11 de Noviembre del 2025

32º Semana Ordinario

San Martín de Tours (397)

 

Sab 2,23–3,9: Dios creó al hombre para la inmortalida

Sal 34: «Bendigo al Señor en todo momento»

Lc 17,7-10: Somos solo sirvientes

Supongamos que uno de ustedes tiene un sirviente arando o cuidando los animales. Cuando éste vuelva del campo, ¿le dirá que pase enseguida y se ponga a la mesa? 

8 No; le dirá, más bien: Prepárame de comer, ponte el delantal y sírveme mientras como y bebo; después comerás y beberás tú. 

9 ¿Tendrá aquel señor que agradecer al sirviente que haya hecho lo mandado? 

10 Así también ustedes: Cuando hayan hecho todo lo mandado, digan: Somos simples sirvientes; solamente hemos cumplido nuestro deber.

 

Comentario 

En la primera lectura encontramos una descripción de la persona justa a quien el sufrimiento no la doblega, ni la hace renegar de Dios. Las pruebas se transforman en oportunidades de abrazar la fe, practicar la justicia y una posibilidad de crecimiento. Nunca percibe la adversidad como castigo de Dios, sino como consecuencia del mal en el mundo y de su poder seductor. Seguro que para Jesús las personas justas son quienes se disponen a servir con amor. Pero el espíritu del texto no es una insinuación al servilismo ingenuo o ciego, que cualquiera con más astucia pudiera aprovecharse; no se trata de una exigencia porque caeríamos en la tentación de asociar la vida cristiana con el mero cumplimiento de normas. Es un momento oportuno para preguntarnos por las motivaciones de nuestra participación y servicio en la Iglesia. Cultivemos una fe que brota de la gratuidad del amor experimentado y no cómo algo que nos ganamos a partir de la sumatoria de nuestros actos de piedad y vida sacramental. 

“Aun quienes aparentemente poseen sólidas convicciones doctrinales y espirituales suelen caer en un estilo de vida que los lleva a aferrarse a seguridades económicas, o a espacios de poder y de gloria humana” (EG 80).

10 de Noviembre del 2025

32º Semana Ordinario

San León Magno (461)

Sab 1,1-7: El Espíritu del Señor llena la tierra

Sal 139: «Guíame, Señor, por el camino recto»

Lc 17,1-6: «Si siete veces vuelve a decirte ‘Lo siento’, perdónalo»

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Es inevitable que haya escándalos; pero, ¡ay del que los provoca! 

2 Más le valdría que le ataran en el cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños. 

3 Estén en guardia: si tu hermano peca, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo. 

4 Si siete veces al día te ofende y siete veces vuelve a ti diciendo que se arrepiente, perdónalo. 

5 Los apóstoles dijeron al Señor: Auméntanos la fe. 

6 El Señor dijo: Si tuvieran fe como una semilla de mostaza, dirían a esta morera: Arráncate de raíz y plántate en el mar, y los obedecería.

 

Comentario 

La primera lectura nos invita a considerar la sabiduría como amiga que sale en defensa de las vidas que actúan con prudencia; la persona sabia es humilde, aprende de sus errores y se esmera en proceder con rectitud y justicia. Los liderazgos religiosos asumidos con poca sabiduría hoy son expuestos mediáticamente, particularmente por escándalos relacionados con el abuso de poder. El evangelio que siempre es buena noticia, comienza con una advertencia severa por parte de Jesús dirigida a quienes escandalizan “a uno de estos pequeños”. No se puede interpretar solamente por la corrupción de menores, sino de adultos vulnerables o de cualquier persona, dentro y fuera de la Iglesia. Siempre es oportuno recordar que se lastima la dignidad, se traiciona la confianza y se abusa de una posición privilegiada. De la advertencia, pasa a exhortar a la comunidad a no perder de vista la misericordia, porque no podemos dar cabida al mal, bajo ninguna circunstancia. A este punto toda comunidad discipular está invitada a pedir a Dios una fe valiente y entrañable. 

“Qué tristeza cada vez que nos quedamos encerrados en nosotros mismos, incapaces de perdonar. Triunfa el rencor, la rabia, la venganza; la vida se vuelve infeliz y se anula el alegre compromiso por la misericordia” (Misericordia et Misera 8).

