21 de Septiembre del 2025


XXV DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO 

San Mateo (s. I)

 

Amós 8:4-7: Compras por dinero al indefenso

Salmo 113: «Alaben al Señor que ensalza al pobre»

1 Timoteo 2,1-8: Pidan a Dios por todos

Lucas 16:1-13: No se puede servir a Dios y al dinero

 

Jesús les decía a los a los discípulos: 

1 Un hombre rico tenía un administrador. Le llegaron quejas de que estaba derrochando sus bienes. 

2 Lo llamó y le dijo: ¿Qué es lo que me han contado de ti? Dame cuentas de tu administración, porque ya no podrás seguir en tu puesto. 

3 El administrador pensó: ¿Qué voy a hacer ahora que el dueño me quita mi puesto? Para cavar no tengo fuerzas, pedir limosna me da vergüenza. 

4 Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me despidan, alguno me reciba en su casa. 

5 Fue llamando uno por uno a los deudores de su señor y dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi señor? 

6 Contestó: Cien barriles de aceite. Le dijo: Toma el recibo, siéntate enseguida y escribe cincuenta. 

7 Al segundo le dijo: Y tú, ¿cuánto debes? Contestó: Cuatrocientos quintales de trigo. Le dice: Toma tu recibo y escribe trescientos. 

8 El dueño alabó al administrador deshonesto por la astucia con que había actuado. Porque los hijos de este mundo son más astutos con sus semejantes que los hijos de la luz. 

9 Y yo les digo que con el dinero sucio se ganen amigos, de modo que, cuando se acabe, ellos los reciban en la morada eterna. 

10 El que es fiel en lo poco, es fiel en lo mucho; el que es deshonesto en lo poco, es deshonesto en lo mucho. 

11 Si con el dinero sucio no han sido de confianza, ¿quién les confiará el legítimo? 

12 Si con lo ajeno no han sido de confianza, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes? 

13 Un empleado no puede estar al servicio de dos señores: porque odiará a uno y amará al otro o apreciará a uno y despreciará al otro. No pueden estar al servicio de Dios y del dinero.

 

Comentario 

¿Hay alguna persona cerca de usted que come deshechos? ¿Conoce usted a alguien que no tiene zapatos? El lacerante panorama de la sociedad israelita del siglo VIII antes de Cristo, desnudada por el profeta Amós, nos denuncia hoy. El afán de enriquecerse se ha multiplicado en todas las latitudes del planeta, estimulado por el comercio globalizado que va produciendo “nuevas pobrezas” (Fratelli Tutti, 21), asfixiando a los más indefensos. 

 

El pueblo de la Biblia buscaba configurarse bajo las leyes de la alianza con Dios. Sólo que “del dicho al hecho, hay mucho trecho”. El profeta denuncia que los poderosos comerciantes están ansiosos de que pasen ya los días que les impiden lucrar con los bienes y las personas. Peor aún, el comercio ocurría en el perímetro sagrado de los santuarios, bajo la supervisión de los encargados del culto, garantizando una supuesta legalidad, cobijada por la divinidad patronal. En aquellas sociedades lo civil y religioso van juntos. Pero el Dios de Jacob no se acopla con ese malvado proceder, dice el profeta; el sistema está pervertido porque la ganancia lo ha corrompido todo. ¿Sabe de alguien que lucra con la necesidad de los pobres, engañando o abusando la ley?

 

La lectura bíblica, sin embargo, nota que hay un dique, aunque frágil, que frena la voracidad de los poderosos, un respiro a la vida: los días sagrados. En ellos, cesa el quehacer diario para restablecer el horizonte de la vida común. El individuo reposa para regenerar su vida ante Dios, el Dios de la vida justa y digna para todo el pueblo. Cierto, lo sacro es una reserva frágil, “pasa”, e incluso puede pervertirse si concierta con los poderosos y silencia las voces que delatan la “asfixia” de los pobres. Por ello es indispensable construir espacios extendidos de sacralidad donde florezcan la vida y la dignidad de los pobres. ¿Qué espacios de vitalidad humana existen alrededor nuestro? 

 

Con la parábola, Jesús apremia a sus discípulos, nosotros, a tomar decisiones inteligentes e intrépidas según la situación lo requiera. La parábola no alaba el fraude, sino la audacia de “hacerse amigos” que garanticen un futuro al caído en desgracia. Lo mismo buscan los migrantes que desde nuestros países empobrecidos, caminan hacia un norte que prometa esperanza. Lejos de criminalizarlos, hagamos nuestra su causa y su osada valentía. Involucrémonos en los procesos políticos y económicos que reconfiguren las leyes e instituciones locales, de manera que dejen de expulsar a los más empobrecidos y marginados. ¿A qué te invita la Escritura a partir de esta realidad injusta?

“Advertimos que al mismo tiempo nos convertimos en seres altamente peligrosos, capaces de poner en riesgo la vida de muchos seres y nuestra propia supervivencia” (LD 28).

