22 de Octubre del 2025

29a Semana Ordinario

San Juan Pablo II (2005)

Rom 6,12-18: Ofrézcanse a Dios

Sal 124: «El Señor es nuestra ayuda»

Lc 12,39-48: Al que se le dio mucho, se le exigirá mucho

 

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Entiendan bien esto: si el dueño de casa supiera a qué hora iba a llegar el ladrón, no le dejaría abrir un boquete en su casa. 

40 Ustedes también estén preparados, porque cuando menos lo piensen llegará el Hijo del Hombre. 

41 Pedro le preguntó: Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos? 

42 El Señor contestó: ¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su personal, para que les reparta las raciones de comida a su tiempo? 

43 Dichoso aquel sirviente a quien su señor, al llegar, lo encuentre actuando así. 

44 Les aseguro que le encomendará administrar todos sus bienes. 

45 Pero si aquel sirviente, pensando que su señor tarda en llegar, se pone a pegar a los muchachos y muchachas, a comer y beber y emborracharse, 

46 llegará el señor de aquel sirviente el día y la hora menos esperados, lo castigará y lo tratará como a los traidores. 

47 Aquel sirviente que, conociendo la voluntad de su señor, no prepara las cosas ni cumple lo mandado, recibirá un castigo severo; 

48 pero aquel que, sin saberlo, cometa acciones dignas de castigo, será castigado con menos severidad. A quien mucho se le dio mucho se le pedirá; a quien mucho se le confió mucho más se le exigirá.

 

Comentario 

Continúan las enseñanzas en la ruta a Jerusalén: hay que vivir preparados para nuestro encuentro definitivo con el Señor. La parábola insta a los administradores de la comunidad cristiana a comportarse responsablemente, con estricto apego a la encomienda recibida; el administrador nunca deberá abusar de sus subordinados, de lo contrario recibirá “un severo castigo”. La amenaza del amo lejos de paralizar al administrador, le invita a la fidelidad, honrando la voluntad de su señor que confía en él; esto le garantizará el voto de confianza y la bendición. Uno de los retos más complejos de cada individuo es convencerse de los talentos, cualidades o dones que posee. Tan malo es sobreestimarnos como minusvalorarnos. No basta la introspección y examinarnos en conciencia. Debemos, además, tener amigos genuinos a los que podamos escuchar, guías experimentados y competentes a quienes podamos consultar, compañeros de camino que nos hagan poner los pies en la tierra y ayudarnos en el discernimiento. Caminemos en comunión, con la esperanza de un mejor mañana, sin permitir abusos ni opresiones.

“Necesitamos una conversión a la lógica del Reino que puede hacer fecundas también las derrotas y los fallos” (Sínodo de la Sinodalidad, I Sesión, octubre 2023).

21 de Octubre del 2025

29a Semana Ordinario

Santa Laura Montoya Upegui (1949)

 

Rom 5,12b.17-19.20b-21: ¡Cuánto más vivirán por Jesucristo!

Sal 40: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad»

Lc 12,35-38: «Tengan las lámparas encendidas»

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Tengan la ropa puesta y las lámparas encendidas. 

36 Sean como aquellos que esperan que el amo vuelva de una boda para abrirle en cuanto llegue y llame. 

37 Dichosos los sirvientes a quienes el amo, al llegar, los encuentre despiertos: les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentarse a la mesa y les irá sirviendo. 

38 Y si llega a medianoche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.

 

Comentario 

Jesús anima al discípulo a vivir atento a su próxima venida, expectantes y preparados. Se vale de un ejemplo sumamente improbable: si los halla bien dispuestos el Señor, se pondrá a servirles. Esta inversión escatológica debe ser el acicate para no descuidar sus deberes de servidores y ganarse una bienaventuranza. Pensemos que cuando Lucas escribe su evangelio, el anhelo por la inminente venida del Señor, como la conocemos en Pablo, se había ido disipando con el paso de los años. Las preocupaciones de la vida, de una generación a la siguiente, condujeron a las comunidades cristianas a perder esa espera por completo. ¿Y nosotros? Los maestros de espiritualidad cristiana recomiendan meditar en la propia muerte y en el encuentro definitivo con Dios; a partir de allí, tomar las decisiones que orienten y den sentido a la vida personal. La sociedad tecnológica y consumista nos evitan el tema de la finitud, por lo que cuesta prepararnos para ese momento final. Atendamos a la llamada del Señor a la sensatez y ponderación de la vida.

