límites. Pero en Israel se entendía que hasta el rey debía estar sujeto a la ley de Dios. Si no lo hacía, perdía el favor divino y ponía en riesgo a todo su pueblo. A pesar de sus fallos, David mantenía esta conciencia, se dejaba corregir por Dios, y eso lo hacía grande a sus ojos.

Por otro lado, la carta a los Efesios nos recuerda algo fundamental: “discernir lo que agrada al Señor”. A Dios le agrada la luz, lo que da vida duradera. Este discernimiento nos lleva a decidir desde el bien, no desde el egoísmo o intereses oscuros. El evangelio nos presenta una opción clara: el bien o el mal, la luz o las tinieblas. Y cada elección tiene consecuencias.

Como cristianos, habiendo optado por la luz en nuestro bautismo, estamos llamados a confirmar esa opción cada día, en nuestras palabras, pensamientos y acciones. Ser discípulo de Cristo es llevar esa luz a los demás, pero de una forma que no queme ni confunda. Ser personas de luz significa transformar con humildad y sin arrogancia. Seamos, pues, portadores de luz.

 

 

Pensamiento del día.

“Jesús nos llama a ir, lavarnos y regresar con una nueva visión, dejando atrás nuestros prejuicios y abriéndonos a la luz transformadora de Dios en nuestras vidas” (Gianella Meléndez, Colegio Claretiano Lima, Perú).


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