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20 de Septiembre del 2025


24a Semana Ordinario

San Kim Taegon, Pablo Chong y comp, (1846)

San Gaetano Catanoso (1963)

 

 

1Tim 6,13-16: «Guarda el Mandamiento sin mancha hasta la venida del Señor»

Sal 100: «Entren en la presencia del Señor con vítores»

Lc 8,4-15: Algunas semillas dieron fruto abundante

 

4 Se reunió una gran multitud y se añadían los que iban acudiendo de una ciudad tras otra. Entonces Jesús les propuso una parábola: 

5 Salió el sembrador a sembrar la semilla. Al sembrar, unos granos cayeron junto al camino, los pisaron y los pájaros se los comieron. 

6 Otros cayeron sobre piedras; brotaron y se secaron por falta de humedad. 

7 Otros cayeron entre espinas, y al crecer las espinas con ellos, los ahogaron. 

8 Otros cayeron en tierra fértil y dieron fruto al ciento por uno. Dicho esto, exclamó: Quien tenga oídos que escuche. 

9 Los discípulos le preguntaron el sentido de la parábola, 

10 y él les respondió: A ustedes se les concede conocer los secretos del reino de Dios; pero a los demás se les habla en parábolas: Para que, viendo, no vean, y escuchando, no comprendan. 

11 El sentido de la parábola es el siguiente: La semilla es la palabra de Dios. 

12 Lo que cayó junto al camino son los que escuchan; pero enseguida viene el Diablo y les arranca del corazón la palabra, para que no crean y se salven. 

13 Lo que cayó entre piedras son los que, al escuchar, acogen con gozo la palabra, pero no echan raíces; ésos creen por un tiempo, pero al llegar la prueba se echan atrás. 

14 Lo que cayó entre cardos son los que escuchan; pero con las preocupaciones, la riqueza y los placeres de la vida se van ahogando y no maduran. 

15 Lo que cae en tierra fértil son los que escuchan la palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen y dan fruto gracias a su perseverancia.

 

 

Comentario 

En las parábolas siempre encontraremos un elemento sorpresa que busca provocar reacción en los oyentes. Con la de la semilla nos habla de la misión de Jesús; de la centralidad que tiene la siembra de su Palabra en el corazón de los creyentes. Se alude al éxito o fracaso que esta acción pastoral puede tener. Acá, entra en juego la libertad de los destinatarios que pueden aceptar o rechazar su mensaje. Dios siembra con generosidad la semilla de su palabra en el campo de nuestro mundo, no escatima ni discrimina terrenos. Su palabra prodiga amor y misericordia, esperando cosechar verdad y justicia. ¿Qué estamos dejando plantar en el terreno de nuestra vida? Si queremos dar frutos de vida, nos corresponde ser terreno dispuesto a dejarse fecundar por la Palabra. Reconozcamos el peligro que corremos de dejar crecer estilos de vida y mentalidades que, en lugar de abonar, ahogan esa Palabra que Dios nos ofrece. Sigamos el ejemplo del campesino con su siembra y cuidemos que la Palabra eche raíces

“El Espíritu es quien suscita una múltiple y diversa riqueza de dones y al mismo tiempo construye una unidad que nunca es uniformidad sino multiforme armonía que atrae” (EG 117).

19 de Septiembre del 2025


24a Semana Ordinario

San Jenaro (305)

 

1Tim 6,2c-12: «Tú, practica la justicia»

Sal 49: «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos»

Lc 8,1-3: Algunas mujeres acompañaban a Jesús

 

1 En aquel tiempo Jesús fue recorriendo ciudades y pueblos proclamando la Buena Noticia del reino de Dios. Lo acompañaban los Doce 

2 y algunas mujeres que había sanado de espíritus inmundos y de enfermedades: María Magdalena, de la que habían salido siete demonios; 

3 Juana, mujer de Cusa, mayordomo de Herodes; Susana y otras muchas, que los atendían con sus bienes.

 

Comentario 

El relato del evangelio de hoy nos presenta el perfil de Jesús como misionero itinerante. Lo vemos realizando la misión en comunidad, acompañado de hombres y mujeres entusiastas a quienes él ha impactado de manera positiva. Es significativo que el evangelista evidencie la participación de las mujeres, ya que esto era algo escandaloso para la mentalidad judía de entonces. Eran un colectivo sin derecho a participar en la vida pública. Es lamentable que no se valore el aporte de las mujeres en muchos ámbitos de nuestras sociedades. Continuamos siendo testigos de cómo son tratadas con sospecha y desconfianza. Por eso, sorprende la libertad con la que actúa Jesús, rompiendo con aquellos prejuicios estériles, que no permitían vivir en mayor comunión y participación. Ellas sirven, oran, predican y acompañan. Suelen ser más perseverantes, son más fieles. Las contemplamos como protagonistas en el nacimiento de las primeras comunidades cristianas. Apreciemos y agradezcamos el aporte de las mujeres en la Iglesia. Sigamos a Jesús en comunidad y con apertura de corazón.

“Las mujeres constituyen la mayoría de quienes frecuentan la iglesia y, con frecuencia, son las primeras misioneras de la familia” (Papa Francisco).