9 de Noviembre del 2025

32º Domingo Ordinario

DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁN

Ezequiel 47,1-2.8-9.12: Había vida donde la corriente llegaba

Salmo 46: «El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios»

1 Corintios 3,9c-11.16-17: Son templo de Dios

Jn 2,13-22: Hablaba del Templo de su cuerpo

Como se acercaba la Pascua judía, Jesús subió a Jerusalén. 

14 Encontró en el recinto del Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los que cambiaban dinero sentados. 

15 Se hizo un látigo de cuerdas y expulsó a todos del Templo, ovejas y bueyes; esparció las monedas de los que cambiaban dinero y volcó las mesas; 

16 a los que vendían palomas les dijo: Saquen eso de aquí y no conviertan la casa de mi Padre en un mercado. 

17 Los discípulos se acordaron de aquel texto: El celo por tu casa me devora. 

18 Los judíos le dijeron: ¿Qué señal nos presentas para actuar de ese modo? 

19 Jesús les contestó: Derriben este santuario y en tres días lo reconstruiré. 

20 Los judíos dijeron: Cuarenta y seis años ha llevado la construcción de este santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días? 

21 Pero él se refería al santuario de su cuerpo. 

22 Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos recordaron que había dicho eso y creyeron en la Escritura y en las palabras de Jesús.

 

Comentario 

El profeta Ezequiel nos habla en la primera lectura del valor del recurso hídrico. Y distingue “aguas pútridas” de “aguas saneadas”. Inmediatamente nos puede traer a la memoria lo que en muchas ciudades hemos provocado por el uso y abuso de los bienes de la creación. Aunque espiritualicemos el texto, veríamos que el descuido en la creación, es el resultado del descuido y maltrato a la vida misma. Por lo que nuestras comunidades cristianas necesitan manifestar que su espiritualidad y el cultivo de su fe les conduce al saneamiento interior de sus vidas y relaciones, así como con todo lo creado. 

San Pablo recuerda a las comunidades creyentes cuidar el cimiento sobre el que están fundadas, Jesús mismo. Invita a estar atentos en como se va edificando la vida y las relaciones. Edificar y cuidar deviene en el fortalecimiento de la relación con Dios, con la comunidad eclesial y con todo lo creado. Pensemos que estarán sostenidas por la fe, el respeto, la mutua valoración, el reconocimiento de la dignidad y la práctica de la solidaridad. Les invita a no olvidar que cada uno es «santuario de Dios» y que es el Espíritu quien les habita y cohesiona. ¿Reconocemos esa fuerza y vitalidad del Espíritu sosteniendo nuestra vida y fortaleciendo nuestra capacidad de amar? Si le permitimos al Espíritu actuar, si le escuchamos y le reconocemos, seremos testigos de su acción salvífica y redentora. 

En el evangelio de Juan nos encontramos con un Jesús indignado por el irrespeto no a un edificio material, sino a las piedras y templo vivo de las personas. Quienes se supone deben velar por el cuidado de la vida, están más interesados en lo que generan de ganancia esas relaciones y cultos religiosos. ¿En mi comunidad parroquial nos confrontan los problemas sociales o les damos la espalda? Existe la fuerte tentación de refugiarnos en un templo buscando la salvación personal y también de fomentar un espiritualismo comunitario de espaldas a la realidad que nos aliena. Recordemos entonces que seguir a Jesús implica abrazar una espiritualidad transformadora de personas y realidades. 

¿Es mi fe capaz de ayudarme a mirar más allá de mi templo, mi comunidad, mi religión? ¿Experimentamos al Dios que nos habita y nos hace templos vivos de su presencia? Dios mismo nos pide ser testimonio de su amor incondicional sin fronteras de ningún tipo, canales de la gracia que transforma toda realidad empecatada e injusta. Jesús anhela encontrar ese lugar de comunión auténtica, donde a puertas abiertas se comparte, se rehabilita y dignifica toda vida. 

“Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos!” (FT 8).

8 de Noviembre del 2025

31a Semana Ordinario

Santa Isabel de la Trinidad (1906)

Rom 16,3-9.16.22-27: «Salúdense con el beso santo»

Sal 145: «Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi Rey»

Lc 16,9-15: ¿Quién les confiará lo que vale?

Enseñó Jesús: Yo les digo que con el dinero sucio se ganen amigos, de modo que, cuando se acabe, ellos los reciban en la morada eterna. 

