19 de Enero del 2026

2a Semana Ordinario 

San Macario de Alejandría (408) 

1Sm 15,16-23: Obedecer vale más que un sacrificio

Sal 50: «Al que sigue buen camino, le haré ver la salvación de Dios»   

Mc 2,18-22: El novio está con ellos; ¿cómo van a ayunar?

Un día que los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno fueron a decirle a Jesús: ¿Por qué los discípulos de Juan y de los fariseos ayunan y tus discípulos no ayunan? 

19 Jesús les respondió: ¿Pueden los invitados a la boda ayunar mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos no pueden ayunar. 

20 Llegará un día en que el novio les será quitado, y aquel día ayunarán. 

21 Nadie usa un trozo de género nuevo para remendar un vestido viejo; de lo contrario lo añadido tira del vestido viejo, lo nuevo de lo viejo, y la rotura se hace más grande. 

22 Nadie echa vino nuevo en odres viejos; de lo contrario, el vino revienta los odres y se echan a perder odres y vino. A vino nuevo, odres nuevos.

 

Comentario 

Este pasaje nos invita a reflexionar sobre lo que realmente quiere Jesús cuando habla del ayuno. No se trata solo de cumplir con sacrificios o reglas antiguas, sino de entender algo más profundo: la novedad de su mensaje. Jesús aprovecha la pregunta sobre el ayuno para presentar una visión que supera las tradiciones, similar a lo que dice Samuel a Saúl: “vale más la obediencia que el sacrificio”. Es una llamada a un cambio interior, no solo a cumplir ritos. Con las imágenes del remiendo y el vino, Jesús nos dice que lo nuevo no puede mezclarse con lo viejo sin problemas. La novedad que trae es la del amor misericordioso de Dios, quien siempre nos espera y nos llama a ser sus hijos. Este llamado implica dejar atrás viejas costumbres o formas de pensar y aceptar la transformación que Jesús propone: ser personas nuevas que siguen el camino de Dios con libertad y entrega total.  

Pensamiento del día.

“Todos los días es necesario recordar que tenemos la garantía, que es el Espíritu que trabaja en nosotros por medio de cosas pequeñas” (Papa Francisco a los jóvenes, 2023).

18 de Enero del 2026

2a Semana Ordinario 

Santa Prisca (Siglo I) 

Isaías 49,3.5-6: «Te hago luz de las naciones para que seas mi Salvación»

Salmo 40: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad»

1 Corintios 1,1-3: «La gracia y la paz de parte de Dios y de Jesús sean con ustedes»   

Juan 1,29-34: «Éste es el Cordero de Dios»

Juan Bautista vio acercarse a Jesús y dijo: Ahí está el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 

30 De él yo dije: Detrás de mí viene un hombre que es más importante que yo, porque existía antes que yo. 

31 Yo no lo conocía, pero vine a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel. 

32 Juan dio este testimonio: Contemplé al Espíritu, que bajaba del cielo como una paloma y se posaba sobre él. 

33 Yo no lo conocía; pero el que me envió a bautizar me había dicho: Aquel sobre el que veas bajar y posarse el Espíritu es el que ha de bautizar con Espíritu Santo. 

34 Yo lo he visto y atestiguo que él es el Hijo de Dios.

 

Comentario 

El profeta Isaías, en sus palabras dirigidas al pueblo de Israel, transmite un mensaje lleno de esperanza y exhortación. Dios se siente orgulloso de su pueblo y lo llama a ser luz para las naciones. La relación entre Dios e Israel pasó por diversas etapas difíciles hasta consolidarse como un modelo para los demás pueblos de la tierra. El Dios de Israel no es solo un Dios de poder, sino un Dios liberador, que ofrece salvación. Este mismo Dios, hoy, renueva su alianza con nosotros, su nuevo pueblo, invitándonos a no ser inferiores a esa elección. Dios es nuestra fortaleza, como lo afirma Pablo en su carta: “todo lo podemos en Él que es nuestra fuerza”.

En el evangelio de Juan, se narra el encuentro entre Jesús y Juan el Bautista en las orillas del Jordán. Este encuentro es crucial, pues en él se destacan varios elementos fundamentales para nuestra fe. En primer lugar, Juan señala a Jesús como el “Cordero de Dios”, una imagen profundamente significativa en la tradición cristiana. Este título refleja la misión de Jesús de perdonar los pecados del mundo, siendo el cordero inmolado por la redención de la humanidad, un símbolo que la Iglesia ha mantenido y desarrollado a lo largo de su historia.

