Nuestro Editorial

Los discípulos estaban encerrados con llave por miedo a los judíos. Pero no hay cerrojos suficientemente fuertes que puedan impedir a Jesús resucitado entrar a su comunidad para darle ánimos, infundirles el Espíritu Santo y enviarlos nuevamente a la misión. El papa Francisco nos invita a “No tener miedo a las sorpresas del Espíritu Santo. Muchos no entendían que el Señor había venido a salvar a todos los pueblos. No entendían que Dios es el Dios de las novedades: Que el Espíritu Santo vino para renovarnos continuamente. Esto causa un poco de miedo. En la historia de la Iglesia podemos ver cuánto miedo hemos vivido a las sorpresas del Espíritu Santo”.

Cerrarnos a las novedades del Espíritu es encerrarnos en el pasado, caer en la rutina, perder la novedad del Evangelio que nos desafía a hacer presente el Reino de Dios en épocas diferentes. El miedo nos cierra a las oportunidades que abre el Espíritu en la Historia. Nos cierra a la esperanza. Jesús Resucitado rompe los cerrojos del miedo y se coloca en el centro de la comunidad. Un cristiano, una cristiana, que tiene a Jesús como centro de su vida, es alguien que se abre a las sorpresas de Dios, hace del evangelio su guía y referencia permanente y tiene el Reino de Dios como meta. El Espíritu Santo es el que nos transforma. No nos quita nuestras limitaciones, ni la posibilidad de equivocarnos ni nos libera del sufrimiento. Sería quitarnos nuestra capacidad de ser humanos. Pero en los dolores, equivocaciones, nuestras limitaciones, contaremos con su presencia permanente, su apoyo, su perdón, su alegría.

Dios nos creó libres, con autonomía, nos conoce y sabe de nuestras fragilidades. Nada de lo humano lo sorprende. Nada queda demasiado lejos de su comprensión y misericordia. Esa seguridad es la que nos ofrece Jesús Resucitado cuando otorga a su comunidad el poder de perdonar siempre. Y aun así, Dios en su misericordia sin límites, se reserva el poder perdonar también a través de canales que no conocemos, porque el Espíritu sigue soplando donde quiere. El Padre y el Espíritu enviaron a Jesús. Ahora, el Padre y Jesús Resucitado nos envían el Espíritu Santo.

Recemos guiados por el Papa Francisco: ‘Señor, dános el Espíritu Santo para que podamos discernir en todo momento lo que tenemos que hacer. Dános la valentía apostólica de llevar siempre vida nueva y no hacer de nuestra vida cristiana un museo de recuerdos”. Amén.

Alejandro Quezada, cmf

Diario Bíblico