2 de Octubre del 2025


26a Semana Ordinario Santos Ángeles Custodios

Santa Emilia de Villeneuve (1853)

Neh 8,1-4a.5-6.7b-12: Es un día consagrado a Dios

Sal 19: «Tus palabras, Señor, son espíritu y vida»

Lc 10,1-12: La cosecha es abundante

 

En aquel tiempo, designó el Señor a otros setenta y dos y los envió por delante, de dos [en dos], a todas las ciudades y lugares adonde pensaba ir. 

2 Les decía: La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los campos que envíe trabajadores para su cosecha. 

3 Vayan, que yo los envío como ovejas entre lobos. 

4 No lleven bolsa ni alforja ni sandalias. Por el camino no saluden a nadie. 

5 Cuando entren en una casa, digan primero: Paz a esta casa. 

6 Si hay allí alguno digno de paz, la paz descansará sobre él. De lo contrario, la paz regresará a ustedes. 

7 Quédense en esa casa, comiendo y bebiendo lo que haya; porque el trabajador tiene derecho a su salario. No vayan de casa en casa. 

8 Si entran en una ciudad y los reciben, coman de lo que les sirvan. 

9 Sanen a los enfermos que haya y digan a la gente: El reino de Dios ha llegado a ustedes. 

10 Si entran en una ciudad y no los reciben, salgan a las calles y digan: 

11 Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies lo sacudimos y se lo devolvemos. Con todo, sepan que ha llegado el reino de Dios. 

12 Les digo que aquel día la suerte de Sodoma será menos rigurosa que la de aquella ciudad.

 

Comentario 

En el evangelio se agrupan varios dichos sobre los predicadores itinerantes de la Buena Nueva. Es tiempo de cosecha y esto señala que el final de los tiempos está en el horizonte. El número simbólico de los implicados refleja la totalidad de los pueblos de la tierra. Los mensajeros deben atenerse a las normas tradicionales de la hospitalidad que algunas ciudades han olvidado. Los mensajeros se distinguen por: la sencillez de vida, la paz que transmiten, la sanación a los enfermos y la manifestación de un Dios vivo y presente entre la gente. Estos rasgos se pueden adivinar en muchos de los actuales migrantes y refugiados que buscan una forma de vida digna y comunitaria. Las imágenes de los migrantes que llegan a nuestras puertas, nos recuerdan que Dios que quiere establecer su reino, como clamamos cada día en el Padrenuestro. Un reino de pan, perdón, vida recta y lucha contra el mal, en el que todos somos huéspedes. ¿Qué signos damos de que el reino de Dios se hace vida?

“Un largo camino hacia la reconciliación y la justicia, que exige afrontar las condiciones estructurales que han permitido abusos en la Iglesia” (Sínodo de la Sinodalidad, I Sesión, octubre 2023).

1 de Octubre del 2025


26a Semana Ordinario Santa Teresita del N. Jesús (1897)

Neh 2,1-8: «Déjeme ir para reconstruir la Ciudad»

Sal 137: «Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti»

Lc 9, 57-62: «Te seguiré a donde vayas»

 

Mientras iban de camino, uno le dijo: Te seguiré a donde vayas. Jesús le contestó: Los zorros tienen madrigueras, las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. A otro le dijo: Sígueme. Le contestó: Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre. Le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el reino de Dios. Otro le dijo: Te seguiré, Señor, pero primero déjame despedirme de mi familia. Jesús le dijo: El que ha puesto la mano en el arado y mira atrás no es apto para el reino de Dios.

 

Comentario 

A lo largo de la ruta a Jerusalén, Jesús va a ir mostrando lo que significa ser discípulo suyo. El cuadro de hoy agrupa tres instantáneas de posibles discípulos que no sabemos si cuajaron o no. Al parecer, seguir al Hijo del Hombre atrae a más de uno, pero no siempre han caído en la cuenta de lo que implica. Hoy vemos que Jesús advierte que él no tiene plan B, porque consagrarse a implantar el Reino de Dios requiere de una entrega genuina y total. También anticipa que requiere, incluso, que los deberes familiares más sagrados pasen a segundo término ante el apremio del Reino. Finalmente, el discipulado del Reino exige una resolución inconmovible, anclada en el porvenir y no en el pasado. Tal vez hemos perdido el apremio del Reino de Dios, enfocados más en forjar unas formas que nos aseguren la vida en la Iglesia. Por eso el llamado a la reforma continúa, animados por el Evangelio del Hijo del Hombre. ¿En qué se nota que somos seguidores de Jesús?.

