11 de Septiembre del 2025


23a Semana Ordinario

Mártires Carmelitas (1792)


Col 3,12-17: Por encima de todo el amor

Sal 150:«Todo ser que alienta alabe al Señor»

Lc 6,27-38: «Sean compasivo como su Padre»

 

27 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: A ustedes que me escuchan yo les digo: Amen a sus enemigos, traten bien a los que los odian; 

28 bendigan a los que los maldicen, recen por los que los injurian. 

29 Al que te golpee en una mejilla, ofrécele la otra, al que te quite el manto no le niegues la túnica; 

30 da a todo el que te pide, al que te quite algo no se lo reclames. 

31 Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. 

32 Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? También los pecadores aman a sus amigos. 

33 Si hacen el bien a los que les hacen el bien, ¿qué mérito tienen? También los pecadores lo hacen. 

34 Si prestan algo a los que les pueden retribuir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan para recobrar otro tanto. 

35 Por el contrario amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Así será grande su recompensa y serán hijos del Altísimo, que es generoso con ingratos y malvados. 

36 Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes. 

37 No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados. Perdonen y serán perdonados. 

38 Den y se les dará: recibirán una medida generosa, apretada, sacudida y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan serán medidos.

 

Comentario 

El texto de este día contiene las exigencias más fuertes del Evangelio: amar, tratar bien, bendecir, rezar por aquellas personas que nos hacen o desean el mal. Jesús pide a sus discípulos y discípulas responder con amor y bondad a los enemigos. No es fácil cuando nos pide poner la otra mejilla, porque estamos acostumbrados a evitar o defendernos. La invitación a tener este comportamiento nos desafía a proponer caminos sin violencia, sin luchas de poder. Jesús nos revela que el amor del Padre es sin medida, gratuitamente y sin mérito alguno. Por eso nos pide no conformarnos con un amor que busca compensaciones, sino cultivar un amor compasivo como el suyo. Saber padecer y comprender a los demás a partir de sus propios sufrimientos y miserias. En un mundo cargado de tanta violencia y rencor, estas palabras de Jesús parecen ser el camino que nos conduce a la paz. Necesitamos controlar la violencia interior y transformarla, por decisión, en oportunidad de vencernos a nosotros mismos. Seamos instrumentos de la paz de Dios.

“Aunque las palabras de Jesús puedan parecernos poéticas, sin embargo, van muy a contracorriente con respecto a lo que es costumbre, a lo que se hace en la sociedad” (GE 65).

10 de Septiembre del 2025

23a Semana Ordinario
San Nicolás de Tolentino (1305)

 

Col 3,1-11: «Han muerto con Cristo»

Sal 145: «El Señor es bueno con todas sus criaturas»

Lc 6,20-26: «¡Dichosos ustedes…!» «¡Ay de ustedes…!»

 

Dirigiendo la mirada a los discípulos, les decía: Felices los pobres, porque el reino de Dios les pertenece. Felices los que ahora pasan hambre, porque serán saciados. Felices los que ahora lloran, porque reirán. Felices cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y desprecien su nombre a causa del Hijo del Hombre. Alégrense y llénense de gozo, porque el premio en el cielo es abundante. Del mismo modo los padres de ellos trataron a los profetas. Pero ¡ay de ustedes, los ricos, porque ya tienen su consuelo! ¡Ay de ustedes, los que ahora están saciados, porque pasarán hambre! ¡Ay de los que ahora ríen, porque llorarán y harán duelo! ¡Ay de ustedes cuando todos los alaben! Del mismo modo los padres de ellos trataron a los falsos profetas.

 

Comentario 

El texto de hoy nos presenta el inicio del Sermón del Llano. Es un discurso revolucionario en el cual se contraponen los valores de este mundo con los valores que nos propone el Evangelio. Lucas presenta las cuatro bienaventuranzas confrontándolas con las cuatro imprecaciones. A los ojos del mundo se felicita a quienes ostentan riquezas, poder y prestigio, pero Jesús enseña que los pobres, los con hambre, los que sufren y los perseguidos son quienes califican para participar del Reino. Jesús invierte nuestra escala de valores. Las Bienaventuranzas nos muestran cómo en la vida nos movemos en esas tensiones y tentaciones, enseñándonos donde debemos situarnos en nuestra vida cristiana. Ante el clamor de tantos hermanos y hermanas que sufren ¿cuál es nuestra actitud? Configuremos nuestra vida de fe, no a partir de las seguridades y éxitos, sino desde el amor que prodigamos. El corazón humilde y necesitado es capaz de solidarizarse, mucho más que el de quienes tienen una vida resuelta y hasta pueden prescindir de Dios.