18 de Septiembre del 2025


24a Semana Ordinario

San José de Cupertino (1663)

Santa María Salvat Romero (1998)

 

1Tim 4,12-16: «Cuídate tú y cuida la enseñanza»

Sal 111: «Grandes son las obras del Señor»

Lc 7,36-50: Sus pecados están perdonados

 

En aquel tiempo, un fariseo lo invitó a comer. 

36 Jesús entró en casa del fariseo y se sentó a la mesa. 

37 En esto, una mujer, pecadora pública, enterada de que estaba a la mesa en casa del fariseo, acudió con un frasco de perfume de mirra, 

38 se colocó detrás, a sus pies, y llorando se puso a bañarle los pies en lágrimas y a secárselos con el cabello; le besaba los pies y se los ungía con la mirra. 

39 Al verlo, el fariseo que lo había invitado, pensó: Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer lo está tocando: una pecadora. 

40 Jesús tomó la palabra y le dijo: Simón, tengo algo que decirte. Contestó: Dilo, maestro. 

41 Le dijo: Un acreedor tenía dos deudores: uno le debía quinientas monedas y otro cincuenta. 

42 Como no podían pagar, les perdonó a los dos la deuda. ¿Quién de los dos lo amará más?

43 Contestó Simón: Supongo que aquél a quien más le perdonó. Le replicó: Has juzgado correctamente. 

44 Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me diste agua para lavarme los pies; ella me los ha bañado en lágrimas y los ha secado con su cabello. 

45 Tú no me diste el beso de saludo; desde que entré, ella no ha cesado de besarme los pies. 

46 Tú no me ungiste la cabeza con perfume; ella me ha ungido los pies con mirra. 

47 Por eso te digo que se le han perdonado numerosos pecados, por el mucho amor que demostró. Pero al que se le perdona poco, poco amor demuestra. 

48 Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados. 

49 Los invitados empezaron a decirse entre sí: ¿Quién es éste que hasta perdona pecados? 

50 Él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado. Vete en paz.

Comentario 

La integridad de Jesús es puesta en duda por dejarse tocar por una mujer tachada de pecadora. Cuántas veces también nosotros somos como el fariseo, ante las limitaciones y los errores de los demás, lo primero que hacemos es lanzar un juicio o un comentario negativo sobre los demás. Jesús, con su trato humano y compasivo, nos enseña que solo el amor es capaz de abrazar la verdad de las personas sin condenarlas. La desmesura del gesto de esta mujer brota de un corazón agradecido, al sentirse amada y perdonada por el Señor. En clave de misericordia recibimos la lección de nuestras vidas, porque no por asistir a ritos o cultos religiosos es como recibimos el perdón, sino comunicándolo a quienes lo necesitan. En este caso, para el evangelista, todo renace a partir de le experiencia de saberse amado-perdonado. Es una desafiante imagen para nuestras comunidades cuando con actitud farisea miran con menosprecio a personas diferentes o a colectivos a quienes la sociedad margina. Vivamos la desmesura del amor que brota del perdón.

“El Evangelio de la misericordia indica caminos de respuesta que se fundan en la fe, la esperanza y la caridad” (Papa Francisco).

17 de Septiembre del 2025


24a Semana Ordinario

San Roberto Belarmino (1621)

San Hildegarda de Bingen (1179)

 

1Tim 3,14-16: Grande es el misterio que veneramos

Sal 111: «Admirables son las obras del Señor»

Lc 7,31-35: «¿Con quién compararé a esta generación?»

 

¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A qué se parecen? Son como niños sentados en la plaza, que se dicen entre ellos: Hemos tocado la flauta y no bailaron, hemos entonado cantos fúnebres y no lloraron. Vino Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y dicen: Está endemoniado. Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: Miren qué comilón y bebedor, amigo de recaudadores de impuestos y pecadores. Pero la Sabiduría ha sido reconocida por sus discípulos.

 

Comentario 

En el evangelio que leemos hoy Jesús denuncia a sus contemporáneos que no han sabido reconocer los planes de Dios. Ni en la figura de Juan el Bautista, austero y penitente, ni en el mismo Jesús a quien acusan de «comilón y bebedor». A Jesús le indigna esta actitud de quienes se cierran y no son capaces de reconocer lo que hay de bueno, auténtico y verdadero en la vida. En medio de dinámicas humanas marcadas por la indiferencia y el egoísmo, nosotros también nos volvemos insensibles al dolor y sufrimiento de los demás. Si no reconocemos el milagro que representa vivir, nos volveremos poco agradecidos y le abriremos paso a la arrogancia. Jesús advierte a las comunidades discipulares a cuidar el corazón, para que este no pierda la nobleza, la alegría y la esperanza. Necesitamos superar nuestros propios prejuicios y esquemas mentales cerrados, porque nos impedirán disfrutar del paso de Dios en nuestra existencia. ¿Soy capaz de sensibilizarme ante el dolor y el sufrimiento? Cultiva la alegría y la gratitud.

“Más que en tiempos pasados, hoy el Evangelio de la misericordia interpela las conciencias” (Papa Francisco).


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