“Jesús no parte de prejuicios ni etiquetas, sino de una auténtica relación en la que se implica por entero, exponiéndose, incluso, a la incomprensión y al rechazo” (Sínodo de la Sinodalidad, I Sesión, octubre 2023).

 

29 de Septiembre del 2025


26a Semana Ordinario Santos Miguel, Gabriel, Rafael

 

Dn 7,9-10.13-14: Multitudes lo servían

Sal 138: «Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor»

Jn 1,47-51: «Verás a los ángeles en la presencia de Dios»

 

Viendo Jesús acercarse a Natanael, le dice: Ahí tienen un israelita de verdad, sin falsedad». 

48 Le pregunta Natanael: ¿De qué me conoces? Jesús le contestó: Antes de que te llamara Felipe, te vi bajo la higuera. 

49 Respondió Natanael: Maestro, tú eres el Hijo de Dios, el rey de Israel. 

50 Jesús le contestó: ¿Crees porque te dije que te vi bajo la higuera? Cosas más grandes que éstas verás. 

51 Y añadió: Les aseguro que verán el cielo abierto y los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre.

 

Comentario 

 

Los nombres de los arcángeles figuran en los libros santos. Miguel, es defensor del pueblo subyugado y capitán de las huestes celestes contra los enemigos de Dios. Gabriel, es intérprete de la historia humana y nuncio de los nacimientos que ponen a punto la salud de Dios. Rafael, es guía de los que viajan en busca de salud. Las figuras angélicas tienen amplio arraigo en el pueblo de Dios. Miguel, Gabriel y Rafael son servidores de Dios y servidores de cada creyente y, por lo mismo, la comunidad católica los venera como intercesores. Es frecuente escuchar de labios de un migrante, de un menesteroso o de un convaleciente que alguien fue un ángel para él. Se refieren personas que, de una manera inesperada los ayudaron en un momento crítico, les procuró seguridad, alimento o salud. Surgen ángeles a cada paso, y la ruta cotidiana nos da la oportunidad de volvernos ángeles para alguien en necesidad. Abramos los ojos y seamos servidores de los hijos de los hombres.

“Dios puede estar ofreciendo algo más, y en nuestra distracción cómoda no lo reconocemos” (GE 172).

 

28 de Septiembre del 2025


26a Semana Ordinario San Lorenzo Ruiz y compañeros (1637)

 

Amós 6,1a.4-7: Ustedes irán al destierro

Salmo 146: «Alaba, alma mía, al Señor»

1 Timoteo 6,11-16: Guarda el mandamiento.

Lucas 16,19-31: Escuchen a Moisés y los profetas

En aquel tiempo Jesús contó esta parábola:

19 Había un hombre rico, que vestía de púrpura y lino y todos los días hacía espléndidos banquetes.

20 Echado a la puerta del rico había un pobre cubierto de llagas llamado Lázaro,

21 que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamerle las heridas.

22 Murió el pobre y los ángeles lo llevaron junto a Abrahán. Murió también el rico y lo sepultaron.

23 Estando en el lugar de los muertos, en medio de tormentos, alzó la vista y divisó a Abrahán y a Lázaro a su lado.

24 Lo llamó y le dijo: Padre Abrahán, ten piedad de mí y envía a Lázaro, para que moje la punta del dedo en agua y me refresque la lengua; pues me torturan estas llamas.

25 Respondió Abrahán: Hijo, recuerda que en vida recibiste bienes y Lázaro por su parte desgracias. Ahora él es consolado y tú atormentado.

26 Además, entre ustedes y nosotros se abre un inmenso abismo; de modo que, aunque se quisiera, no se puede atravesar desde aquí hasta ustedes.

27 Insistió el rico: Entonces, por favor, envíalo a casa de mi padre,

28 donde tengo cinco hermanos; que les advierta no sea que también ellos vengan a parar a este lugar de tormentos.

29 Le dice Abrahán: Tienen a Moisés y los profetas: que los escuchen.

30 Respondió: No, padre Abrahán; si un muerto los visita, se arrepentirán.

31 Le dijo: Si no escuchan a Moisés ni a los profetas, aunque un muerto resucite, no le harán caso.

 

Comentario 

Cada día se destapan escándalos delirantes de nuestros líderes, tanto religiosos como civiles; desde asuntos sexuales, tráfico de influencias o de personas, fraudes económicos, etc. Eso intangible que llamamos “corrupción”, daña terriblemente todo el tejido social, abriendo las puertas a una cascada de males cuyo origen parece diluirse en la irresponsabilidad de nadie. 