El segundo elemento es la preexistencia de Jesús con el Padre. Juan destaca que Jesús no es solo un hombre más, sino que es consustancial con Dios Padre. Esta verdad fue posteriormente afirmada y fundamentada en el Concilio de Nicea en el año 325, donde se declaró que Jesús existía antes de toda creación y que todo fue creado por y para Él.

El tercer elemento es la presencia del Espíritu Santo. El Espíritu desciende sobre Jesús en forma de paloma, marcando el inicio de su misión pública bajo la acción del Espíritu. Lucas reafirma este hecho en su evangelio, cuando menciona que Jesús actúa “lleno del Espíritu Santo”.

El cuarto elemento es el bautismo en el Espíritu Santo, que Juan diferencia del bautismo de agua que él ofrecía en el Jordán. En nuestro bautismo cristiano, ambos bautismos se unen, incorporándonos al cuerpo de Cristo.

Finalmente, el quinto y más importante elemento es la condición de Jesús como Hijo de Dios, una verdad fundamental atestiguada por Juan. Estos cinco elementos son esenciales para nuestra vida cristiana, y al vivirlos conscientemente, podemos ser fieles a nuestra vocación bautismal y al llamado de Dios en nuestra vida de fe.

  

Pensamiento del día.

“En la plenitud de su juventud comenzó su misión pública y así brilló una gran luz (Mt 4,16), sobre todo cuando dio su vida hasta el fin” (ChV 23).

17 de Enero del 2026

1a Semana Ordinario 

San José Vaz (1711)

 

1Sm 9,1-4.17-19; 10,1: Saúl regirá a su pueblo

Sal 21: «Señor, el rey se alegra por tu fuerza»   

Mc 2,13-17: «He venido a llamar a los pecadores»

Salió Jesús de nuevo a la orilla del lago. Toda la gente acudía a él y él les enseñaba. 

14 Al pasar vio a Leví de Alfeo, sentado junto al banco de los impuestos, y le dijo: Sígueme. Él se levantó y lo siguió. 

15 Mientras estaba comiendo en su casa, muchos recaudadores y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Porque muchos eran seguidores suyos. 

16 Los letrados del partido fariseo, viéndolo comer con pecadores y recaudadores, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come con recaudadores y pecadores? 

17 Lo oyó Jesús y respondió: Del médico no tienen necesidad los sanos sino los enfermos. No vine a llamar a justos sino a pecadores.

 

Comentario 

El ministerio público de Jesús incluye una enseñanza crucial. Marcos lo presenta hoy a orillas del lago, rodeado por una multitud que escucha su enseñanza respaldada por su testimonio. En este contexto, Jesús llama a Leví, un cobrador de impuestos, diciéndole “sígueme”. Leví responde de inmediato y lo sigue, aunque el evangelio no nos da más detalles sobre su respuesta. Más tarde, Jesús se sienta a la mesa con Leví y otros recaudadores, lo que provoca la crítica de los fariseos que cuestionan por qué se mezcla con pecadores y publicanos. La actitud de Jesús refleja la misericordia de Dios: un Dios que acoge y perdona. La frase de Jesús, “no necesitan médico los sanos, sino los enfermos”, subraya este punto. El evangelio nos invita a levantarnos de nuestra zona de confort y seguir al Señor. Nuestra condición de pecadores no debe limitarnos; seguir a Jesús a menudo implica una verdadera conversión.  

Pensamiento del día.

“Si eres joven en edad, pero te sientes débil, cansado o desilusionado, pídele a Jesús que te renueve. Con Él no falta la esperanza” (ChV 109). 

16 de Enero del 2026

1a Semana Ordinario 

San José Vaz (1711)

 

1Sm 8,4-7.10-22a: Gritarán contra el rey, Dios no les responderá

Sal 89: «Cantaré eternamente tus misericordias, Señor»   

Mc 2,1-12: El Hijo del Hombre puede perdonar pecados

Volvió Jesús a Cafarnaún y se corrió la voz de que estaba en casa. 

