12 de Octubre del 2025

28a Semana Ordinario

Ntra. Sra. de Aparecida

Ntra. Sra. del Pilar

 

2 Reyes 5,14-17: Volvió Naamán y alabó al Señor

Salmo 98: «El Señor revela a las naciones su Salvación»

2 Timoteo 2,8-13: Si perseveramos, reinaremos con Cristo

Lucas 17,11-19: El que volvió agradecido era samaritano

 

En aquel tiempo, yendo Jesús de camino hacia Jerusalén, atravesaba Galilea y Samaria. 

12 Al entrar en un pueblo, le salieron al encuentro diez leprosos, que se pararon a cierta distancia 

13 y alzando la voz, dijeron: Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros. 14 Al verlos, les dijo: Vayan a presentarse a los sacerdotes. Mientras iban, quedaron sanos. 

15 Uno de ellos, viéndose sano, volvió glorificando a Dios en voz alta, 

16 y cayó a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Era samaritano. 

17Jesús tomó la palabra y dijo: ¿No recobraron la salud los diez? 

18 ¿Ninguno volvió a dar gloria a Dios, sino este extranjero? 

19 Y le dijo: Ponte de pie y vete, tu fe te ha salvado.

 

Comentario 

La lepra es una enfermedad de la piel, curable, pero genera mucha estigmatización y discriminación; más de treinta mil nuevos casos fueron registrados en el año previo a la pandemia del COVID-19. En gran medida esta enfermedad se origina por la falta de condiciones higiénicas y se desarrolla en un plazo de cinco años, manifestándose mediante diversos síntomas; se propaga por contacto repetido con alguien que la padezca. Los enfermos pueden desarrollar lesiones progresivas diversas que les impiden hacer una vida normal e, incluso, la ceguera. Actualmente existen tratamientos para curarla sin que sea letal. Esto no era posible en la época de Eliseo, ni en la de Jesús. 

 

Con la enfermedad venía el rechazo social y religioso inevitables, que sólo un milagro podía revertir, como cuentan las lecturas de hoy. La enfermedad es la marca de la muerte. Por eso recuperar la salud equivale a salvarse, en muchos casos de la Biblia. No hay catástrofe mayor que las enfermedades pensadas como castigo del pecado. Cuando el Dios de Israel sana a un oficial extranjero, se está mostrando que su salvación rebasa las fronteras y la raza; la salvación-salud es para todos los que acuden a él. Más todavía, enseña que es el único Dios, como confiesa Naamán ante el profeta Eliseo. 

 

Algo similar contemplamos en el relato evangélico, aunque con un desplazamiento de acento: son los no judíos, los extranjeros, los que están mejor dispuestos a reconocer la presencia sanadora de Dios operando en Jesús de Nazaret. Todo el que reconozca a Jesús será salvado. Para lectores grecorromanos, ser salvo, además del1bienestar físico y social, significaba sobrevivir en cercanía con los dioses y héroes más allá de la muerte; en el entorno judío esto se traducía en la comunión con el único Dios. Así, la salud es un concepto holístico (integrador) que abarca a la persona completa. Un estómago dañado afecta todas las relaciones del enfermo. 

 

La salud es uno de los derechos fundamentales de la persona humana. No es un derecho aislado, sino que está en relación con el trabajo, la educación, la alimentación, la vivienda y la información. Son los estados los responsables de garantizar el acceso a sistemas públicos de salud que ofrezcan a todos los ciudadanos disfrutar del máximo estado de salud posible. La salud es un don precioso que estamos llamados a cuidar, siendo responsables y solidarios con quienes padecen enfermedades. Nuestras comunidades han de velar no sólo por el cuidado de la salud espiritual de sus miembros, sino por el cuidado integral de la vida.

“Necesitamos cultivar un profundo sentido de amor, misericordia y compasión por las personas que son o se sienten heridas u olvidadas por la Iglesia” (Sínodo de la Sinodalidad, I Sesión, octubre 2023).

11 de Octubre del 2025

27a Semana Ordinario

Santa Ma. Soledad Torres (1887)

San Juan XXIII (1963)

 

Jl 4,12-21: Madura está la mies

Sal 97: «Alégrense, justos, con el Señor»

Lc 11,27-28: Dichosos los que escuchan la Palabra

 

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de la multitud alzó la voz y dijo: ¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron! 