“Los jóvenes, con sus dones y sus fragilidades, al tiempo que crecen en la amistad con Jesús, se hacen apóstoles del Evangelio” (Sínodo de la Sinodalidad, I Sesión, octubre 2023).

20 de Octubre del 2025

29a Semana Ordinario

San Honorio (s. VI)

 

Rom 4,20-25: Abrahán fue justificado

Interleccional Lc 1: «Bendito sea el Señor, porque nos ha visitado»

Lc 12,13-21: Lo que has acumulado, ¿de quién será?

 

En aquel tiempo, uno de la gente le dijo a Jesús: Maestro, dile a mi hermano que reparta la herencia conmigo. 

14 Jesús le respondió: Amigo, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre ustedes? 

15 Y les dijo: ¡Estén atentos y cuídense de cualquier codicia, que, por más rico que uno sea, la vida no depende de los bienes! 

16 Y les propuso una parábola: Las tierras de un hombre dieron una gran cosecha. 

17 Él se dijo: ¿qué haré, si no tengo dónde guardar toda la cosecha? 

18 Y dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros mayores en los cuales meteré mi trigo y mis bienes. 

19 Después me diré: Querido amigo, tienes acumulados muchos bienes para muchos años; descansa, come, bebe y disfruta. 

20 Pero Dios le dijo: ¡Necio, esta noche te reclamarán la vida! Lo que has preparado, ¿para quién será? 

21 Así le pasa al que acumula tesoros para sí y no es rico a los ojos de Dios.

 

Comentario 

Jesús pronuncia una máxima: “la vida no depende de los bienes”. La parábola presenta el soliloquio de un afortunado terrateniente. Éste, tras una extraordinaria cosecha, piensa dedicarse a “descansar, comer, beber y disfrutar” por muchos años. Suena como un ideal apetecible para muchos contemporáneos, pero no para Jesús, que, de manera insólita, hace intervenir al propio Dios en la narrativa. La última palabra de su propia vida no la tiene el rico, ni siquiera sobre sus bienes. Los bienes para que sean tales, enseña Jesús, han de servir para enriquecerse a los ojos de Dios. ¿Cómo es esto? El contexto lucano deja ver que ayudar a los pobres es la manera de atesorar delante de Dios. Ni duda cabe de que satisfacer las necesidades primarias de sobrevivencia es prioridad para cada ser humano. Queriendo solventarlas emprendemos cuanto pueda reportar alguna ganancia, por magra que sea y terminamos por sofocar esa Voz que nos reclama la vida al caer la noche. Es un asunto más social que devocional: ¿Qué bienes acumulamos ante Dios?

“Comprometerse en la participación activa para la construcción del bien común y en la defensa de la dignidad de la vida” (Sínodo de la Sinodalidad, I Sesión, octubre 2023).

19 de Octubre del 2025

29º DOMINGO ORDINARIO

San Pedro de Alcántara (1562)

San Pablo de la Cruz (1775)

 

Éxodo 17,8-13: Moisés sostuvo los brazos hasta la puesta del sol

Salmo 121: «Nuestra ayuda está en el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra»

2 Timoteo 3,14–4,2: Proclama la Palabra a tiempo y a destiempo

Lucas 18,1-8: Parábola de la viuda y el juez

 

En aquel tiempo, para inculcarles que hace falta orar siempre sin cansarse, Jesús les contó una parábola: 

2 Había en una ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. 

3 Había en la misma ciudad una viuda que acudía a él para decirle: Hazme justicia contra mi rival. 

4 Por un tiempo se negó, pero más tarde se dijo: Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, 

5 como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, así no seguirá molestándome. 

6 El Señor añadió: Fíjense en lo que dice el juez injusto. 

7 Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos si claman a él día y noche? ¿Los hará esperar? 

8 Les digo que inmediatamente les hará justicia. Sólo que, cuando llegue el Hijo del Hombre, ¿encontrará esa fe en la tierra?

 

Comentario 

El maravilloso bastón que Moisés debía sostener en alto para que Josué venciera a los amalecitas enseñaba a los lectores de generaciones posteriores que debían orar sin desfallecer hasta que Dios otorgara su favor. Más todavía, si junto al suplicante se sumaban otros, como en el relato del Éxodo, la plegaria adquiría una fuerza singular, irresistible, porque era una oración comunitaria. Esa imagen de Moisés en la cima de la montaña y flanqueado por Jur y Aarón guarda similitudes con la crucifixión de Jesús, soportado por los otros crucificados, con los brazos extendidos, consiguió la victoria sobre la muerte y el pecado. 

