Nuestro Editorial

Pascua



Tiempo de Pascua

Los próximos cincuenta días, como Comunidad Cristiana, celebraremos el Tiempo de Pascua, que da sentido y plenitud a nuestro caminar de fe. El acontecimiento de la Resurrección experimentado por los seguidores de Jesús fue de tal importancia, que nos podríamos preguntar ¿Qué vivieron los discípulos para cambiar sus vidas de forma tan radical?

Los textos bíblicos de Pascua nos invitan a realizar un caminar junto a la vivencia y experiencia de las Primeras Comunidades, empezando por María Magdalena como la primera en ser testigo del sepulcro vacío (Jn 20,19), para continuar con los Discípulos encerrados por miedo a los judíos. Allí, reunidos y escondidos, Jesús se les manifiesta para anunciarles la paz (Jn 20,19-31). Él camina con los discípulos de Emaús que lo reconocen en la fracción del pan después de haberle escuchado todo lo referente al Mesías (Lc 24,13-35). Ellos reconocen a Jesús como la puerta de entrada (Jn 10,1-10), como camino, verdad y vida (Jn 14,1-12) acompañados por el espíritu que anima su fe (Jn 14,15-21).

La experiencia de Pascua, el paso de la muerte a la vida y del miedo a la confianza plena, cambió la vida de los discípulos y seguidores de Jesús. Este cambio tuvo tal fuerza que, de hombres y mujeres anónimos, los hizo proclamadores de una nueva vida, una vida querida por Dios, un proyecto de sociedad y vida diferente. Vivir el proyecto de Dios, en tiempo pascual, es una invitación para estar atentos a los latidos de vida que, en nuestro continente, están más amenazados. Hoy, los signos de muerte tienen rostros de empobrecidos, producto de sistemas económicos injustos y perversos, movilidad humana de tantos que en sus propios países no encuentran lo mínimo para vivir dignamente. Hoy, en nuestro continente, los empobrecidos no tienen acceso a sistemas de salud o educación que les permita superar sus condiciones de exclusión y simplemente son invisibilizados porque se han ido convirtiendo en un estorbo para el modelo económico.

Nuestra experiencia del Resucitado debería provocar en cada uno de nosotros lo mismo que pasó con los primeros discípulos, un cambio radical de vivir nuestras vidas. De pasar de la inmovilidad a la movilidad, al cuidado de los excluidos y desechados de la sociedad, de la insolidaridad a la compasión hasta sentir con el otro su dolor y su postergación, del descuido al cuidado de la casa común y vivir la plenitud del espíritu que nos hace gritar “Padre”

La Pascua no puede ser sólo un acontecimiento litúrgico sino un motor profundamente dinamizador y movilizador de la paz, la solidaridad, la compasión y la justicia. Sólo así daremos testimonio real y creíble del Resucitado, diciendo como las mujeres testigos de la resurrección:
“Es verdad; ha resucitado”

Diario Bíblico