4ª Semana de Pascua
San José, Obrero (s. I)
Gén 1,26−2,3: «Hagamos al hombre»
Sal 89: «Señor, consolida las obras de tus manos»
Mt 13,54-58: «¿No es éste el hijo del carpintero?»
Jesús se dirigió a su ciudad y se puso a enseñarles en su sinagoga. Ellos preguntaban asombrados: ¿De dónde saca éste su saber y sus milagros?
55 ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?
56 Sus hermanas, ¿no viven entre nosotros? ¿De dónde saca todo eso?
57 Y esto era para ellos un obstáculo. Jesús les dijo: A un profeta solo lo desprecian en su patria y en su casa.
58 Y por su incredulidad, no hizo allí muchos milagros.
Comentario
En la fiesta de San José Obrero, el evangelio nos presenta al hijo del carpintero enfrentando la incredulidad y el rechazo en su propia tierra. Este relato puede resonar con muchos jóvenes que, al igual que Jesús, se ven atrapados entre las exigencias del trabajo y el deseo de vivir su fe. En un mundo donde el tiempo es limitado, muchos hacen grandes esfuerzos por equilibrar sus responsabilidades laborales con su compromiso cristiano. Jesús nos enseña que el trabajo no es un obstáculo para la fe, sino un espacio donde podemos vivir nuestra vocación. Aunque a veces el mundo no reconozca el valor de nuestra fe o dedicación, como le pasó a Jesús en su propia tierra, estamos llamados a perseverar. Integrar nuestra fe en el trabajo no es fácil, pero sí posible. ¿Podemos transformar cada jornada laboral en una oportunidad para fortalecer nuestra relación con Dios y testimoniar su amor con creatividad y tenacidad?
Pensamiento del día.
“A veces, lo extraordinario se esconde en lo ordinario” (Joven del Colegio Claretiano de Trujillo, Perú).