Por su parte, el evangelio de hoy impulsa a implorar incansablemente a un juez por la debida justicia. Orar es simple: cerrarse al exterior y abrirse a Dios. Uno se cierra recogiendo los propios pensamientos, enfocándose interiormente en Dios, en su presencia amable y bondadosa. Ante él, abrir el corazón; explayar lo que nos urge en ese momento, lo que experimentamos y anhelamos… y aguardar. Afinar el oído interior, atender su voz, es decir, palabras para discernir: ¿Qué quieres de mí? ¿Cómo puedo realizar lo que me pides? A veces las palabras fluyen del corazón, a veces no. Importa unirnos al Creador. Ser constantes en la oración es todo un reto, la descuidamos al no hacerla un hábito o costumbre. 

Es necesario destinar un tiempo exclusivo en el ajetreo de la rutina. Perseverar en la oración, es lo que Jesús nos pide, como la viuda con el juez inicuo. Conocemos jueces inicuos que impiden el acceso a la justicia a los que más la necesitan. Jueces que se guían por intereses inconfesables que los corrompen, sean sus propias ambiciones o de individuos u organizaciones que atropellan el cuerpo social, o, incluso de grupos abiertamente delincuenciales. El dinero y el poder, que no la justicia y el derecho, es lo que inclina la balanza en muchos tribunales, condenando a los más vulnerables. Muchas veces, al pensar en los líderes de nuestra sociedad, no tomamos en cuenta a los jueces que forman parte esencial del poder judicial, cuya tarea es la de garantizar el estado de derecho y el bienestar de individuos, sociedades y pueblos. 

La justicia es un bien que todos debemos procurar y mantener. No se alcanza sin más, sino que precisa de una vigilancia popular constante que asegure la igualdad. ¿Dónde descubres situaciones injustas? ¿Qué hacen tú y tu comunidad para promover el derecho de sus miembros?

“Una Iglesia sinodal necesita poner a los pobres en el centro de su propia vida” (Sínodo de la Sinodalidad, I Sesión, octubre 2023).

18 de Octubre del 2025

28a Semana Ordinario

San Lucas, evangelista (s.I)

 

Sal 145: «Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado»

Sal 32: «Tú eres mi refugio; me rodeas de cantos de liberación»

Lc 10,1-9: La mies es abundante; los obreros pocos

 

En aquel tiempo designó el Señor a otros setenta y dos y los envió por delante, de dos en dos, a todas las ciudades y lugares adonde pensaba ir. 

2 Les decía: La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los campos que envíe trabajadores para su cosecha. 

3 Vayan, que yo los envío como ovejas entre lobos. 

4 No lleven bolsa ni alforja ni sandalias. Por el camino no saluden a nadie. 

5 Cuando entren en una casa, digan primero: Paz a esta casa. 

6 Si hay allí alguno digno de paz, la paz descansará sobre él. De lo contrario, la paz regresará a ustedes. 

7 Quédense en esa casa, comiendo y bebiendo lo que haya; porque el trabajador tiene derecho a su salario. No vayan de casa en casa. 

8 Si entran en una ciudad y los reciben, coman de lo que les sirvan. 

9 Sanen a los enfermos que haya y digan a la gente: El Reino de Dios ha llegado a ustedes.

 

Comentario 

Jesús encomienda el proyecto del Reino de Dios bajo una estrategia de paz. La imagen de lobos y ovejas es elocuente; los enviados deben contar con que su vida está en riesgo continuo. Cuando el predicador asume el papel de poder, de lobo, está traicionando la encomienda de Jesús. La estrategia de paz más que defensiva es propositiva. La paz es una fuerza que emana del portador del evangelio de Cristo. Cuando el predicador entra en una casa busca contribuir a su fortalecimiento. La casa era una unidad de producción, no sólo de organización social familiar. El evangelizador se ha de unir en calidad de jornalero o trabajador para ganarse su comida y bebida. El administrador de la casa debía saberlo. Había curanderos y predicadores itinerantes que se ganaban la vida sanando o contando historias y discutiendo ideas filosóficas en las plazas públicas, donde cobraban por sus enseñanzas, pero no entraban en las casas. La salud integral de los miembros de la casa es evidencia de que el Reino ha llegado.

“Se invita a las Iglesias locales a determinar formas y ocasiones en las que dar visibilidad y reconocimiento comunitario a carismas y ministerios” (Sínodo de la Sinodalidad, I Sesión, octubre 2023).

 


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