5º de Pascua
Santos Felipe y Santiago, apóstoles (s. I)
Exaltación de la Cruz (algunos países)
Hechos 6,1-7: Eligieron a siete hombres llenos de Espíritu
Salmo 33: «Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros»
1 Pedro 2,4-9: «Ustedes son una raza elegida, un sacerdocio real»
Juan 14,1-12: «Yo soy el camino, la verdad, y la vida»
No se inquieten. Crean en Dios y crean en mí.
2 En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho, porque voy a prepararles un lugar.
3 Cuando haya ido y les tenga preparado un lugar, volveré para llevarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes.
4 Ya conocen el camino para ir a donde yo voy.
5 Le dice Tomás: Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos conocer el camino?
6 Le dice Jesús: Yo soy el camino, la verdad y la vida: nadie va al Padre si no es por mí.
7 Si me conocieran a mí, conocerían también al Padre. En realidad, ya lo conocen y lo han visto.
8 Le dice Felipe: Señor, enséñanos al Padre y nos basta.
9 Le responde Jesús: Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes ¿y todavía no me conocen? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre: ¿cómo pides que te enseñe al Padre?
10 ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que yo les digo no las digo por mi cuenta; el Padre que está en mí es el que hace las obras.
11 Créanme que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí; si no, créanlo por las mismas obras.
12 Les aseguro: quien cree en mí hará las obras que yo hago, e incluso otras mayores, porque yo voy al Padre.
Comentario
La elección de los primeros diáconos nos reta, como Iglesia, a ser más inclusivos en los ministerios. Los apóstoles, al ver la necesidad de servir mejor a la comunidad, delegaron responsabilidades, reconociendo la diversidad de dones entre sus miembros. Este pasaje nos plantea una pregunta clave para hoy: ¿cómo avanzar hacia una mayor inclusión ministerial, respetando la tradición y, a la vez, respondiendo a los signos de los tiempos? El rol de las mujeres en los ministerios, la participación de los laicos y la renovación de los mismos son temas ineludibles para ser fieles a nuestra misión, siempre guiados por el Espíritu Santo y en continuidad con el Concilio Vaticano II.
Pedro nos recuerda que formar parte de una comunidad espiritual es una misión que trasciende cualquier tipo de autorreferencialidad o espiritualismo. Somos llamados a ser un “pueblo elegido”, no por exclusividad, sino por una responsabilidad compartida. Este llamado, recibido en el bautismo, nos invita a ser sacerdotes, profetas y reyes, participando activamente en la construcción de una comunidad que acoge a todos. La elección divina no nos eleva por encima de los demás, sino que nos otorga la tarea de servir con amor y compromiso, buscando siempre el bien común y promoviendo la inclusión en todas sus formas. Pertenecer a este proyecto no es un privilegio, sino una invitación a caminar juntos, reconociendo que todos somos parte del plan de Dios.
Jesús se presenta como el camino, la verdad y la vida. Al decir “yo soy el camino”, nos invita a seguir su ejemplo de amor y servicio desinteresado, un sendero que nos lleva a una vida plena en comunidad. Al identificarse como “la verdad”, nos desafía a abrazar su amor comprometido como una verdad que confronta las mentiras de la posverdad, promoviendo una visión clara y honesta del ser humano y del mundo. Al ser “la vida”, nos ofrece una opción que da sentido a cualquier existencia que quiera asumir sus mismas causas. Vivamos sus enseñanzas en nuestro día a día, con compasión y responsabilidad. Más que una fe teórica, Jesús nos llama a encarnar su amor en cada acción y decisión.
¿Cómo reflejamos a Jesús en nuestra vida cotidiana? ¿Es nuestra Iglesia un espacio de creatividad ministerial?
Pensamiento del día.
“En Jesús encontramos un amigo fiel que nos acompaña. Al seguir su ejemplo, descubrimos el verdadero sentido de la vida y la alegría de compartirla con los demás” (Joven del Colegio Claretiano de Trujillo, Perú).