10 El que es fiel en lo poco, es fiel en lo mucho; el que es deshonesto en lo poco, es deshonesto en lo mucho. 

11 Si con el dinero sucio no han sido de confianza, ¿quién les confiará el legítimo? 

12 Si con lo ajeno no han sido de confianza, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes? 

13 Un empleado no puede estar al servicio de dos señores porque odiará a uno y amará al otro o apreciará a uno y despreciará al otro. No pueden estar al servicio de Dios y del dinero. 

14 Los fariseos, que eran muy amigos del dinero, oían todo esto y se burlaban de él. 

15 Él les dijo: Ustedes pasan por justos ante los hombres, pero Dios los conoce por dentro. Porque lo que los hombres tienen por grande Dios lo aborrece.

 

Comentario 

Enfáticamente Jesús nos ha dicho: «No pueden estar al servicio de Dios y del dinero». La codicia, fruto de un egoísmo sin control, es la gran tentación del sistema-mundo en el que viven inmersas nuestras sociedades. El problema son las falsas expectativas y sentimientos que origina el dinero; a quien lo acumula porque lo convierte en una persona ambiciosa e insatisfecha y a quien no lo tiene porque le hace creer que su vida vale menos o que no será nunca feliz. Tenemos que estar atentos para no convertir el dinero o los bienes en un ídolo. Corremos el peligro de caer en la trampa de las necesidades creadas, no apreciando las pequeñas cosas que nos regala la vida. El examen de hoy es en buena medida personal, pero como dice el refrán: “dime con quien andas y te diré quién eres”, recordándonos que no podemos vivir de apariencia, ni forjar relaciones sujetas al puro interés material. El evangelio es claro en la exigencia de la fraternidad-sororidad como lucha contra la injusticia. 

“Un ser humano está hecho de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede encontrar su plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás” (FT 87).

7 de Noviembre del 2025

31a Semana Ordinario

San Vicente Grossi (1917)

Rom 15,14-21: Por Cristo Jesús, puedo sentirme orgulloso

Sal 98: «Que todos los pueblos aclamen al Señor»

Lc 16,1-8: Los hijos de este mundo son más astutos que los de la luz

En aquel tiempo decía Jesús a sus discípulos: Un hombre rico tenía un administrador. Le llegaron quejas de que estaba derrochando sus bienes. 

2 Lo llamó y le dijo: ¿Qué es lo que me han contado de ti? Dame cuentas de tu administración, porque ya no podrás seguir en tu puesto. 

3 El administrador pensó: ¿Qué voy a hacer ahora que el dueño me quita mi puesto? Para cavar no tengo fuerzas, pedir limosna me da vergüenza. 

4 Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me despidan, alguno me reciba en su casa. 

5 Fue llamando uno por uno a los deudores de su señor y dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi señor? 

6 Contestó: Cien barriles de aceite. Le dijo: Toma el recibo, siéntate enseguida y escribe cincuenta. 

7 Al segundo le dijo: Y tú, ¿cuánto debes? Contestó: Cuarenta toneladas de trigo. Le dijo: Toma tu recibo y escribe treinta. 

8 El dueño alabó al administrador deshonesto por la astucia con que había actuado. Porque los hijos de este mundo son más astutos con sus semejantes que los hijos de la luz.

 

Comentario 

Hemos leído la parábola acerca de un juez corrupto. Al principio pareciera que Jesús lo aplaude, pero no por su mal proceder. Lo que realmente valora es la astucia de su conducta para reinventarse en un momento adverso. Si prestamos atención a las personas que por instinto de supervivencia se defienden, gritan, huyen, reconoceríamos esa energía contenida en su interior, tan necesaria para hacer prevalecer la vida. Esa es la misma vitalidad e impulso que Jesús quiere que empleemos apasionadamente para hacer el bien y hacer presente el Reino. Se trata de actitudes, disposiciones, relaciones que construyen puentes y derriban los muros del mal. Si lo ponemos en términos de justicia como equilibrio, tendríamos que valernos de la astucia para reconocer el mal y de la prudencia, para encontrar la solución adecuada. El dinero o los recursos no son malos ni buenos, sino el efecto que producen en nosotros, de acaparamiento o de solidaridad. Conscientes de vivir en un mundo injusto, cuidémonos de la tentación del uso indebido de los bienes.

“Procura estar siempre allí donde hace más falta la luz y la vida del Resucitado” (EG 30).


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