Nuestro Editorial

Evangelio de Lucas



El Evangelio de Lucas

El Evangelio de Lucas es una gran obra que ha sido dividida en dos: el Evangelio, el ministerio de Jesús y, los Hechos de los Apóstoles, los acontecimientos de las primeras comunidades. Surge, probablemente, en la década de los 80. El autor conoce el Evangelio de Marcos y lo utiliza, aunque tiene aportes propios y matices particulares.

Lucas resalta el papel de la mujer y la muestra participando en la Comunidad, con un rol protagónico. Jesús es presentado como el profeta de los pobres, tiene cercanía y misericordia con ellos. El texto nos ubica en una segunda generación de cristianos, minoría en medio de una mayoría pagana, de zona urbana. La población es diversa y universal. Las comunidades hacían esfuerzos por adaptar su experiencia cristiana, nacida en un ambiente rural, Palestina, a un ambiente urbano. Jerusalén es el centro geográfico y teológico del Evangelio, el cual se va extendiendo gradualmente, llegando a Roma, capital de Imperio. Este Evangelio presenta relatos de la infancia de Jesús y nos va guiando para reconocerlo como Salvador (Lc 1,47). Describe la historia de salvación en tres momentos: el tiempo de Israel, el de Jesús y de las primeras comunidades. Tiene la intención de reconstruir el “movimiento” de Jesús después de la resurrección y el proceso vivido por las Comunidades.

Lucas recuerda a su comunidad que la práctica de la comunión del pan venía de Jesús mismo. Las Comunidades fueron comprendiendo que el seguimiento de Jesús generaba una nueva forma de relacionarse, distinta a la del parentesco o de la búsqueda de honor. La fe es base de la nueva familia cristiana, expresada en la fraternidad y comunión de bienes, superando las desigualdades, signo concreto de la justicia del Reino. Por esta razón, las Comunidades Cristianas, hacen todo lo posible por vivir fraternalmente con acciones concretas como la comunión de bienes y la celebración litúrgica en familia, además de poner al servicio de los demás, los dones y carismas. La alegría es un rasgo característico de Lucas, producido por la acción del Espíritu.

Lucas escribe anunciando la gran experiencia transformadora de Jesús en las vidas de los discípulos y en las primeras comunidades y cómo han llegado a ser testigos del amor de Dios por su pueblo en tiempos difíciles. Hoy también nos corresponde el ser testigos de la Palabra de Dios, testigos de su amor y misericordia en estos tiempos de confusión y conflictos, necesitamos sentirnos protegidos por el Dios de la ternura y así poder comunicarlo a los demás, para poder caminar en nuestras comunidades cristianas, escuchando la voz, anunciarla, vivirla en nuestra cotidianidad y convertirnos mediante nuestra forma de vida en verdaderos seguidores de Jesús.

El Señor de la misericordia sale a nuestro encuentro en la vida misma. Está en el rostro de los pobres y necesitados. Estamos llamados a ser humildes y la humildad consiste en contemplarnos tal como somos y a contemplar a los demás tal como son. Debemos ser realistas ante la vida, tener los pies en el suelo y comprometernos con los más débiles. La misericordia es una realidad. La Palabra de Dios nos pone en el auténtico camino de la vida cristiana, que no es otro que estar con los más pobres y débiles de la sociedad, sin ningún tipo de exclusión. El evangelio valida la propuesta de Jesús en medio de un mundo fragmentado por situaciones sociales, económicas, políticas y religiosas.

A Lucas le interesa responder a dos cuestiones
¿Quién es Jesús? y ¿Qué significa ser discípulo de Jesús?
Preguntas vigentes y que no podemos contestar sólo con el cerebro, sino con el corazón y la vida.

Diario Bíblico