Nuestro Editorial





Los profetas en el Primer Testamento hacen un llamado fuerte y radical
Sofonías dice: “alégrate y gózate de todo corazón” (3, 14);
Baruc resalta diciendo “despójate de tu vestido de luto y aflicción
y vístete las galas perpetuas” (5, 1); y Jeremías completa
esta invitación con la plenitud de la justicia
“que hará justicia y derecho en la tierra” (33,15)

El tiempo de Adviento está preñado del llamado al gozo, a la alegría lejos del dolor y la oscuridad y sobre todo a vivir la plenitud de la justicia para todos como querer de Dios. Este tiempo que vivimos en la espera del Emmanuel, es un llamado al cambio, al que muchas veces tenemos temor, porque exige vivir en el optimismo no acostumbrado, a la búsqueda de Dios que interactúa en el mundo y quiere, sobre todo, que las cosas cambien, que la vida sea más digna y feliz para todos.

El Adviento es tiempo de “despertar”, despertar la fe, buscar a Dios en la Vida y desde la Vida. Es como el llamado que Juan Bautista hace en el desierto, lugar del encuentro intimo con el Emanuel, “voz del que clama en el desierto: preparen el camino del Señor; enderecen sus caminos” (Lc 3,4). La pregunta que nos ha de surgir espontáneamente es: ¿Qué hemos de hacer? Es el mismo Juan Bautista que nos contesta “Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.” (Lc 3,11). Todo esto puede tener diferentes rostros y acciones concretas, y fortalecer la esperanza transformada en una dinámica de vida.

El adviento es un tiempo “portador de alegría” y serlo significa volver a nuestro origen, a lo que primero nos da vida; es un volver “al amor primero”, vivir “despiertos”. Muchas veces leeremos en los evangelios este llamado a estar atentos, despiertos, vigilantes, etc.

Vivir de esta manera significa pensar de forma consciente sin dejarnos llevar por las luces que sólo encandilan y deslumbran.

Es vivir con profunda pasión la aventura de cada día, involucrándonos con el caminar del otro con gestos pequeños, sinceros y verdaderos, porque estos son los que alientan la esperanza y nos hacen la vida amable y vivible.

Vivir de esta manera significa pensar de forma consciente sin dejarnos llevar por las luces que sólo encandilan y deslumbran.

Diario Bíblico