2 de Agosto del 2025

Primer Lectura: Jer 26,1-9: 
El pueblo se juntó en el Templo
Salmo: 69: 
“Que me escuche tu gran bondad, Señor”
Evangelio: Mt 13,54-58: 
“¿No es éste el hijo del carpintero?” 

 

17ª Semana Ordinario, Ntra. Sra. de los Ángeles (Costa Rica), San Eusebio de Vercelli (371), San Pedro Julián Eymard (1868)

 

54 En aquel tiempo se dirigió Jesús a su ciudad y se puso a enseñarles en su sinagoga. Ellos preguntaban asombrados: ¿De dónde saca éste su saber y sus milagros? 
55 ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? 
56 Sus hermanas, ¿no viven entre nosotros? ¿De dónde saca todo eso? 
57 Y esto era para ellos un obstáculo. Jesús les dijo: A un profeta sólo lo desprecian en su patria y en su casa. 
58 Y por su incredulidad, no hizo allí muchos milagros.
 
 
 
Comentario 

 

«Vino a los suyos y los suyos no lo reconocieron», nos dice el prólogo del evangelio de Juan. En Jesús, Dios se acercó discretamente. Se manifestó en la humildad de nuestra carne. Esa manera de hablar de Dios, esa interpretación del reino de Dios, esa libertad frente a las prácticas de culto en sábado, esas curaciones y liberaciones realizadas desconciertan. Todo eso provoca asombro, interrogantes y escándalo. ¿Cómo se atreve hablar así si no ha cursado estudios en ninguna universidad y tampoco pertenece a la clase sacerdotal? Es simplemente el hijo de un carpintero… Si él es pueblo-pueblo… Conocemos a su familia. ¿Cómo se atreve? Sólo la fe es un camino abierto para reconocer la presencia de Dios en la cotidianidad. Es una tentación querer encontrarlo buscando cosas fantásticas y maravillosas. La gloria de Dios está presente en la monotonía de las horas y los días. Damos gracias a Dios Padre, unidos a Jesús, por haber revelado estas cosas a la gente sencilla. ¿Es así como experimentamos al Dios de Jesús?

“Necesitamos el contacto vivo con su persona: conocer mejor a Jesús y sintonizar vitalmente con él y su causa” (J. Pagola).

1 de Agosto del 2025

Primer Lectura: Lev 23,1.4-11.15-16.27.34b-37:  
Se reunirán en asamblea
Salmo: 81: 
¡Clamen a Dios, nuestra fuerza!
Evangelio: Mt 13,54-58:
¿No es el hijo del carpintero?

 

17ª Semana Ordinario, San Alfonso María de Ligorio (1787)

 

54 En aquel tiempo se dirigió Jesús a su ciudad y se puso a enseñarles en su sinagoga. Ellos preguntaban asombrados: ¿De dónde saca éste su saber y sus milagros? 
55 ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? 
56 Sus hermanas, ¿no viven entre nosotros? ¿De dónde saca todo eso? 
57 Y esto era para ellos un obstáculo. Jesús les dijo: A un profeta sólo lo desprecian en su patria y en su casa. 
58 Y por su incredulidad, no hizo allí muchos milagros.
 
 
 
 
Comentario 

 

El Levítico hace mención de las fiestas que celebra Israel en memoria del Dios liberador: el sábado, la pascua, la fiesta de las tiendas. Todas en acción de gracias por las bendiciones recibidas. Rescatamos la mención al descanso y a la memoria. No se puede uno volver esclavo, olvidándose de lo que Dios ha hecho para liberarnos. No hay que olvidar el precario y difícil paso por el desierto. Pero todo sacrificio vale la pena con tal de vivir en libertad y dignidad. Celebrar esa acción histórica de Dios es importante. Con el salmista cantamos a ese Dios que da la fuerza y acompaña providentemente a quien busca salir de territorios de esclavitud. A Jesús le toca enfrentar la incomprensión e infravaloración de sus paisanos. A muchos nos cuesta creer en nuestra propia gente y sus posibilidades. La propia tierra, sin memoria y amor propio, no comprende ni reconoce la presencia de Dios que le habita. Es necesario volver al significado original de nuestro encuentro con Dios.

 

“La familia es el lugar donde los padres se convierten en los primeros maestros de la fe para sus hijos. Es una tarea artesanal” (AL 16).

31 de Julio del 2025

Primer Lectura: Éx 40, 16-21.34-38: 
La gloria del Señor llenó el santuario
Salmo: 84: 
«¡Qué deseables son tus moradas, Señor!»
Evangelio: Mt 13,47-53: 
Reúnen los peces buenos en cestos y tiran los malos

 

17ª Semana Ordinario San Ignacio de Loyola (1556)

 

El reino de los cielos se parece a una red echada al mar, que atrapa peces de toda especie. Cuando se llena, los pescadores la sacan a la orilla, y sentándose, reúnen los buenos en cestas y los que no valen los tiran. Así sucederá al fin del mundo: separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el crujir de dientes. ¿Lo han entendido todo? Le responden que sí, y él les dice: Pues bien, un letrado que se ha hecho discípulo del reino de los cielos se parece al dueño de una casa que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas. Cuando Jesús terminó estas parábolas, se fue de allí.
 
