Nuestro Editorial





En Dios vivimos, nos movemos y existimos
(Hch 17, 28)
¡Jesús ha resucitado! ¡Aleluya!

Este es el gran anuncio en la historia, de toda la humanidad.

Pascua es el paso de la muerte a la vida. La vida de Jesucristo humaniza al ser humano. Esta humanización invita a la comunión con toda la creación, con todas las formas de vida, porque "toda la creación gime y sufre dolores de parto en el presente. Y no sólo ella, también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente suspirando por la redención de nuestro cuerpo" (Romanos 8:22-23).

Cada persona es un ser en el mundo y también un ser con el mundo. Esto significa que el ser humano es un ser multi-dimensional y multi-relacional, llamado a vivir la alteridad, identificada con Dios que se ha revelado en el rostro humano de Jesús, Dios con nosotros. Ese ser multi-dimensional y multi-relacional actúa y se construye historicamente, se basa en el tiempo y en el espacio y llega a todas las estructuras que conforman la existencia: social, familiar, cultural, económica, política y ecológica. La vocación del ser humano es una vocación histórica.

Pascua es pasaje. Es hacer posible que suceda la transformación de las realidades que hacen daño a la vida. Hacer que suceda la justicia, la alimentación sana y suficiente para todos, la salud, la educación, la vivienda, la tierra para la siembra y la cosecha, el cuidado del agua, el aire. La niñez que juega feliz, jóvenes encantados con la vida, adultos y ancianos satisfechos y realizados ¡no hay muerte prematura!. El desafio de esta Pascua es la vida plena y digna de todos y todas. Hacer la transición de una vida sin amor a una vida preñada de él. Dios es amor (1 Jn 4,8). Pascua no es sólo un momento pasajero, es todo el tiempo que hacemos posible suceda el amor: en todas las relaciones y las realidades. Pascua sucede donde el amor está presente.

El ser humano existe al amor; es su condición existencial. Seamos, agentes de Pascua, gritemos y cantemos esperanza y que esa sea nuestra causa. La vida ha resucitado. Somos un pueblo de esperanza revestido de Pascua porque el misterio de la vida se hace presente en Jesús y es así, como se hace parte de nuestra propia historia. Comprometidas y comprometidos con Jesús, estamos llamados a hacer que la vida suceda siempre. Solo así, la Pascua se llena de sentido teológico-existencial-histórico y nos hace decir y actuar: Otro mundo es posible.

Que el Espíritu del Resucitado habite en nosotros para llenarnos de su amor.

Diario Bíblico