El profeta Amós describe la corrupción de las élites insensibles que guían al pueblo, olvidándose del compromiso que tienen de favorecer el bienestar y la implantación de la justicia; el profeta denuncia que su inconciencia encamina al pueblo a la matanza. Anticipa que todos sufrirán la misma suerte, porque la codicia y el poder se volcarán en su contra. También en la época de Jesús, bajo el Imperio romano, se auguraba desarrollo y bienestar; crecía el comercio de mercancías y personas, gracias a una expansiva red de puentes y caminos; el intercambio cultural, educativo y artístico. Los gobiernos locales controlaban todo, bajo un sistema de clientelismo político y económico. Era una época floreciente pero no para las mayorías; todo era a base de injusticias e incesante corrupción, incrementando el número de empobrecidos. Por ello, el anhelo de justicia y salvación se veía lejano o inalcanzable. Esto se adivina en las líneas en la carta a Timoteo, y en la parábola del evangelio de hoy. 

Nuestra era está dominada por plutócratas que determinan el destino de nuestras naciones; los gobernantes “títere” se multiplican; los pobres interesan para la política populista; es necesario que vivamos dependientes del sistema y endeudados. Hoy más que nunca, el Evangelio nos demanda atender a los “Lázaros”, no con migajas, sino saliendo de los templos a buscar alternativas de vida. Esta no es una tarea sólo individual, sino de toda la Iglesia. No lograremos cambiar a quienes están enfermos de poder y de dinero, pero si podemos despertar inquietud en muchos corazones. Crear redes solidarias que permitan un compartir más equitativo, acciones que se traduzcan en bienestar social, al mismo tiempo en bienestar ecológico. 

En resumen, necesitamos contrarrestar el mal de la indiferencia y del conformismo. Nos corresponde impulsar iniciativas desde las bases, haciendo real aquella frase combativa: “solo el pueblo, salva al pueblo”. No basta la buena voluntad de los participantes, sino que hay que implementar mecanismos de ayuda mutua. De otra manera, la corrupción nos seguirá engullendo y el corazón endureciendo, sin que nos importen los que nada poseen. Es momento de redoblar esfuerzos en casa, en el barrio, en la parroquia y en la ciudad, para vencer los abismos de inhumanidad que nos separan.

“Jesucristo nos habló del Padre, para decirnos que él se inclina sobre el hombre llagado por la miseria física o moral” (Papa Francisco).

27 de Septiembre del 2025


25a Semana Ordinario San Vicente de Paúl (1660)

Zac 2,5-9.14-15a: «Vengo a vivir dentro de ti»

Interleccional Jer 31: «El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño»

Lc 9,43b-45: El Hijo del hombre será entregado

En aquel tiempo, como todos se admiraban de lo que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: 

44 Presten atención a estas palabras: El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de hombres. 

45 Pero ellos no entendían este asunto; su sentido les resultaba encubierto; pero no se atrevían a hacerle preguntas respecto a esto.

 

 

Comentario 

La lectura del evangelio repite la enseñanza desafiante de ayer. Hoy, Jesús urge a los suyos a que profundicen en lo que significan sus palabras. Pero a los discípulos no les hace sentido porque no ha hecho nada malo, sino todo lo contrario. Ellos miran las cosas admirables que el Maestro realiza, curaciones, alimentar multitudes y exorcismos; excluyen la suerte adversa que él dice que le espera. Ante hechos tan portentosos, nadie podrá resistirse. Los discípulos callan su incomprensión. Su silencio es con la esperanza de que lo que anuncia no se hará nunca realidad. Tiempo al tiempo y todo cae por su peso. La suerte que Jesús padeció sigue siendo el mayor obstáculo para abrazar con radicalidad la fe y su seguimiento. Al vernos también envueltos en pruebas y dificultades, quisiéramos contar con un Dios que nos diga: “para de sufrir”. No se es hijo de Dios sin antes abrazar la humanidad con todas sus contradicciones. El Evangelio nos urge a encontrar a Dios en la carne lacerada sedienta de amor.

“Cada uno de nosotros es responsable de su prójimo: somos custodios de nuestros hermanos y hermanas, donde quiera que vivan” (Papa Francisco).


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