 
 
Comentario 

 

El recorrido del Éxodo termina con la construcción y consagración de un santuario. Describe minuciosamente tiempos y materiales sobre el levantamiento de aquella arquitectura sagrada. La presencia gloriosa y consoladora de Dios habitaba el lugar. La dedicación del culto es a la memoria de la liberación de la esclavitud y su conformación como pueblo. Es la historia de un grupo esclavo oprimido que cuenta con la presencia providente de Dios. En el evangelio nos encontramos con dos parábolas. La primera, critica la exclusión social. Dios se revela como Padre acogedor que espera el compromiso de los rechazados por la sociedad. La segunda, recupera los valores judíos que humanizan y que son valiosos para la construcción del Reino. El pueblo surge de la integración y recuperación de sus raíces, de la conciencia de haber sido liberados. Interroguemos nuestras prácticas religiosas a partir su origen. Si no van en sintonía con lo que propone Jesús, no debemos asustarnos, pero consideremos el hecho de transformarlas.

“El Espíritu de Dios llenó el universo con virtualidades que permiten que del seno mismo de las cosas pueda brotar siempre algo nuevo” (LS 80).

30 de Julio del 2025

Primer Lectura: Éx 34,29-35: 
Al ver a Moisés, no se acercaron a él
Salmo: 99: 
«Santo eres, Señor, Dios nuestro»
Evangelio: Mt 13,44-46: 
Vende todo lo que tiene y compra el campo

 

17a Semana Ordinario, Santa María De Jesús Venegas, religiosa (1959), San Pedro Crisólogo (451)

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: 
44 El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo: lo descubre un hombre, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, vende todas sus posesiones para comprar aquel campo. 
45 El reino de los cielos se parece a un comerciante de perlas finas: 
46 al descubrir una de gran valor, va, vende todas sus posesiones y la compra.
 
 
 
Comentario 

 

Moisés actúa como mediador entre Dios y el pueblo. Los encontramos dóciles al liderazgo de Moisés, a quien Dios se dirige directamente, instruyéndoles en el proceso de organización como sociedad alternativa. Es oportuno orar por nuestros guías en el camino hacia Dios, para que tengan sabiduría y sepan animar los procesos de fe y de comunidad.
Jesús presenta dos parábolas para motivar a la gente a generar cambios en su modo de proceder. Tanto el tesoro escondido como la perla de gran valor requieren de corazones dispuestos a sacrificar algo. Se renuncia a algo por un bien mayor. Por lo tanto, necesitamos reconocer que el Reino de Dios, no llega sin la renuncia a intereses personales o a estructuras que no benefician a las mayorías. Vivimos en sociedades polarizadas y con escasez de liderazgos que velen por el bien común. Si queremos colaborar con la transformación de la sociedad no podemos hacer prevalecer actitudes divisionistas o partidarias. Que como Iglesia ejerzamos el papel mediador sin favoritismos.

“Dios, que quiere actuar con nosotros y contar con nuestra cooperación, también es capaz de sacar algún bien de los males que nosotros realizamos” (LS 80).

29 de Julio del 2025

Primer Lectura: 1Jn 4,7-16: 
Si nos amamos, Dios permanece en nosotros
Salmo: 34: 
«Gusten y vean qué bueno es el Señor»
Evangelio: Jn 11,19-27: 
«Creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios»

 

17ª Semana Ordinario, Santos Marta, María y Lázaro (s. I)

 

19 Muchos judíos habían ido a visitar a Marta y María para darles el pésame por la muerte de su hermano. 
20 Cuando Marta oyó que Jesús llegaba, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. 
21 Marta dijo a Jesús: Si hubieras estado aquí, Señor, mi hermano no habría muerto. 
22 Pero yo sé que lo que pidas, Dios te lo concederá. 
23 Le dice Jesús: Tu hermano resucitará. 
24 Le dice Marta: Sé que resucitará en la resurrección del último día.
25 Jesús le contestó: Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mí, aunque muera, vivirá; 
26 y quien vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Lo crees? 
27 Le contestó: Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo.
 
 
 
Comentario 

 

La comunidad a la que se dirige el autor de la carta de Juan, estaba viviendo divisiones internas. Encontraban desafiante abrazar con madurez el seguimiento de Jesús y la vida cristiana en comunidad. Sin embargo, se les recuerda que el amor mutuo será la señal de que permanecen en Dios. El Espíritu no divide, cohesiona a la comunidad por el amor que viene de Dios. Es el motivo de alabanza del salmista que canta al Dios que lo salva y libera, con la intención de invitar a que otros tengan esta misma experiencia. Celebrando hoy la memoria de los hermanos de Betania, los amigos de Jesús, confirmamos el espacio familiar como el lugar por excelencia para vivir en el amor. Hablamos de ese amor que es más fuerte que la muerte y pervive en el tiempo. Los lazos del amor han de cuidarse para que no se rompan por el egoísmo. Jesús se solidariza y acompaña en el dolor, consolando a quienes lo necesitan y ven nublada la esperanza.  

“La muerte también nos indica que solamente el bien y el amor que sembramos mientras vivimos permanecerán” (Papa Francisco).


© 2026 - DIARIO BÍBLICO, MICLA Misioneros Claretianos de América, Claret Publishing Group - Todos los derechos reservados - Aviso de Privacidad