28 Él replicó: ¡Dichosos, más bien, los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!

 

Comentario 

Por generaciones, la fecundidad es uno de los ingredientes esenciales de la cosmovisión bíblica. Así, la vocación de la tierra consiste en ser fértil y la de los seres vivos en multiplicarse. Así, la mujer ideal para la mentalidad judía debe ser “madre fecunda” y “señora de su casa”. Aunque encontramos a mujeres excepcionales que desbordaron esos estereotipos culturales. Entonces, la vida humana era mucho más frágil, la organización social era dominantemente patriarcal y la fuerza de trabajo escasa. Las condiciones han cambiado mucho en nuestras sociedades. En la comunidad del Reino, el honor de las mujeres no estriba en ser madre de un héroe, ni siquiera en ser la madre del Mesías, sino en la encarnación eficaz del Evangelio. Esto valida el discipulado de mujeres y varones, por igual. El Espíritu está clamando justipreciar los aportes teológicos, ministeriales y pastorales que innumerables mujeres han hecho al Cuerpo de Cristo a lo largo de su historia. ¿Cómo se promueve a la mujer en tu comunidad parroquial o eclesial?

“La auténtica escucha es un elemento fundamental en el camino hacia la sanación, el arrepentimiento, la justicia y la reconciliación” (Sínodo de la Sinodalidad, I Sesión, octubre 2023).

10 de Octubre del 2025

27a Semana Ordinario

San Daniel Comboni (1881)

Jl 1,13-15; 2,1-2: Viene el día del Señor

Sal 9: «El Señor juzga al mundo con justicia»

Lc 11,15-26: «El reino ha llegado a ustedes»

 

En aquel tiempo, después de que Jesús expulsara un demonio, algunos dijeron: Expulsa los demonios con el poder de Belcebú, jefe de los demonios. 

16 Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal del cielo. 

17 Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: Un reino dividido internamente va a la ruina y se derrumba casa tras casa. 

18 Si Satanás está dividido internamente, ¿cómo se mantendrá su reino? Porque ustedes dicen que yo expulso los demonios con el poder de Belcebú. 

19 Si yo expulso los demonios con el poder de Belcebú, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso ellos los juzgarán. 

20 Pero si yo expulso los demonios con el dedo de Dios, es que ha llegado a ustedes el reino de Dios. 

21 Mientras un hombre fuerte y armado guarda su casa, todo lo que posee está seguro. 

22 Pero si llega uno más fuerte y lo vence, le quita las armas en que confiaba y reparte sus bienes. 

23 El que no está conmigo está contra mí. El que no recoge conmigo desparrama. 

24 Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, recorre lugares áridos buscando descanso, y no lo encuentra. Entonces dice: Volveré a mi casa, de donde salí. 

25 Al volver, la encuentra barrida y arreglada. 

26 Entonces va, toma consigo otros siete espíritus peores que él, y se meten a habitar allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el comienzo.

 

Comentario 

Un renglón notable en el quehacer de Jesús es el enfrentamiento con los demonios, que, en la cosmovisión judía, representan los ejércitos de Belcebú o Satanás que acosan y dañan la vida. Se materializan de las más diversas maneras, volviendo a las personas intolerantes, asociales e incompetentes para la vida de comunidad. Al expulsar a los demonios, Jesús manifiesta que la fuerza del Reino de Dios está operando en favor de los suyos, curándolos, reintegrándolos y conduciéndolos por un camino de libertad y comunión. Constatamos que perseverar en una comunidad, tener como horizonte el Reino y disponerse a realizarlo, exige un esfuerzo constante. La pluralidad y, sobre todo, los ritmos a los que se camina, pueden convertirse en un factor de división. Siendo testigo de los estragos que está causando el mal en sus diversas formas: ¿Soy capaz de reconocer las actitudes que en mí no contribuyen a generar armonía y comunión? 

“Que el uso de fondos públicos o privados por parte de las estructuras de la Iglesia no condicione la libertad de hablar en nombre del Evangelio” (Sínodo de la Sinodalidad, I Sesión, octubre 2023).