“Una tarea movida por la ansiedad, el orgullo, la necesidad de aparecer y de dominar, ciertamente no será santificadora” (GE 28).

9 de Septiembre del 2025

23a Semana Ordinario
Santa María La Antigua
San Pedro Claver (1654)

 

Col 2,6-15: Dios nos dio vida en Cristo

Sal 145: «El Señor es bueno con todos»

Lc 6,12-19: Escogió a Doce

 

12 En aquel tiempo Jesús subió a una montaña a orar y se pasó la noche orando a Dios. 

13 Cuando se hizo de día, llamó a los discípulos, eligió entre ellos a Doce y los llamó apóstoles: 

14 Simón, a quien llamó Pedro; Andrés, su hermano; Santiago y Juan; Felipe y Bartolomé; 

15 Mateo y Tomás; Santiago hijo de Alfeo y Simón el rebelde; 

16 Judas hijo de Santiago y Judas Iscariote, el traidor. 

17 Bajó con ellos y se detuvo en un llano. Había un gran número de discípulos y un gran gentío del pueblo, venidos de toda Judea, de Jerusalén, de la costa de Tiro y Sidón, 

18 para escucharlo y sanarse de sus enfermedades. Los atormentados por espíritus inmundos quedaban sanos, 

19 y toda la gente intentaba tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.

 

Comentario 

En los evangelios vemos a Jesús que antes de tomar sus decisiones más importantes se retira a orar. Lucas nos presenta la llamada de los primeros discípulos como fruto de un fuerte momento de comunión-comunicación con Dios. Jesús discierne a quienes llamará para ser continuadores de la misión del Reino que le ha sido encomendada. Para establecer el fundamento del nuevo pueblo de Dios, la comunidad la conforman hombres y mujeres atraídos por su propuesta de vida alternativa. La comunidad discipular acompaña, aprende, se sensibiliza y es continuadora de la misión de Jesús. Para eso nos llama y elige el Señor a quienes hoy intentamos seguir con su causa. Afirma el evangelista que: «venían para escucharlo y sanarse de sus enfermedades». Nos recuerda lo esencial de la misión de Jesús: curar, sanar, salvar a los enfermos y marginados del abandono. Sin esta implicación compasiva con los que sufren corremos el riesgo de traicionar la misión que Dios nos ha encomendado. Recuerda que también llevas esa fuerza sanadora y liberadora de Jesús

“Su solicitud especial por los más vulnerables y excluidos nos invita a todos a cuidar a las personas más frágiles” (Papa Francisco).

8 de Septiembre del 2025

23a Semana Ordinario
Natividad de María
Nuestra Sra. de la Caridad del Cobre

 

 

Miq 5,1-4a: Aquella que debe dar a luz tendrá su hijo…

Sal 13: «Desbordo de gozo con el Señor»

Mt 1,1-16.18-23: La Virgen dará a luz a un hijo

 

1 Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán: 

2 Abrahán engendró a Isaac; Isaac engendró a Jacob; Jacob engendró a Judá y a sus hermanos…

16 Jacob engendró a José, esposo de María, de la que nació Jesús, llamado el Mesías. 

18 El nacimiento de Jesús, Mesías, sucedió así: su madre, María, estaba comprometida con José, y antes del matrimonio, quedó embarazada por obra del Espíritu Santo. 

19 José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, pensó abandonarla en secreto. 

20 Ya lo tenía decidido, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María como esposa tuya, pues la criatura que espera es obra del Espíritu Santo. 

21 Dará a luz un hijo, a quien llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. 

22 Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del profeta: 

23 Mira, la virgen está embarazada, dará a luz a un hijo que se llamará Emanuel, que significa: Dios con nosotros.

 

 

Hoy celebramos la Natividad de María, nuestra Madre. Hacemos memoria de su nacimiento, en reconocimiento al Dios que se fijó en la sencillez de esta joven. En ella y por ella “hará grandes cosas el Señor”. Dios se abaja y se acerca a nosotros a través del sí de María. Por medio de ella, Dios se encontró con la humanidad. Su confianza y disponibilidad fueron indispensables para el «hágase» que pronunciaron sus labios. Ella con valentía dijo: «que se cumpla en mí tu palabra» (Lc 1,38). Gracias a su colaboración se hizo posible el nacimiento del Emmanuel: “Dios con nosotros”. María nos enseña que con un «sí» sostenido a lo largo de nuestra vida, posibilitamos que la acción salvadora de Dios continúe presente en la historia. Como María podemos encarnar el Evangelio en la realidad que vivimos. Felicitamos a María con estas palabras de Pedro Casaldáliga: “Decir tu nombre, María, es decir que nuestra carne viste el silencio del Verbo. Decir tu nombre, María, es decir que el Reino viene caminando con la Historia”.