2 Se reunieron tantos, que no quedaba espacio ni a la puerta. Y les exponía el mensaje. 

3 Llegaron unos llevando un paralítico entre cuatro; 

4 y, como no lograban acercárselo, por el gentío, levantaron el techo encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla en que yacía el paralítico. 

5 Viendo Jesús su fe, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. 

6 Había allí sentados unos letrados que discurrían en su interior: 

7 ¿Cómo puede éste hablar así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios? 

8 Jesús, adivinando lo que pensaban, les dice: ¿Por qué están pensando eso? 

9 ¿Qué es más fácil? ¿Decir al paralítico que se le perdonan los pecados o decirle que cargue con la camilla y comience a caminar? 

10 Pero para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados –dice al paralítico–: 

11 yo te lo mando, levántate, carga con la camilla y vete a casa. 

12 Se levantó de inmediato, cargó su camilla y salió delante de todos. De modo que todos se asombraron y glorificaban a Dios diciendo: Nunca vimos cosa semejante.

 

Comentario 

Jesús regresa a Cafarnaúm después de visitar pueblos cercanos, donde realizó algunos milagros. Cafarnaúm es un lugar conocido para Él y sus discípulos, ya que Pedro vive allí con su suegra. En este contexto, la casa (oikos) se convierte en un nuevo lugar de la presencia de Dios, contrastando con el templo, que era el lugar exclusivo de Dios. En la misión de Jesús, la casa se vuelve el centro de su presencia, por eso la multitud se agolpa alrededor de la casa en Cafarnaúm, impidiendo el acceso para recibir sanación. La hazaña de ingresar al enfermo por el techo muestra la determinación y solidaridad de quienes lo llevaron, y destaca la fuerza de su fe. La escena puede parecer exagerada, pero Marcos la presenta para subrayar la fe de quienes buscan la sanación de Jesús. Es importante preguntarnos: ¿Estamos dispuestos a dejar que Jesús nos sane? ¿Contamos con alguien que nos ayude a acercarnos a Él? ¿Necesitamos esa ayuda?  

Pensamiento del día.

“Aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades no sabemos llorar. Ciertas realidades de la vida solamente se ven con los ojos limpios por las lágrimas” (ChV 76). 

15 de Enero del 2026

1a Semana Ordinario 

San Pablo el Ermitaño (342)

 

1Sm 4,1-11: El Arca de Dios fue capturada

 Sal 44: «Redímenos, Señor, por tu misericordia»   

Mc 1,40-45: «Lo quiero; queda sano»

Se acerca a Jesús un leproso y arrodillándose le suplica: Si quieres, puedes sanarme. 

41 Él se compadeció, extendió la mano, lo tocó y le dijo: Lo quiero; queda sano. 

42 Al instante se le pasó la lepra y quedó sano. 

43 Después lo despidió advirtiéndole enérgicamente: 

44 Cuidado con decírselo a nadie. Ve a presentarte al sacerdote y, para que le conste, lleva la ofrenda de tu curación establecida por Moisés. 

45 Pero él salió y se puso a proclamar y divulgar el hecho, de modo que Jesús no podía presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares despoblados. Y de todas partes acudían a él.

 

Comentario 

A lo largo del evangelio, Jesús tiene encuentros con diversas personas, revelando en ellos el rostro de Dios que Él experimenta. En el evangelio de hoy, el encuentro es con un leproso, lo que tiene un gran significado. En la época de Jesús, los leprosos eran aislados de la sociedad y de la comunidad religiosa, ya que la lepra se consideraba un castigo por el pecado. El leproso se acerca a Jesús con una petición: “Si quieres, puedes sanarme”. El simple hecho de permitirle acercarse ya es revolucionario, pues viola la ley de la época. Pero el acto de Jesús no solo cura la enfermedad física del hombre, sino que también abre los ojos de los presentes: el Dios de Jesús es cercano, acoge al pobre y transforma vidas. Al sanar al leproso, lo reintegra a la sociedad y a la vida de fe. Ahora, la pregunta es: ¿Estamos dispuestos a dejarnos encontrar por Dios?  

Pensamiento del día.

“La esperanza cristiana no es negación del dolor y de la muerte, sino celebración del amor de Cristo Resucitado que está siempre con nosotros” (Papa Francisco a los jóvenes, 2023).

 


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