9 de Octubre del 2025

27a Semana Ordinario

San Héctor Valdivieso (1934)

Mal 3,13-20a: «Los perdonaré como un padre al hijo»

Sal 1: «Dichoso el que ha puesto su confianza en el Señor»

Lc 11,5-13: «Pidan y se les dará»

 

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Supongamos que uno tiene un amigo que acude a él a medianoche y le pide: Amigo, préstame tres panes, 

6 que ha llegado de viaje un amigo mío y no tengo qué ofrecerle. 

7 El otro desde dentro le responde: No me vengas con molestias; estamos acostados yo y mis niños; no puedo levantarme a dártelo. 

8 Les digo que, si no se levanta a dárselo por amistad, se levantará a darle cuanto necesita para que deje de molestarlo. 

9 Y yo les digo: Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá, 

10 porque quien pide recibe, quien busca encuentra, a quien llama se le abre. 

11 ¿Qué padre entre ustedes, si su hijo le pide pan, le da una piedra? O, si le pide pescado, ¿le dará en vez de pescado una culebra? 

12 O, si pide un huevo, ¿le dará un escorpión? 

13 Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!

 

 

Comentario 

Jesús instruye sobre asuntos elementales que sustentan el estilo de vida de quienes deciden seguirle. Y la oración encabeza la lista de las prioridades. Más que orar para pedir, se trata de un ejercicio de abandono y confianza. Esto puede perturbar, sobre todo, si nos regimos por una mentalidad de inmediatez y productividad: “nada me caerá del cielo sino me esfuerzo”, “en esta vida nada es de gratis”. Son algunos de los lemas introyectados en los individuos de sociedades donde todo se prevé y planifica. De modo que confiar en Dios, más que en mis cálculos humanos, puede resultar incómodo. Oramos y confiamos, reconociendo nuestros límites y carencias; no somos dioses. Más todavía, Jesús nos alienta a pedir esos bienes que pasan desapercibidos, los dones espirituales. Enfrascados en el trajín diario nos olvidamos de lo trascendente. Jesús nos recuerda que Dios es más solidario que un amigo y más paciente que un padre. ¡No te olvides de pedir la fuerza del Espíritu Santo!

“La Iglesia está llamada a repetir las palabras de Jesús, y hacerlas revivir en toda su fuerza” (Sínodo de la Sinodalidad, I Sesión, octubre 2023).

8 de Octubre del 2025

27a Semana Ordinario

San Demetrio de Tesalónica (306)

Jon 4,1-11: «¿No voy a tener compasión por Nínive?»

Sal 86: «Tú, Señor, eres bueno y clemente»

Lc 11,1-4: «Señor, enséñanos a orar»

 

Una vez estaba Jesús en un lugar orando. Cuando terminó, uno de los discípulos le pidió: Señor, enséñanos a orar como Juan enseñó a sus discípulos. 

2 Jesús les contestó: Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino; 

3 el pan nuestro de cada día danos hoy; 

4 perdona nuestros pecados como también nosotros perdonamos a todos los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación.

 

Comentario 

El modo de orar de Jesús llamó la atención de los discípulos. Los judíos aprendían a orar desde pequeños, en el seno familiar. Cada mañana agradecían a Dios por la vida; contaban con bendiciones distintas, antes y después de las comidas; el Shemá a las horas del sacrificio, uno de los deberes de oración más prominente. El día entero de un judío piadoso abundaba en plegarias. Solía ser la madre quien iniciaba a los niños en la oración; luego, los maestros la profundizaban y, más tarde, en la sinagoga, cumplidos los doce años, se perfeccionaba. También habría guías o maestros con sello propio, como lo fueron Juan el Bautista y Jesús. Orar es signo de una fe que respira. La oración que Jesús enseña es breve y sustancial: ubica al orante en la casa paterna, donde el pan y la misericordia son vitales. Es una casa donde cabemos todos, absolutamente todos. Nos excluimos si a alguien excluimos. Reaprendamos a orar con el Padrenuestro y crezcamos en nuestra espiritualidad.

“La conversación en el Espíritu Santo es un instrumento que, a pesar de sus limitaciones, resulta fecundo” (Sínodo de la Sinodalidad, I Sesión, octubre 2023).

 


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