“Se habla de la memoria de María, que conservaba en su corazón todo lo que escuchaba y veía, de modo que la Palabra diese fruto en su vida” (LF 58).

7 de Septiembre del 2025

23a Semana Ordinario
Santa Regina (s. VIII)

 

Sabiduría 9,13-19: ¿Quién comprende el designio de Dios?

Salmo 90: «Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación»

Filemón 9-10.12-17: «Recíbelo, no como esclavo, sino como hermano querido»

Lucas 14,25-33: «Quien no renuncia a todo no puede ser mi discípulo»

 

25 En aquel tiempo le seguía una gran multitud a Jesús. Él se volvió y les dijo: 

26 Si alguien viene a mí y no me ama más que a su padre y su madre, a su mujer y sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo. 

27 Quien no carga con su cruz y me sigue no puede ser mi discípulo. 

28 Si uno de ustedes pretende construir una torre, ¿no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? 

29 No suceda que, habiendo echado los cimientos y no pudiendo completarla, todos los que miran se pongan a burlarse de él 

30 diciendo: “Este empezó a construir y no puede concluir”. 

31 Si un rey va a enfrentarse en batalla contra otro, ¿no se sienta primero a deliberar si podrá resistir con diez mil al que viene a atacarlo con veinte mil? 

32 Si no puede, cuando el otro todavía está lejos, le envía una delegación a pedir la paz. 

33 Lo mismo cualquiera de ustedes: quien no renuncie a sus bienes no puede ser mi discípulo.

 

 

En el evangelio de este domingo Jesús es honesto con quienes lo siguen, hablando de lo que significa participar de la dinámica del Reino. Nos invita al reconocimiento de nuestras inseguridades y apegos, como obstáculo para vivir un amor más libre y maduro.

La primera lectura nos exhorta a vivir según el plan de Dios; para lograrlo necesitamos de la sabiduría, no como conquista personal sino como don divino. Para entrar en el designio de Dios el creyente estará siempre llamado a despojarse de sus propias seguridades, disponiéndose a la confianza, más allá de toda certeza o cálculo humano. Es a partir de una fe activa y compartida, como vamos aprendiendo a vivir sin preocupaciones o lamentos exagerados, sino a sobrellevar con resiliencia aquello que la vida nos depara.

El realismo con el cual Jesús presenta su seguimiento es a través del medidor de la cruz, como camino de entrega amorosa desinteresada. Esa cruz de la que muchas veces renegamos, que quisiéramos dejar botada o cargársela a otros. Seguirle con radicalidad implica orientar nuestras relaciones afectivas y personales, la posesión de los bienes materiales e incluso nuestra propia libertad, como camino a la madurez en el amor y a la realización del querer de Dios. No significa que para Jesús no tengan valor los vínculos familiares, o la posesión de bienes materiales, se trata, más bien, de no hacer de ellas un obstáculo. Son la oportunidad que tenemos para ejercitar nuestra libertad, abriéndonos al amor verdadero. Nos propone que utilicemos esos dones como medios para llegar a Él. Muchas veces cargar con la cruz se concretará en asumir con valentía las responsabilidades familiares, profesionales, sociales y políticas. El seguimiento de Jesús nos estimula a dar lo mejor de nosotros mismos. 

La vida cristiana requiere una conversión continua. Permanecer en la condición de discípulo/a que con apertura humilde asume el seguimiento de Jesús con libertad. Dios nos conoce mejor que nosotros mismos, aunque nos aferramos a nuestro propio amor, querer o intereses, él no se cansa de esperarnos. En nuestras comunidades cristianas siempre nos encontramos con personas de las que Dios se vale para alentarnos en la entrega. Necesitamos crecer en la comunión, desde la experiencia profunda de sentirnos amados, nos podemos dar con mayor generosidad a los demás. 

Estar dispuestos a cargar con la cruz de Jesús, significa en definitiva estar dispuestos a dar nuestra propia vida por el Evangelio. Sigamos el ejemplo valiente de San Pablo y de tantas personas que nos han precedido en la fe.

“El que lo pide todo también lo da todo, y no quiere entrar en nosotros para mutilar o debilitar sino para plenificar” (GE 175).


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